Desmontando el mito del crecimiento turísticoLas kellys, mujeres obreras se organizan contra la explotación y el maltrato laboral Reivindican la prohibición de la externalización en la parte estructural del trabajo en el hotel, la jubilación anticipada y el reconocimiento de enfermedades profesionales.

Gema Delgado 05/02/2018

Las que limpian los hoteles. Historias ocultas de precariedad laboralErnest CañadaEditorial Icaria

Las kellys, son camareras de piso. Su nombre viene de un juego de palabras: “las que limpian”. Se empezaron a juntar en las redes sociales en 2014, compartiendo testimonios de su vida laboral. Fueron creando grupos territoriales -tienen presencia en 8: Barcelona, Benidorm, Cádiz, Fuerteventura, La Rioja, Lanzarote, Madrid y Mallorca- y en 2016 se presentaron como asociación, en Barcelona, con una ponencia donde denunciaban la pérdida de salarios, derechos, salud y el problema para mantener los contratos. Se sentían indefensas y abandonadas, invisibilizadas y querían tener voz propia. Se definen como asociación autónoma que apuesta por la autoorganización.

A pesar de la bonanza del sector del turismo, se está creando un empleo precario, parcial y en muchas ocasiones fraudulento, con contratos de 4 horas para jornadas reales de 6 y 8 horas. Los sueldos han bajado hasta un 40% pasando de los 1.000 euros a los 650, por ejemplo y con un gran aumento de la carga laboral, gran presión y ritmos insostenibles, en los que no queda tiempo ni para comer, ni para ir al baño. La única enfermedad laboral que se reconoce es la del túnel carpiano, pero la mayoría padece dolores musculares, estrés, ansiedad y se automedica. Algunas de las que empiezan abandonan porque no lo pueden aguantar.

Hoy se saben muchas cosas más de ellas, gracias al trabajo de las kelly y al libro de Ernest Cañada “Las que limpian los hoteles. Historias ocultas de precariedad laboral” que recoge el testimonio de 26 camareras de piso. Suficientemente significativo es que algunas pidieron mantenerse en el anonimato para evitar represalias y despidos.

Machaque físico, estrés y ansiedad

El doctor Joan López Lloret, que trabaja en la costa Levantina de Mallorca, donde hay una fuerte presencia de la actividad hotelera conoce bien el problema a través de sus pacientes. En el libro de Cañada detalla esa medicación habitual de las camareras de piso, que se levantan desayunando voltaren. “Para el dolor toman paracetamol, ibuprofeno, enentyum, diclofenaco o nolotil. Y cuando no es suficiente pasan a los opiáceos débiles, derivados lejanos de la morfina. Para la ansiedad empiezan a tomar valeriana y después alprazolam. Y luego, como el estrés no les deja dormir, toman hipnóticos como el diazepan. Aparte los antidepresivos, “que es lo que ingieren las camareras más veteranas”. “Las mujeres que llevan mucho tiempo haciendo esta labor están hechas polvo. Hablo de las que tienen de 50 para arriba”… “y además de un sufrimiento físico y orgánico tienen un sufrimiento psíquico por el estrés”. Las empleadas eventuales no acuden porque no tienen ni tiempo para ir al médico, y si piden licencia las despiden. Muchas veces vienen hechas polvo, yo les ofrezco la baja por enfermedad y no la quieren”. Pocas llegan a la edad de jubilarse. Padecen artrosis prematura, protrusiones discales, síndrome del túnel carpiano, el hombro doloroso, tendinitis... Por eso, las kelly inician su hoja de reivindicaciones pidiendo la Jubilación anticipada, pensiones decentes y reconocimiento de trabajo penoso. También el reconocimiento de enfermedades profesionales directamente relacionadas con el aparato motor y músculo esquelético.

Precarización y miedo

Pero, por consenso, la principal de las reivindicaciones de las camareras de piso es acabar con la externalización, que representa la precariedad pura y dura, no sólo por la diferencia salarial, que es alta, sino por la pérdida de derechos. Una externalizada con una baja, coinciden las trabajadoras, es una trabajadora despedida. Además hacen lo que les piden y más, no les pagan los festivos, no tienen representación sindical, pueden trabajar muchas semanas sin librar un sólo día, etc. Una fija discontinua, que tiene 6 meses de trabajo asegurado, dice que aunque a ellas les perjudica ese aceptarlo todo, las eventuales no lo tienen fácil para negarse a hacer algo, y que entiende que si sólo trabajan dos meses tienen que procurar llevar el dinero que puedan a casa... “Que no nos encontremos nosotras en esa situación”, dice María González Moral, de Mallorca.

Yolanda García es una de las kelly de Benidorm, la tercera ciudad más turística del país, después de Madrid y Barcelona. Una ciudad con 65.000 personas empadronas y por la que cada año pasan 11 millones de visitantes. Yolanda lleva 14 años trabajando de camarera de piso. En este tiempo, como todas, ha visto empeorar las condiciones laborales e incrementar la carga de trabajo. Si empezó limpiando 15 habitaciones ahora está haciendo 25, aunque en otros hoteles llegan a las 27 y a las 30, como el que presume ser el más alto de Europa, cuenta a Mundo Obrero.

“Pero -añade- lo que también ha crecido, y es si cabe más preocupante es el miedo. El miedo a perder el trabajo. El miedo a hablar. La crisis ha calado y con él la amenaza reiterada de si tu no quieres hay 80 en la calle dispuestos a hacer tu trabajo”. Otro dolor compartido, dice, es el sentimiento de haber sido invisibles hasta por los propios compañeros y por los sindicatos, “probablemente por ser mujeres y por dedicarse a la limpieza”, lamenta.

Por lo menos, el impulso que ha dado la asociación de las kellys ha logrado romper la invisibilidad.

La primera acción de las Kelly en Benidorm fue un acto de presentación de la asociación, el 16 de agosto de 2016. Yolanda recuerda la emoción de ver aquel día a 300 camareras, con la camiseta reivindicativa, diciendo aquí estamos. Desde entonces hacen asambleas todos los meses. También concentraciones. El año pasado lo hicieron denunciando la externalización en la puerta de dos hoteles. Y también una cadena contra la precariedad. Sin embargo a la hora de la denuncia el miedo lo invade todo, no se atreven a reclamar sus derechos y se echan para atrás. Hay mujeres separadas, madres solteras, extranjeras, mujeres en situación vulnerable que necesitan ese dinero para vivir.

Yolanda aplaude los avances logrados desde que ha aumentado su visibilización y haber llevado el debate a las instituciones. El año pasado estuvieron en el Congreso de los Diputados, con el apoyo de Unidos Podemos y el PSOE, pidiendo la modificación del artículo 42 del Estatuto de los Trabajadores para equiparar los derechos laborales de las contratas y subcontratas pidiendo la prohibición de la externalización en la parte estructural y que dejen de contratar por obra y servicio y con contratos que en su mayoría son fraude de ley.

De la invisibilización a las instituciones

También fueron al Parlamento Europeo, en Bruselas, invitadas por la eurodiputada de Izquierda Unida, Marina Albiol, para denunciar la sobrecarga de trabajo. Por ejemplo, en Benidorm les exigen limpiar de 25 a 30 habitaciones en 6 horas. Allí pidieron que Europa obligue a España a cumplir la normativa de Prevención de Riesgos Laborales y a que haga estudios ergonómicos en los hoteles para que determinen el número de camareras que debe de tener cada hotel. También denunciaron los contratos de “empleo especial” hechos por subcontratas a mujeres con discapacidades, que están cofinanciados con el Fondo Social Europeo y que ni siquiera se atienen al convenio de hostelería, explica una de las portavoces territoriales.

Las kelly pidieron a la Generalitat valenciana que puesto que ésta subvenciona proyectos en hoteles, por lo menos les exija que cumplan con un mínimo de requisitos, como no tener denuncias de la Inspección de Trabajo, ni de fraude a la Seguridad Social ni denuncias de los trabajadores. Pero de momento es sólo una petición.

También han entrado en los plenos de los ayuntamientos, como el de Madrid y Benidorm, entre otros. En Madrid, el Ayuntamiento de Ahora Madrid consiguió la aprobación de un estudio de calidad de los hoteles de la ciudad, ver el tipo de contratación, realizar estudios de ergonomía, comprobar las libranzas semanales, etc., explica una de las Kelly de Madrid. Cuenta también que entre el 60 y el 70% de los hoteles de la capital tiene el servicio externalizado y que en toda la Gran Vía sólo hay dos que no están.

En Benidorm, Compromis Los Verdes presentó una moción en el Ayuntamiento con 8 puntos. Se aprobaron los 6 primeros con los votos a favor de todos los grupos municipales, pero no sucedió lo mismo con la petición de crear un sello de excelencia en las relaciones laborales y con la de instar la modificación del convenio colectivo de la provincia de Alicante y acotar la contratación de servicios externalizados solo para aquellos sectores que no sean la actividad principal o esencial de la industria turística.

Convenios que no dan la talla

También han recibido jarros de agua fría en la firma de los convenios provinciales de hostelería, como el de la Costa Blanca, que no ha metido mano a la externalización. “Sólo han equiparado el nivel salarial con las trabajadoras del hotel, pero no los derechos. Y lo han dejado de tal forma que son las trabajadoras las que tienen que reclamar esa equiparación, enfrentándose a la empresa y al hotel, lo que resulta muy difícil para las que son las trabajadoras más vulnerables. Yolanda comenta que este convenio, en el que UGT tenía el 60% del peso y CCOO el 40%, ha sido similar al firmado en Barcelona y que funcionará del 2017 al 2020, y que en Valencia es incluso peor.

El lobby hotelero en Benidorm tiene un poder extraordinario. El Ayuntamiento no tiene consejería de turismo pero sí una fundación con la patronal. Una patronal que no se sienta a hablar con las kellys porque dicen que no representan a nadie, y encima tienen que aguantar que el Presidente de la Patronal de Hostelería de la Costa Blanca (HOSBEC), Toni Mayor las recrimine que su problema es que ya vienen cansadas. Yolanda, le responde que lo que las cansa no son las 2 camas de su casa sino las 80 que tienen que hacer en el hotel, porque en temporada alta, que es mucha, meten cuatro camas. Los clientes, explica la kelly de Benidorm, suelen ser mucho más considerados. “Cuando en las concentraciones repartimos folletos explicando nuestras condiciones de trabajo, se quedan escandalizados porque no sabían al maltrato laboral al que nos someten, y nos dicen, pues mañana cuando vea a la camarera de piso la miraré de otra forma, o pues ahora mismo voy a protestar a recepción y decirles que son unos explotadores, o nos preguntan, ¿vosotras sois las kelly? Animo, seguir luchando y mucha suerte.

Se han conseguido sacar a la luz muchas de las condiciones draconianas a las que ha llevado la precarización del sector, pero no todas. Las kellys nos cuentan que trabajar en un hotel de cinco estrellas no significa ninguna mejora en la calidad del trabajo. Por ejemplo, a veces no les dan carro porque es antiestético y, además tienen que trabajar con zapatos, por la categoría del hotel, y no tienen valet que les ayude. Otras cosas que no se ve es que en hoteles en que no hay mopa para todas hay que fregar de rodillas; o que hay un horario a la vista, por si viene inspección, pero el que vale es el que está en el ordenador de la gobernanta. La teoría es no doblar la espalda ni trabajar de rodilla, pero cómo no vas a hacerlo si cada día tienes que hacer 80 camas y 20 bañeras o platos de ducha, entre otras cosas, dice una de las kellys.

Son mujeres en lucha que hacen frente al maltrato laboral y a los empresarios sin escrúpulos que buscan ahorrarse gastos a costas de la salud y la vida de las mujeres más vulnerables. Recuerdan a los hoteleros que ellas son el alma del hotel y les piden que las reconozcan como trabajadoras imprescindibles para su funcionamiento y regularicen ya nuestra situación.

Publicado en el Nº 312-313 de la edición impresa de Mundo Obrero enero 2018

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