Batalla política internacional para influir en el destino de Siria

Manuel García Morales 03/01/2018

El 28 de noviembre comenzó en Ginebra la 8ª ronda de negociaciones de paz para Siria. La representación del gobierno sirio se incorporó a ellas al día siguiente después de amagar con la no asistencia. La actitud del gobierno sirio estaba razonada; después de una serie de contactos internacionales, protagonizados fundamentalmente por Moscú, y en el marco de la derrota y expulsión de los fanáticos del DAESH de todas las ciudades sirias, parecía que las negociaciones previstas en Ginebra iban a avanzar en el sentido de la resolución 2254 aprobada unánimemente hace dos años por el Consejo de Seguridad, cuya elementos principales son los de acordar un Gobierno de unidad nacional y la celebración de elecciones supervisadas por la ONU; en ese acuerdo no cabía y así lo ha señalado repetidas veces el representante de la ONU Staffan de Mistura, condiciones previas al acuerdo como la dimisión del Presidente al-Assad, exigida repetidamente por los grupos más extremistas presentes en las negociaciones y respaldados por Turquía y Arabia.

La primera reunión importante fue la celebrada en Riad, la capital de Arabia; en ella por primera vez se ha llegado a un acuerdo de unificar a los distintos bloques de oposición al gobierno sirio; será un equipo de 36 representantes de grupos opositores repartidos entre 8 de la Coalición Nacional Siria, 5 del Comité Nacional de Coordinación para el Cambio Democrático, 8 delegados independientes, 4 de la plataforma de El Cairo, 4 de la plataforma de Moscú y 7 de facciones militares que son: Jaish al-Islam, Failaq al-Sham, Jaish al-Nasr, Jaish al-Yarmouk, 2 facciones del Ejército Sirio Libre y el Ejército de Tribus Libres. El acuerdo del grupo pasa porque solamente se podrán presentar y aceptar propuestas en las negociaciones que estén respaldadas por al menos el 75% del grupo; eso significa que los representantes del Comité Nacional para el Cambio, y las plataformas de oposición de Moscú y del Cairo, (que representan a un conglomerado que podríamos definir como de izquierdas: comunistas, socialistas, panarabistas…) tendrán derecho de veto a las propuestas de los respaldados por Arabia y Turquía que exigen previo a la iniciación de negociaciones la salida de al-Asad o la retirada de las tropas iraníes. Es por tanto probable que las negociaciones no avancen por la ruptura de bloque opositor o también que la exigencia de la salida de Asad sea un farol dedicado a su galería.

La clave está en Turquía. Erdogan juega varias barajas a la vez; el 22 de noviembre se reunió en una cumbre previamente preparada durante 9 meses, con los presidentes de Rusia e Irán para apoyar el proceso político de paz en el marco de las negociaciones de Ginebra y en la celebración en Rusia (en Sochi) del Congreso Nacional de Diálogo Sirio, donde después del presumible avance en Ginebra, serían las propias fuerzas sirias, incluida la fuerza kurda, hasta ahora excluida de todas las mesas de negociaciones, quienes dieran forma al acuerdo político de la paz y el fin de la guerra. Erdogan incluso aceptó la posibilidad de reunirse con al-Asad, sin embargo, con quien habló inmediatamente después de la cumbre fue con Trump, el presidente de EEUU quien le aseguró que iba a cortar el suministro de armamento e iba a retirar el armamento pesado a las SDF, alianza promovida por los revolucionarios kurdos de las fuerzas de protección del pueblo y de las mujeres (YPJ/YPJ). Después de su nuevo acercamiento a Trump, Erdogan declaró que “la paz en Siria no es posible con la permanencia de al Assad”; El viraje de Trump no había pillado de sorpresa a los kurdos, que declararon a través del copresidente del Consejo de Siria Democrática Riad Darar que: “si nos dirigimos hacia un estado sirio unificado con un sistema federal, creemos que no hay necesidad para las armas y las fuerzas, porque esta fuerza se integraría en el ejército sirio, ya que los ministerios soberanos como el ejército y los asuntos Exteriores estarán en el centro; las SDF son fuerzas sirias y no fuerzas locales”; también afirmó que EEUU debe retirarse de Siria después de que se logre la estabilidad del país. De hecho, Jim Mattis, Secretario Defensa de EEUU anunció que, en la primera quincena de diciembre, una unidad de artillería de unos 400 marines se irá de Siria, restándolos a 1.700 que se desplegaron durante la batalla de Raqqa librada por las SDF contra DAESH. El mayor general ruso Evgeniy Poplavsky, se reunió el pasado domingo 3 de diciembre con las YPG, declarando en rueda de prensa conjunta que “Rusia está coordinando los movimientos militares sobre el terreno con las fuerzas kurdas y supervisando la formación de un consejo para gobernar el este de Deir ez-Zor”.

Todos estos movimientos de los distintos actores tienen como objetivo el situarse en las mejores condiciones para las elecciones que ineludiblemente se celebrarán y darán paso a un proceso de paz que acabe con el sufrimiento del pueblo sirio. La conquista de la paz es a la vez la derrota del imperialismo en su agresión a Siria.

Publicado en el Nº 312 de la edición impresa de Mundo Obrero diciembre 2017

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Del autor/a

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