La afilada punta del cálamo

Lecturas de fin de año La máquina de guerra anglo-sajona calienta motores. Y el problema no es saber si habrá guerra sino cuál de las innumerables mechas preparadas será encendida en primer lugar.

José María Alfaya 25/01/2018

Las lecturas que me acompañan en este fin de año me tienen en vilo. Una amiga invisible me ha regalado “Cruzar la línea roja. Hacia una arqueología del imaginario comunista ibérico (1930-2017)”, publicado por Iberoamericana Vervuet. Buenas fechas para reproponerse la identidad. Una sobrina, no tan invisible, me ha entregado otro tocho distribuido por El grillo libertario, con el título acusador de “La traición de la hoz y el martillo”, quinientas setenta y ocho páginas y sin abogado defensor. Comprenderán que me haya lanzado al mundo internet para compaginar el atracón ibérico con lecturas de otras latitudes. Más que nada porque me hablan de otros escenarios que, encatetados en nuestras peleas de celtíberos romos, nos pasan desapercibidos. Cierto que, como ha escrito con gracia Eddy Sánchez, Arrimadas está en Barcelona y Tsipras en Madrid, y eso crea un mal rollo entre los que perciben una progresiva y continuada infrarrepresentación de los sectores populares que componen el grueso del voto y base social que dice apoyar el cambio y que se encuentran con lo que cita Sánchez sobre lo que Manuel Sacristán definía como “la insulsa utopía de creer que la clase dominante está dispuesta a abdicar graciosamente” ante “una clase ascendente capaz de cambiar las relaciones sociales de dominio sin tener que hacer uso de la movilización, el conflicto o la coerción”. Te dicen, por ejemplo, que “el Madrid que tú quieres será el Madrid que quieras” pero no hemos tenido la oportunidad de no querer a Montoro.
Como estamos distraídos con las compras navideñas, los sorteos, los regalos que se devuelven o cambian y la fobia sobre estas festividades que ya alcanza a no pocos habitantes de este ecosistema, apenas tenemos tiempo de asomarnos a otros escenarios para intuir siquiera por dónde pueden llegar las próximas borrascas. Eso sí, a las de vientos y olas (y menos lluvia de la necesaria) ya les ponemos nombres como si fuéramos caribeños.

Pero hay otras tormentas que son más amenazadoras.

“Ça n'empêche pas Nicolas”, el Blog de Jean Lévy sobre la actualidad política de cada día, con título que está tomado de un poema sobre la Comuna, nos advierte de una amenazante posibilidad. Permitidme una traducción libre de su texto.

¿Quieren volver con el cuento de las “armas de destrucción masiva” como en los tiempos de Saddam “Joseluis” (que decía una estanquera de mi barrio) para justificar una nueva intervención militar occidental? La noticia es la que sigue:
La malvada Rusia podría cortar los cables marítimos de Internet, según el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Británicas.

¿Sir Stuart Peach, Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Británicas y presidente del comité militar de la OTAN se ha vuelto paranoico?

De ninguna manera. Ese no se cree lo que declara. Pero le gustaría que nosotros nos tragáramos el cuento, aunque fuera por un ratito, justo el tiempo de desencadenar un “proceso militar irreversible”, o sea, una guerra.

Las autoridades americanas, británicas y otanescas en diversos grados de complicidad nos vienen demostrando que no se cortan un pelo a la hora de fabricar bulos con tal de conseguir sus fines. La mentira es su mejor arma de guerra.

Así pues y según la delirante declaración de mister Peach, los rusos podrían, sin justificación alguna, privarnos de Internet de hoy para mañana cortando los cables marítimos mediante la intervención a tijeretazo limpio de su flota.

Para que tengamos miedo, además de quedarnos sin nuestras series favoritas, nos vaticina una catástrofe económica y la destrucción de nuestro modo de vida, este diabólico modo de vida que le quitaba el sueño a los terroristas del Estado Islámico hasta el punto de tener que lanzarse a su destrucción, seguramente para hacernos la puñeta.

Lo que parece claro es que la máquina de guerra anglo-sajona calienta motores. Y el problema no es saber si habrá guerra sino cuál de las innumerables mechas preparadas será encendida en primer lugar y qué países “aliados” serán sacrificados para crear un wagneriano inicio de las hostilidades.

Y Arrimadas en Barcelona y…

Publicado en el Nº 312-313 de la edición impresa de Mundo Obrero enero 2018

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