Andalucía en pieAndalucía, base para construir una República Federal

Carlos Esteban 03/01/2018

El pueblo andaluz conforma casi la quinta parte de la población de todo el Estado y por ello somos conscientes de que no podemos ser simples espectadores de la actual crisis política. Andalucía no puede ser la periferia de un españolismo rancio que sólo saca la bandera para oprimir.

Nuestro pueblo debe participar de este debate con una voz y una propuesta propias, porque Andalucía puede ser la llave que abra la puerta del país que queremos construir en el futuro. La forma en la que se concibe el sentimiento nacional andaluz debe servir de ejemplo como modelo de convivencia entre pueblos, un sentimiento que es integrador y no excluyente, que desde la reivindicación de lo propio no se encierra en sí mismo sino que siempre está mirando hacia fuera.

Nuestra tarea desde Andalucía, como comunistas, es impulsar la construcción de una España plurinacional frente a la “Marca España” que gestionan los dueños del cortijo. Una República Federal como resultado de la suma de identidades nacionales diferentes que “construyen país” desde la reivindicación de su cultura cotidiana y popular.

Un Estado que se construye desde la negociación y el diálogo entre pueblos que se tratan de igual a igual, con la mente puesta en cómo podemos llevar a una vida feliz a nuestra gente de manera colectiva y solidaria. Generar un marco político nuevo concebido sobre una idea diferente de democracia, que conciba al país como una unión de comunidades soberanas para la gestión de los recursos de su territorio para traer bienestar a la gente.

La Andalucía que molesta al capitalismo

Para el capitalismo, cualquier sentimiento de comunidad que no esté mediado por las lógicas de mercado, es un obstáculo en su objetivo de mercantilizar todos los aspectos de la vida humana. Nos quieren separadas, atomizadas, sin identidad colectiva; maleables a sus campañas de marketing, a sus ideologías de “coaching”, emprendimiento y auto-ayuda que sólo sirven para convertirnos en una pieza más en su perversa rueda del producir-consumir; ideologías que reducen a las personas a consumidores, y a los países a marcas que vender a inversores en un mercado global.

Por el contrario, Andalucía busca la felicidad en la gente, en el trato cotidiano con sus vecinas y vecinos. Aquí el lenguaje no es solo una forma de comunicarnos, sino un arte; la conversación no es vista como un medio para transmitir un mensaje necesario, sino como un espacio para construir una felicidad colectiva.
Hoy nuestra cultura popular es una de las últimas trincheras de la cordura frente a la locura que supone el totalitarismo del sistema capitalista, que pretende que gestionemos cada aspecto de nuestras vidas en términos de rentabilidad y beneficios.

Se trata en definitiva de reivindicar esa Andalucía que dice: Esto es el capitalismo, pero la vida es otra cosa.

La Andalucía que prefiere la alegría de la plaza de su pueblo al paraíso consumista del centro comercial, la que prefiere lo espontáneo del parque del barrio a lo artificial del parque temático.

Andalucía para plantar cara al fascismo

Hoy, como en el 77, vivimos tiempos de inestabilidad y crisis de régimen que nos lleva a una situación parecida. El fascismo vuelve a envolverse en la bandera monárquica y comienza a salir a las calles envalentonado, sintiéndose apoyado por las instituciones del régimen del 78 y por su aparato mediático.

Hoy el fascismo vuelve a convertir en visceralidad y odio la frustración de la clase trabajadora con sus propias condiciones de vida.

Regenerar el andalucismo, con su tradicional perspectiva de clase, es la mejor manera de frenar el ascenso del fascismo en nuestra tierra. Porque combatir el fascismo no es sólo combatir a los fascistas, es transformar la frustración de la que se alimentan en esperanza y solidaridad de clase.

La blanca y verde simboliza una esperanza compartida y representa una identidad colectiva que reclama su dignidad, un símbolo que se construye en positivo y no contra otros pueblos. La bandera andaluza simboliza poder popular, un poder que no se usa para oprimir a otros sino para cambiar nuestras vidas a mejor.

Publicado en el Nº 312-313 de la edición impresa de Mundo Obrero enero 2018

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