Escenarios

Enésima crítica ¿Para cuando alguien va a tocar elementos estructurales de fondo y... mostrarnos una opción política diferente? ¿Para cuando alguien va a decir en escena que el problema se llama capitalismo y sus relaciones de poder?

Iván Alvarado 25/01/2018

Obra: Nada que perder.
Dirección: Javier García Yagüe
Ayudante de dirección: Elvira Sorolla
Dramaturgia: Quique y Yeray Bazo, Juanma Romero y Javier G. Yagüe
Intérpretes: Marina Herranz, Javier Pérez-Acebrón, Pedro Ángel Roca
Compañía: Cuarta Pared
Escenografía: Silvia de Marta
Iluminación: Alfonso Ramos
Fotografía: Daniel Martínez López
Utilería y vestuario: Cuarta Pared
Realización de escenografía: Richard Vázquez
Producción, distribución y comunicación: Cuarta Pared
Funciones en Madrid: Sala Cuarta Pared. Del 11 al 27 de enero (jueves a sábado a las 21.00).

La Compañía Cuarta Pared vuelve a su casa con Nada que perder, montaje estrenado hace cuatro años en dicha sala. Desde entonces ha girado por 130 plazas de España e incluso el extranjero (Festival Don Quijote en París), llegando a más de 20.000 espectadores.

Es un formato diferente al que nos tenía acostumbrado la compañía, al ser una dramaturgia colectiva, donde se vislumbran algunos de los talentos de la cantera de la escuela que han disfrutado de becas del Espacio de Teatro Contemporáneo (ETC), pero con ese tinte especial que da la dirección de Javier García Yagüe conjugando lo social con el humor.

El texto aborda una temática muy en boga en nuestro país, la corrupción política, y en torno a ella hace girar un thriller donde se debaten aspectos como: educación, amor, precarización, valores etc. Diversas escenas interconectadas pero con vida propia que cobran vida gracias a un elenco entrenado hasta la saciedad en este tipo de interpretaciones en las cuales el personaje comodín es lo frecuente.

Esto hace el texto bastante ameno, acercándose a un tipo de dramaturgia donde lo lineal no se pierde pero se hace cada vez más difuso y donde los elementos de ruptura son cada vez más frecuentes, sacándonos de la trama central para insertarnos nuevamente en ella con bastante humor y rompiendo la cuarta pared con frecuencia.

Esto es posible gracias al entrenamiento del trío actoral en estas lides, ya sea el caso de actores ya consolidados en la compañía como: Javier Pérez y Pedro Ángel Roca; o actrices nuevas como el caso de Marina Herranz. La frescura y el modo de abordar la escena, jugando continuamente a un dentro fuera, marcan un sello distintivo de la Compañía e inundan el escenario.

Si bien los elementos técnicos nos muestran una compañía que sabe lo que quiere y cómo mostrarlo, los problemas del montaje vienen de otros lugares, en este caso el querer tratar elementos pensándolos como políticos pero mostrándolos desde otro lugar.

La Compañía asume una temática como la corrupción política, pero sin entrar en elementos de fondo sino abordando las consecuencias sociales y a veces morales. Con ello pierde la originalidad de montajes anteriores como Café (2005) y pierde la frescura y esperanza que consiguió transmitir con Rebeldías Posibles (2007).

Volvemos a ver, por tanto, un ejemplo que muestra determinados problemas sociales bajo un prisma moral, que hace énfasis en la idea “esto no se hace” o “esto está mal”, dejando de lado otros elementos más estructurales que mientras sigamos optando por eludirlos de la escena actual seguiremos culturizando a un público, que si bien no comparte la corrupción se encuentra ante una disyuntiva errónea: no queremos corrupción política pero el capitalismo como sistema no se cuestiona.

¿Para cuando alguien va a tocar elementos estructurales de fondo y va a tener la valentía de mostrarnos una opción política diferente? ¿Para cuando alguien va a decir en escena que el problema se llama capitalismo y sus relaciones de poder? Mientras esto siga pasando de largo, seguiremos con la máxima de Fausto: “El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.”

Publicado en el Nº 312-313 de la edición impresa de Mundo Obrero enero 2018

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