Situar las tensiones en clave territorial, oculta las tensiones socialesElecciones catalanas: una lectura en clave de crisis de régimen Solamente desde una acumulación de fuerzas en todo el Estado se puede plantear la batalla a las fuerzas del bloque monárquico con alguna garantía de éxito.

José Luis Centella Gómez 26/01/2018

La importancia del proceso que se está desarrollando en Cataluña, y sobre todo sus repercusiones en el conjunto del Estado, nos obliga a que el análisis del resultado electoral del 21-D se realice en relación con la crisis de régimen que seguimos viviendo.

Es necesario empezar por recordar que el bloque monárquico fue capaz de superar la crisis de gobierno en la que estábamos después de las Elecciones Generales de 2016, con el golpe interno que expulsó a Pedro Sánchez de la Secretaría General del PSOE y planteó la abstención que llevó a Rajoy a la Moncloa. Pero cerrar de esa manera la crisis de gobierno no significaba cerrar la crisis de gobernabilidad. El gobierno constituido en 2017 es incapaz de dar carácter de constitucionalidad a los recortes y reformas que se aprobaron en los peores momentos de la crisis, porque no controla ni los grandes Ayuntamientos, ni el Congreso de los Diputados y, dicho sea de paso, ésta es la clave que explica la presión de Montoro sobre el Ayuntamiento de Madrid.

Por lo tanto el objetivo del sistema es aprovechar el próximo ciclo electoral para recuperar el control de todas las instituciones, desde los Ayuntamientos, hasta el Congreso, para hacer posible el cierre definitivo de la crisis de régimen.

En función de este objetivo, el bloque monárquico trata de aprovechar la oportunidad derivada del proceso catalán para conseguir la hegemonía ideológica que le permita abordar ese ciclo electoral con garantías de conseguir un resultado que le permita dar paso a un nuevo régimen que le garantice mantenerse en el Poder durante otros cuarenta años.

De esta manera han puesto todo su empeño en situar las preocupaciones de la mayoría de la población en la clave territorial, lo que ha movilizado a la parte más conservadora de la sociedad, abriendo la posibilidad de conseguir apoyos entre las capas populares que hace dos años votaron cambio, al tiempo que hace más fácil forzar la plena entrada del PSOE en el Pacto de Estado que sustente al nuevo régimen.

Sin entrar en mayores consideraciones, tenemos que asumir que desde las fuerzas que decimos pretender la transformación de la sociedad en beneficio de la mayoría, hemos puesto las cosas muy fáciles a las fuerzas conservadoras, se ha caído en el error de olvidar que situar las tensiones en clave territorial, ocultaba las tensiones sociales.

La conclusión es que, hoy por hoy, estamos más lejos de conseguir la hegemonía social y política necesaria para conquistar una salida democrática y social de la crisis en clave rupturista que estábamos hace un año. Cómo revertir esta situación es el reto que tenemos las fuerzas transformadoras, que pretendemos construir un Proyecto de Nuevo País, y para ello tenemos que superar la cuestión que nos ha fracturado desde hace más de tres años, que no es otra que la unilateralidad del proceso catalán, y asumir que solamente desde una acumulación de fuerzas en todo el Estado se puede plantear la batalla a las fuerzas del bloque monárquico con alguna garantía de éxito, asumir que no es posible un proceso constituyente catalán independiente del resto del Estado, y ser conscientes de que la coherencia es fundamental para ganar credibilidad, no se puede un día defender el modelo de Estado Federal y otro día acudir a actos con fuerzas independentistas.

La clave es ser conscientes de la necesidad de presentar una propuesta social y política que ponga de manifiesto que los problemas concretos que sufre la mayoría de la población, en todo el Estado, la falta de trabajo, los bajos salarios, la precariedad, los problemas de vivienda, la degradación del medio ambiente, la violencia machista, la brecha salarial que sufren las mujeres, así como la degradación de la calidad de la sanidad y de otros servicios públicos. tienen una solución si se producen cambios en el marco constitucional en el sentido contrario de los que quiere realizar el bloque monárquico, esta propuesta es la que da sentido a nuestra estrategia rupturista porque la liga con las preocupaciones diarias de millones de personas en todo el Estado.

Al mismo tiempo, tenemos que ser conscientes de que las fuerzas transformadoras no tenemos capacidad, en este momento, para imponer un proceso constituyente abierto y participativo, con la calle activada y las fuerzas sociales y políticas rupturistas a la ofensiva, y que van a intentar llevar a un proceso constituyente semi-clandestino, muy institucionalizado que trate de dar la apariencia de estar limitado a las cuestiones territoriales, mientras que por la puerta falsa se “cuelan” los verdaderos cambios que consoliden la reforma laboral, ley mordaza, etc.

El reto es romper esta dinámica que nos llevaría a una derrota no solo electoral sino social y cultural de imprevisibles consecuencias. Para ello, hay que ser conscientes de que tenemos que superar el debate interiorizado, y plantearnos en clave de todo el Estado y realizar un despliegue que nos conecte con nuestra base social, con los problemas reales de la mayoría social, que dé seguridad a quienes hoy sienten amenazadas sus pensiones, y su modo de vida, ir al encuentro de una gran parte de la población que se ilusionó con la posibilidad de cambiar las cosas, que hoy se siente defraudada porque no se ve reflejada en la fuerza política en la que confió, millones de personas que sufren la precariedad de tal forma que no se plantea otra cosa que cómo “adecuarse” a la realidad para sobrevivir.

Por ultimo, una cuestión importante que no podemos olvidar es que el Rey Felipe VI, en la cuestión catalana, se ha posicionado personalmente a favor de la salida más autoritaria de las posibles, lo que pone en evidencia, por si alguien no termina de enterarse, que la monarquía, como lo fue en 1977 es la pieza clave del bloque dominante, en su intención de conseguir una salida antisocial, autoritaria, patriarcal de la crisis.

Publicado en el Nº 312-313 de la edición impresa de Mundo Obrero enero 2018

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