Violencia de género y feminismo de clase Las feministas de clase somos la únicas que planteamos una visión completa de todo el sistema, relacionando en todo momento patriarcado con capitalismo.

Unión de Juventudes Comunistas de España 02/01/2018

La violencia de género es cualquier acto violento o agresión, basado en una situación de desigualdad entre mujeres y hombres generada por el sistema patriarcal. En ocasiones se reduce esta definición y se entiende la violencia de género únicamente como el maltrato físico, siendo este su expresión más dolorosa. Esta idea es la que nos transmiten los medios de comunicación y la comúnmente aceptada, no obstante la violencia de género es mucho más amplia y atraviesa todo nuestro sistema social.

Es a la vez causa y consecuencia del sistema patriarcal. Es causa porque es el patriarcado el que a través de la división sexual del trabajo genera la desigualdad necesaria para posibilitar todas las situaciones calificadas como violencia. También es consecuencia porque a través de la violencia de género se perpetúa la desigualdad entre mujeres y hombres. Para aclarar esto podemos situar la violencia de género en la superestructura, de hecho está muy presente en el imaginario colectivo de múltiples formas. Incluso en nuestro país hasta hace no mucho no era difícil encontrar en la televisión situaciones en las cuales se hiciese apología de la misma. En la estructura situamos la división sexual del trabajo, que implica unas determinadas relaciones de producción entre mujeres y hombres. A través de ella se dividen y jerarquizan las tareas situando a los hombres en el ámbito productivo y a las mujeres en el reproductivo, siendo el primero mejor valorado.

Un ejemplo evidente de la relación propuesta en el párrafo anterior lo tenemos en nuestro país. La irrupción de la crisis del sistema de producción capitalista ha colaborado en un retroceso en cuanto a igualdad de género y una mayor presencia de la violencia de género. Las mujeres somos una fuente interesante de plusvalía para el sistema ya que la generamos sin recibir salario a cambio, por eso forzar que las mujeres volvamos a desarrollar todo el trabajo reproductivo y de cuidados sin remuneración alguna es una forma de recuperar la tasa de ganancia. Para conseguir esa situación en la cual las mujeres obreras trabajemos gratuitamente, y tras los recortes en los servicios públicos y la bajada de los salarios a muchas no las queda más remedio, es necesario reactivar el discurso de la domesticidad. Este es mucho más efectivo si se acompaña de otras estrategias más agresivas, papel que cumple la violencia de género.

Por tanto cualquier estrategia que pretende erradicar la violencia de género ha de tener una perspectiva integral o mejor dicho radical de todo el entramado. La mayor parte de las políticas y apuestas en este sentido separan la violencia de la división sexual del trabajo, trabajan solo en la superestructura y aunque necesarias no son suficientes. Es aquí donde las feministas de clase tenemos que poner sobre la mesa nuestra postura pues es la única que plantea una visión completa de todo el sistema, relacionando en todo momento patriarcado con capitalismo. Para el feminismo de clase la violencia es solo la punta del iceberg de un sistema de opresión que va mucho más allá y que atraviesa todas nuestras vidas. La única forma de erradicarla es erradicar la división sexual del trabajo, pero la estrategia tiene que ser atacar a las dos de forma paralela. Es decir, no se puede actuar solo sobre la estructura, o sobre la superestructura, y esperar que la acción sobre una repercuta en la otra como si aplicase el efecto dominó. Su relación es dialéctica y nuestra estrategia ha de contemplarla así.

Afortunadamente cada vez son más las voces que reclaman una superación de la división sexual del trabajo y cada vez más cuestiones como la socialización de los cuidados o el cuestionamiento de los géneros son visibilizados e introducidos en la agenda del movimiento feminista. Este año además avanzamos hacia una huelga de mujeres utilizando una herramienta de lucha de nuestra clase que evidencie la invisible desigualdad pero que visibilice la fuerza que el feminismo tiene en nuestro país. Y como ya se ha explicado las luchas no se pueden separar porque están íntimamente relacionadas. Por eso este 25 de Noviembre saldremos a las calles para luchar contra la violencia de género con la vista puesta en el 8 de Marzo día en el que iremos a la huelga para luchar contra la división sexual del trabajo.

Contra sus violencias, huelga feminista.

Publicado en el Nº 311 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2017

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