La afilada punta del cálamo

Habemus consenso La historia dirá si la síntesis ha sabido recoger todos los elementos importantes de cada perspectiva política. No será porque no se haya dicho... que ha sido un congreso con un trabajo previo intenso y un gran acuerdo en las grandes líneas de trabajo.

José María Alfaya 22/12/2017

Durante los días 1 y 2 de diciembre, el Partido Comunista de España ha celebrado un Congreso, el número veinte, que, para Mauricio Valiente y algunos otros que lo han declarado explícitamente, es motivo de legítimo orgullo de supervivencia.

En efecto: Algunos podían pensar que las diferencias entre el carrillismo (¿residual?, ¿pertinaz? ¿Cuestionado por la base y no tanto por la altura? (¿o al revés?) y lo que podría ser una vuelta al marxismo leninismo se iban a escenificar con una mascletá valenciana en medio de una romería andaluza. O sea, un espectáculo de masa hooligan y debates de patricios encaramados vehementemente a la tribuna. Por otro lado, demasiados fabricantes de opinión han querido minimizar la existencia actual del PCE y su posible papel en la política española contemporánea. Y, en medio de esta escenificación, la fórmula magistral de una ruptura democrática con el régimen actual (débilmente democrático, no porque no fuera conveniente en su momento sino porque no ha podido ser mejor con el paso del tiempo) y con los diseños (nada democráticos) impuestos por el neoliberalismo. Todo eso a través de una alternativa republicana, ecológica, feminista, anticapitalista... y socialista.

Ha sido un congreso que transparentó desde el primer momento y aún antes (ya había periodistas que apostaban por el final que finalmente se produjo) la evidencia de un acuerdo previo al desarrollo de los días de la reunión en Madrid. Un congreso de síntesis, palabra que llama la atención cuando se trata de encontrar el punto de equilibrio entre renovaciones que implican una vuelta coherente y dificultosa al marxismo-leninismo (más que nada por la falta de práctica) y la pervivencia de un estilo de trabajo que se fraguó en los años 80.

La historia dirá si la síntesis ha sabido recoger todos los elementos importantes de cada perspectiva política. No será porque no se haya dicho por activa y por pasiva: que ha sido un congreso con un trabajo previo intenso y un gran acuerdo en las grandes líneas de trabajo. “Se nota cuando hay consenso”, declaraba Mauricio Valiente y añadía: “No hay posiciones irreconciliables”: Hay matices (y qué matices) y, en algunos puntos opiniones contrarias que se han zanjado con la priorización de lo esencial y el voto.

Parece que “estamos en un momento crucial para que los partidos comunistas se inserten como fuerza decisiva en la construcción de las alternativas en los distintos países de Europa”, decía Valiente. “Nos sirve para llevar a cabo una definición cada vez mayor de nuestra ideología y para sentirnos más cómodos con los partidos comunistas de nuestro entorno. Somos herederos del marxismo y el leninismo” –remachaba Enrique de Santiago algo más tarde-.

Y se iban cumpliendo todos los rituales al uso: entre ellos el de recibir los saludos de países y organizaciones amigas, solidarias, y aplaudir las causas de los demás, que hacemos nuestras… y para el optimismo. Son unos días para estar orgullosos del partido que estamos construyendo, se oye decir. Evidentemente, para unos condenados a desaparecer como restos desechables de un pasado la noticia de que volvemos a ser marxistas-leninistas es como renacer en un mundo en el que la lucha social pasa por una reformulación del espacio alternativo. El Partido, dicen, (y añado “Comunista de España”) tiene que hacer un gran esfuerzo para seguir trabajando en la línea imprescindible de construir con otros el instrumento político para el cambio.

Y que conste, nos dicen, que el debate no puede quedarse en lo teórico. Los congresos sirven, como éste, para establecer las grandes líneas…luego –como señalaba el Presidente de la Mesa, Mauricio Valiente- “están los debates del día a día con la mayoría social trabajadora” (anotemos el concepto), “con la que las ideas pueden hacerse realidad”.

Pues veremos las ideas y las realidades. De momento, saludemos las ilusiones. Y la existencia.

Publicado en el Nº 312 de la edición impresa de Mundo Obrero diciembre 2017

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