Esperando a los bárbaros

Razones de mercado El mercado, por tanto, y sus técnicas, siempre conducen a ese centro amplio, como “sitio” electoral donde más se “vende”.

Felipe Alcaraz Masats 25/01/2018

Desde el punto de vista de los llamados espacios electorales, los vecinos tienden a parecerse al más cercano, al otro lado de la tapia, para intentar arrebatarle votos a través de la mímesis. Es una razón vigente en el mercado electoral. No se trata tanto, pues, de enunciar un perfil propio (por ejemplo, la revolución), cuanto de introducir una mejora en las propuestas del vecino, sobre todo si es propietario de un espacio electoral amplio; por ejemplo, si él habla de creación de ochocientos mil puestos de trabajo, la mejora consistiría en proponer un millón.

La operación consiste en correr tu tabique, penetrando en el espacio del otro. “Otro” que, dado que representa la estabilidad de lo establecido, siempre tiende al centro. El mercado, por tanto, y sus técnicas, siempre conducen a ese centro amplio, como “sitio” electoral donde más se “vende”, en los caladeros del sentido común y las normas de los cotidiano.

La ideología queda para otro momento; quiero decir la ideología antihegemónica, antidominante, pues ideología es todo, lo que pasa es que funciona como una segunda piel, que tú pareces poseer y dirigir pero que en realidad, de forma inconsciente, te dirige ella. En este caso la ideología revolucionaria, así como el imaginario de una nueva sociedad en la que los dominados pasan a ser dominantes (no se te ocurra nunca hablar de darle la vuelta a la tortilla, porque incluso te podrían acusar de un delito de odio), pasa a ser un tema de barra de taberna, inaplicable. Pero tanto ha avanzado la ideología dominante (basada en la licuefacción de la materia) en el capitalismo posmoderno, que ni siquiera puedes producir en la realidad una variante de superficie que traspase las líneas marrones de la estabilidad impuesta por los ejércitos de montoros, porque no solo te estrellarás contra los montoros, sino que incluso verás cómo dentro de tu propias filas emergen los realistas, dejándote solo en la playa de tu imprudencia febril. Algún día hablaremos de Sánchez Mato.

Por tanto, es conveniente, sobre todo para la salud mental, gritar a coro aquello de “Sí se puede”, que produjera la revolución autoconvocada del genuino 15M. Pero una cosa es gritarlo, como un bien poético que poseemos y queremos socializar (a modo de música pegadiza), y otra cosa es intentar ejercerlo transgrediendo los límites que marcan las razones de mercado. Lo que quiere decir, tal como están las cosas, que en las próximas reuniones sería de lo más conveniente aprobar un reglamente sobre en qué momentos y por qué se debe esgrimir el grito rebelde y sedicioso de los quincemayistas.

Todo lo que no sea intentar ampliar los espacios electorales, empujando los tabiques correspondientes, a través de la respetabilidad de las normas comerciales al uso, puede verse de ahora en adelante como vesania, presunto delito de odio, sedición o rebelión; mucho más si se hace en un marco tumultuario. Lo digo como aviso a manifestantes voluntaristas. Y otra cosa: la ventanilla para deseos de cambio en la sociedad, que sella y registra las propuestas, solo abre de 10 a 14 horas. De nada.

Publicado en el Nº 312-313 de la edición impresa de Mundo Obrero enero 2018

En esta sección

Un libro para el estudio y la intervención política informadaFascismoEl símbolo de la escobaAntiperiodistasLa economía de las APP

Del autor/a

FascismoCulturaLa mujer invisibleLa gente sabe latínRebelión