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70 años de la partición de Palestina Política de colonización, incursiones militares, arrestos y controles generalizados a la población palestina, ejecuciones extrajudiciales... crímenes de guerra, expoliación de recursos naturales son algunas consecuencias de la aplicación hace 70 años de l

Willy Meyer 03/01/2018

El 29 de noviembre de 1947, dos años después de crearse las Naciones Unidas, su Asamblea General aprobó la Resolución 181, recomendando partir Palestina en tres partes: el 55% del territorio para un “estado judío”, el 45% para un “estado árabe” y la ciudad de Jerusalén bajo un estatus de gestión internacional.

Aprobada con 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones ( aquella raquítica ONU estaba formada por 57 países, frente a la actual, formada por casi 200 Estados) la Resolución, que no tenía carácter vinculante al no haber sido aprobada por el Consejo de Seguridad, establecía otorgar ese 55% del territorio al 31% de habitantes judíos (553.000 judíos según el censo británico) y el 45% de tierras al 68% de la población árabe, muy mayoritaria en Palestina en aquellas fechas.

La idea de partir Palestina se fraguó diez años antes cuando, una comisión interna británica creada en 1936 (el Reino Unido “administraba” Palestina desde 1922), la llamada Comisión Peel, preveía conceder el territorio más fértil de Palestina para un Estado Judío más pequeño del que finalmente se aprobó en la resolución 181.

Como reacción al informe Peel se produjeron las primeras “intifadas” (levantamiento) de 1936 a 1939 de la población autóctona árabe.

La actitud británica de cerrar los ojos frente a las justas reclamaciones de los palestinos y su deseo de abandonar lo antes posible ese polvorín, facilitó que bandas armadas sionistas, utilizando el terrorismo, comenzasen a realizar una limpieza étnica criminal que duró hasta 1949.

La resolución nunca fue elevada al Consejo de Seguridad porque hubiera implicado el despliegue de tropas de los cascos azules en el terreno y su enfrentamiento con las bandas paramilitares sionistas.

El rechazo árabe al plan, llevó al estallido de la primera guerra, que se produjo al día siguiente de que el Reino Unido retirase sus tropas de la región (14 de mayo de 1948), tal y como exigía la resolución y la Agencia Judía proclamase el Estado de Israel. La guerra acabó con un armisticio en 1949 entre Israel y Egipto, Jordania, Líbano y Siria con una importante pérdida de territorio árabe sobre el plan de partición (el 78% pasó a ser israelí e incluía las ciudades de Acre, Nazaret, Beersheva y Jaffa).

En esos dos años, casi 800.000 palestinos fueron desalojados de sus hogares convirtiéndose en refugiados: 400.000 de tierras conquistadas por Israel al “Estado Árabe” tras la guerra y otros cerca de 400.000 expulsados de la zona demarcada para el “Estado Judío”. Se produjo así la “Nakba” (catástrofe) palestina que, el próximo mes de mayo de 2018 conmemorará también sus 70 años de la expulsión criminal del pueblo palestino de sus tierras.

Las Naciones Unidas crearon entonces una comisión de cinco países para supervisar el seguimiento del plan de partición, pero se disolvió meses después sin llevar a cabo ningún trabajo y sin llegar a visitar Palestina para poder valorar “in situ” los efectos de la partición entre la población. El plan de partición, que consideraba la creación de dos estados, nunca se llevó a efecto más allá de la creación del Estado de Israel. En opinión de Hanan Asharawi, del comité ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) “con la partición de la Palestina histórica, comenzó la victimización y el sufrimiento del pueblo palestino. El estado de Israel fue creado a expensas del pueblo indígena, que fue arrancado violentamente de su tierra. Las consecuencias de la resolución 181 son la desposesión, dispersión y exilio de una población masiva de refugiados, la discriminación sistemática y la opresión a los palestinos que quedaron dentro de Israel y el cautiverio y esclavitud bajo ocupación del 22% restante de la Palestina histórica”.

70 años después de la Resolución 181, y tras la aprobación por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas de otorgar a Palestina el estatus de Estado Observador, éste se constituye, al día de hoy, con guetos urbanos cisjordanos encerrados tras un muro y una enorme prisión llamada Gaza donde Israel comete periódicas masacres a la población.

La impunidad de Israel (26 resoluciones incumplidas de NNUU de 1947 a 2001 e innumerables condenas) para realizar su política de colonización, sus incursiones militares, los arrestos y controles generalizados a la población palestina, las ejecuciones extrajudiciales, los crímenes de guerra cometidos, la expoliación de recursos naturales palestinos, son algunas consecuencias de la aplicación hace 70 años de la resolución 181.

Y ya es hora de poner fin a esa impunidad….

Palestina, en 2017 cumple con todos los requisitos que debe tener un Estado: Un territorio, una población y el control sobre esa población. Es decir, mantiene su soberanía sobre ese territorio.

Sobre esa base, el 29 de noviembre de 2012, la Asamblea General de las NNUU aprobó la Resolución 67/19 por la que se acordaba el ingreso de Palestina como “Estado Observador no miembro” con las fronteras definidas antes de 1967 (*) con tan solo 9 votos en contra frente a 138 votos a favor. Y muy significativos los votos en contra: Estados Unidos, Canadá, Israel, Republica Checa, Palaos, estados Federados de Micronesia, Nauru y las islas Marshall….es decir, el Imperio como garante de mantener la impunidad frente al Derecho Internacional.

Los 3,8 millones de residentes en Gaza y Cisjordania y los refugiados por todo el mundo, no pueden mantenerse por más tiempo sin un Estado propio con las fronteras previas a 1967, con Jerusalén como su capital y sin presos políticos en las cárceles de Israel.

¿Conseguiremos que 2018 ponga fin a la impunidad de Israel y EEUU? Seguiremos luchando con el pueblo palestino para conseguirlo.

(*) Fronteras antes de la "Guerra de los seis días" donde Israel aumentó notablemente su territorio.

Publicado en el Nº 312 de la edición impresa de Mundo Obrero diciembre 2017

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