Las nefastas consecuencias de este modelo de construcción europea las padece en su vida cotidiana la clase trabajadora europeaXX Congreso del PCE: un Partido para la acción, un proyecto de Revolución Nuestra definición ideológica por tanto no es un fin en sí mismo, sino una herramienta de análisis de la realidad que nos obliga... a adaptar nuestras estructuras de funcionamiento a dichos presupuestos ideológicos.

Enrique Santiago Romero. Coordinador de la Dirección política transitoria 29/01/2018

Tres han sido los temas fundamentales discutidos en este XX Congreso del PCE y por supuesto es nuestra obligación explicar y difundir los contenidos acordados y las propuestas que hemos lanzado a nuestro pueblo: sobre el actual proceso de construcción europea, sus carencias y nuestras alternativas; sobre la necesaria construcción de unidad popular insertada en el imprescindible contexto del estímulo y la organización del conflicto social y político; y nuestra renovada definición ideológica y las consecuencias y compromisos que asumimos responsablemente en función a esta.

Construir una alternativa a la UE

1º.- Frente al actual modelo de Unión Europea, la construcción de una propuesta de unidad de los pueblos de Europa que garantice la soberanía nacional, la solidaridad y la garantía de todos los derechos fundamentales para todas las personas, especialmente los derechos económicos y sociales:

Desde hace tiempo el PCE e Izquierda Unida vienen señalando que el proceso de construcción de unidad europea puesto en marcha con los Tratados de Maastricht, Ámsterdam y sucesivos, responde exclusivamente a los intereses del capital europeo y se concreta en la construcción de un gran mercado financiero y económico en el que el derecho de las personas a una vida digna no tiene cabida. Todo ello acompañado de un inmenso déficit democrático, ya que las decisiones políticas no se adoptan en instituciones decididas por los votantes sino en cenáculos y mesas de trabajo vetadas a la participación de cualquier mecanismo de expresión de la soberanía popular. La consecuencia está siendo la práctica desaparición de mecanismos eficaces de redistribución de riqueza entre países y personas, la degradación de las condiciones de trabajo e inexistencia de mecanismos reales de garantía del disfrute de los derechos sociales y económicos. Todo este proceso se vive con mayor dramatismo en los países del sur de Europa, condenados a un papel subalterno de suministro de servicios a los países más industrializados y desarrollados del norte.

Las nefastas consecuencias de este modelo de construcción europea la padece en su vida cotidiana la clase trabajadora europea. La falta de construcción de alternativas por las fuerzas de izquierda al actual modelo de construcción europea es rentabilizada políticamente por la derecha conservadora y en especial por una extrema derecha aplicada en denunciar las injustas consecuencias del modelo pero que ofrece como alternativa soluciones nacionalistas, xenófobas y autoritarias incompatibles con una propuesta de unidad de los pueblos de Europa y con una sociedad de libertades y garantía de todos los derechos humanos.

El Brexit muestra claramente esta realidad. Lejos de haber abierto un debate sobre las nefastas consecuencias que para las clases trabajadoras y pequeños empresarios tiene el actual proceso de construcción europea, ha quedado limitado a un conflicto de soberanías políticas entre el Reino Unido y la Unión Europea, ocultándose las verdaderas causas de la opción del pueblo británico de abandonar el proyecto comunitario que tienen más que ver con la ineficacia de esta Unión Europea a la hora de corregir desigualdades.

El PCE se ha venido manifestando claramente en contra del actual proceso de construcción europea y en especial en contra de un modelo que arrebata la soberanía nacional a sus pueblos. En contra de una política económica construida sobre medidas exclusivamente monetarias -el euro- y carente de políticas fiscales redistributivas reales y eficaces. Pero también somos un partido internacionalista convencido de la necesidad de construir unidad política entre los pueblos y naciones de Europa, para así erradicar cualquier posibilidad de guerras, discriminación, pobreza y desigualdades, un proyecto respetuoso con la soberanía nacional entendida como la necesidad de funcionamiento democrático de todas las instituciones de forma que las decisiones políticas dependan exclusivamente de la voluntad de todas las personas. Comprobamos a diario que la Izquierda europea, en cuyas iniciativas de coordinación política participamos -Partido de la Izquierda Europea, GUE, Foro de Marsella, entre otros- no tiene elaborada una alternativa al actual modelo de construcción europea y en especial a las políticas económicas sobre las que este proceso descansa. Al PCE no le sirve de nada denunciar el proceso de unidad europea, el debilitamiento hasta su desaparición del modelo de estado del bienestar, las políticas económicas construidas en torno al euro, y la degradación de las condiciones de vida de la clase trabajadora europea derivadas de lo anterior, si no dispone de una alternativa que pueda ofrecer a los pueblos de Europa – y en especial al nuestro- y que sea fácilmente entendida como una alternativa a sus problemas diarios por quienes más padecen las consecuencias de unas políticas que anteponen los intereses del capital a los derechos fundamentales de las personas.

Por ello en nuestro XX Congreso hemos acordado llevar al PIE y a cuantos organismos de coordinación y encuentro de la fuerzas de izquierdas de Europa participemos, la propuesta de comenzar a construir entre todas las organizaciones de estos foros una alternativa de unidad europea distinta de la representada por la UE. Ello implica tener una propuesta de política económica alternativa, de instituciones realmente democráticas, de garantía de la soberanía nacional, de garantía de derechos sociales y económicos a todos los pueblos de Europa, que nos permita iniciar la ruta de abandono de la actual Unión Europea a la vez que creamos una situación política en la que sea posible comenzar la construcción de un modelo alternativo. Esta alternativa debe contemplar nuestro claro rechazo al Euro y a las políticas especulativas de índole económico financiero que lo sostienen. Nuestra apuesta por su abandono requiere una simultánea estrategia común de las fuerzas de izquierda europeas que disminuya al máximo las consecuencias negativas que para la situación económica de cualquier país europeo supondría la salida unilateral del euro sin tener definida una alternativa política económica viable. Nuestra apuesta por la salida del euro y por la construcción de una unidad europea alternativa se formula para mejorar las condiciones de vida de nuestro pueblo, en ningún caso para empeorarlas, y creemos que es más sencillo alcanzar nuestro objetivo si esa alternativa se construye entre distintas fuerzas políticas del mayor número posible de países de la actual UE y es puesta en práctica simultáneamente en varios países europeos.

El PCE comienza ya a plantear este debate estratégico en todos los organismos de cooperación y coordinación de las fuerzas de la izquierda alternativa y transformadora europea en los que participamos.

Unidad Popular para disputar la hegemonía

2º.- Las políticas de convergencia de la izquierda para construir Unidad Popular y crear el bloque contra hegemónico, vinculadas al incremento de nuestra presencia en el conflicto social, a la incentivación y organización del mismo.

El PCE aprobó en la primera fase de su XX Congreso una apuesta firme por la unidad popular, sustentada en la movilización sostenida, en la vinculación de los conflictos y reivindicaciones sociales con un horizonte transformador y una base programática, con unos métodos acordes con el contexto socioeconómico y político de crisis y agresión del capitalismo a la clase trabajadora y a las capas populares. En la segunda fase de nuestro XX Congreso hemos continuado desarrollando esta propuesta alcanzando unas conclusiones mucho más concretas.

Los comunistas entendemos la unidad popular como una realidad socio-política que deviene de la realidad de las movilizaciones, y que se construye en los centros de trabajo, en los conflictos laborales, en las luchas contra el patriarcado y por la igualdad, contra los desahucios, por lo público, en defensa de las libertades, de los derechos sociales y ambientales, etc. y que luego debe plasmarse en un acuerdo político que dispute la hegemonía institucional a las fuerzas del régimen.

Por tanto el PCE se debe aplicar a participar en la construcción de espacios de poder popular desde los que combatir unitariamente las políticas del neoliberalismo, a la vez que socavar los cimientos del régimen monárquico del 78 que actualmente está en crisis aunque trata de regenerarse para mantener su dominio y dar forma al sistema social e institucional de nuestro país.

El PCE, a través de Izquierda Unida, forma parte de la coalición Unidos Podemos en la mayor parte del Estado, junto a Podemos y Equo. Participamos en Galicia en las Mareas, y en Cataluña en En Común. Con todas sus imperfecciones se trata de un importante punto de partida que nos obliga a desarrollar las anteriores expresiones políticas de unidad electoral como embrión del bloque contra hegemónico que aspiramos a construir. Nos permite además plantear una propuesta de trabajo unitario tanto a quienes ya forman parte de esos proyectos como a cualquier colectivo que aún no lo haga.

Avanzar en la unidad política requiere una previa base de trabajo conjunto entre quienes militamos en las anteriores organizaciones y otras muchas personas que sin militar ni en Podemos, ni en Equo ni en IU, ni en el Partido Comunista, sienten la necesidad de defender y construir unitariamente una alternativa de sociedad más justa que la actual, implicándose por tanto en el proyecto de construir un Nuevo País.

Nuestro reto es vincular a este proyecto ilusionante al conjunto de los asalariados y especialmente a los trabajadores dependientes a los que aspiramos a representar para alcanzar nuestro objetivo estratégico: la construcción de una sociedad alternativa de carácter socialista. Pero el bloque asalariado tiene contradicciones y es diverso. Atendiendo a esa diversidad y a las respectivas experiencias de lucha, nos encontraremos en este proceso de construcción de un nuevo país con personas y colectivos con diversos niveles de conciencia y de organización.

Nos debemos dirigir prioritariamente a aquellas personas a las que las políticas neoliberales y el proceso de globalización de la economía han situado en la exclusión social o en riesgo de entrar en esa realidad. Nos referimos también a sectores de pequeños empresarios y comerciantes, a autónomos y profesionales, y a una juventud de origen social diverso pero privada de las necesarias condiciones para tener una vida digna. Y, de nuevo, debemos ser conscientes de la pluralidad inherente en los objetivos y características organizativas de todo ello.

Para cumplir eficazmente nuestra tarea es conveniente contar con las organizaciones y movimientos organizados que ya vienen recogiendo el sentir y necesidades de estos sectores. Sin duda de manera insuficiente cuando no contradictoria, pero trabajando para mejorar las condiciones de vida de unos y otros. Una política de alianzas no se inventa a los aliados ni elige con quién trabajar entre los objetivamente interesados en los cambios que propugnamos, sino que trabaja con todos ellos atendiendo sus distintas características, diversidades y contradicciones.

Creemos que es imprescindible contar con todos los sindicatos de clase en la construcción de ese bloque de fuerzas enfrentadas a la política de austeridad y las fuerzas políticas que las defienden e implementan. La coincidencia de nuestro Partido en planteamientos y diagnósticos con los sindicatos de clase y con otros colectivos políticos nos obliga a concretar la praxis de alianzas que resumía Lenin: unidad más crítica. El trabajo unitario no supone la aceptación de cualquier posición y actuación de nuestros aliados, al igual que no podemos exigir a estos que acepten sin mas todas nuestras propuestas. La dialéctica de la crítica abierta y políticamente razonada es consustancial a nuestra política de acumulación de fuerzas y es la base para el imprescindible acuerdo de base programática.

Para garantizar un proceso de convergencia lo más sólido y exitoso posible y que despierte nuevas ilusiones entre una mayoría social ahogada por los recortes, hastiada por la corrupción y defraudada en sus expectativas, deberemos cimentar la unidad en torno a una praxis pegada al terreno y que permita paulatinas victorias tangibles, que dé lugar a una hoja de ruta programática capaz de presentar una alternativa lo suficientemente nítida y creíble como para suscitar el apoyo de las víctimas de la crisis y, llegado el caso, su implicación.

Todo este proceso debe ser impulsado por nuestra militancia y la de los otros colectivos que comparten este proyecto, pero además el proceso debe referenciarse en nuestros cargos públicos, desde el Congreso de los Diputados al grupo municipal más pequeño. Impliquemos en estos procesos a las instituciones en las que podemos tener influencia, especialmente al poder local como institución más cercana al ciudadano de a pie. Nuestra apuesta también consiste en convertir el trabajo institucional en un complemento de la lucha global, de aprovechar el papel que como tribuna pública pueden tener las instituciones en este proceso de acumulación de fuerzas, anteponiendo siempre la coherencia política frente a otras consideraciones del trabajo institucional.
Hemos aprobado en la XI Asamblea Federal de Izquierda Unida, la necesidad de superar dicha organización y caminar hacia un nuevo Movimiento Político y Social más amplio, que dé cobijo a los sectores de izquierda rupturista del Estado en torno a un programa político.

La militancia comunista debe por tanto trabajar en la construcción de un espacio de confluencia más poroso, abierto, flexible y que abandone la fórmula tradicional de partido político que ha adquirido IU desde hace décadas. Nada tenemos que perder por ello y sin embargo nuestro pueblo, y en especial la clase trabajadora puede ganar mucho, nada más y nada menos que su emancipación.

Hemos analizado con detenimiento en el Congreso cuáles son los colectivos susceptibles de incorporarse a este proceso, sean partidos, colectivos o personas independientes que, más que referenciarse en la actual IU, están dispuestas a generar con nosotros y nosotras un programa rupturista, que sea coordinado a través de una estructura organizada. En función de ello también hemos entendido que existen unos actores más determinantes que otros para éste proceso. Es con esos actores con los que deberíamos contar y trabajar prioritariamente:

- Las formas de organización de la intervención en los conflictos sociales, laborales y diversos colectivos en lucha.

- Partidos, colectivos y personas individuales con los que aún mantenemos vínculos porque participaron junto a nosotras en procesos de construcción de la denominada Unidad Popular.

- Personas de izquierdas, participantes en espacios de confluencia que carecen hasta ahora de vinculación a una organización política.

- Simpatizantes y entorno de las propias asambleas de base de Izquierda Unida a los que se debe un lugar protagónico, de decisión, y no de mera vinculación formal.

En nuestro Congreso nos hemos comprometido a trabajar por vincular a este proceso de construcción de Unidad Popular a las fuerzas y colectivos de la izquierda, invitándoles a que, antes del verano de 2018, participen en un encuentro Social y Político, ojala que autoconvocado, para comenzar a debatir aspectos programáticos entre todos los actores que hayan decidido construir ese proceso junto a nosotros. Este encuentro no lo entendemos como de IU sino que lo entendemos como un espacio de debate nuevo para intentar construir todos y todas juntas un programa común que nos una a todos los participantes en nuestra voluntad de transformar nuestra realidad.

El PCE tiene la responsabilidad y el deber de estimular activamente la propuesta de refundación de la izquierda y acometerla de manera eficaz y decidida. Nuestra credibilidad con los sectores rupturistas no integrados en IU depende en gran medida de ello.

Marxismo-Leninismo y sus consecuencias prácticas

3º.- La actualización de la definición ideológica del PCE y la adecuación de nuestras estructuras internas y métodos de trabajo a ésta.

Nuestro XX Congreso ha actualizado la definición ideológica del PCE, tal y como ha quedado plasmado en el artículo 1 de nuestros Estatutos:

“El PCE afirma el socialismo como alternativa para superar el sistema capitalista y basa su análisis de la realidad y su práctica política en las aportaciones del marxismo-leninismo y el socialismo científico, tradiciones que se enriquecen y renuevan constantemente e inspiradoras del pensamiento universal crítico, así como de prácticas revolucionarias, antiimperialistas y de liberación de los pueblos, haciendo suyos los principios que han atravesado históricamente a los movimientos comunistas que han contribuido al progreso de la humanidad, en especial la equidad e igualdad de género y la obligación ética de construir un modelo social y político respetuoso de la vida y del planeta.

El PCE aprende igualmente de las aportaciones políticas y culturales y de la experiencia de otros pueblos, de sus luchas y proyectos de liberación que tienen como objetivo la democracia plena y participativa, la supresión de cualquier forma de explotación, opresión y dominación patriarcal y la emancipación universal del género humano.

En coherencia con estos principios, el PCE es un partido revolucionario, internacionalista y solidario, feminista, ecologista, republicano, antifascista, federalista y laico”.

Que un Partido comunista se defina como marxista-leninista es algo absolutamente natural. Por el contrario, no tan natural ha sido la resistencia en nuestro partido a abordar el debate de nuestra definición ideológica sin prejuicios ni complejos. La razón de ser de esta situación deviene sin duda del debate sobre el Eurocomunismo iniciado en los años 70, un debate que desgraciadamente causó múltiples fracturas en el movimiento comunista europeo y escisiones varias en el PCE. Objetivamente el Eurocomunismo dejó de existir en Europa con la desaparición de los dos bloques antagónicos en nuestro continente tras la eliminación del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. Carecía absolutamente de sentido rehuir volver a una definición ideológica que es seña de identidad del movimiento comunista internacional y que deviene de su concreta historia de luchas y conquistas políticas. El marxismo es la doctrina política que nos permite analizar el mundo en el que vivimos con fundamento en las contradicciones entre clases sociales y la necesidad de superarlas en torno a un modelo alternativo de sociedad que necesariamente ha de ser socialista. El leninismo es la doctrina política construida por los marxistas para conquistar el poder político accediendo a las instituciones propias del capitalismo, para transformarlas en instituciones socialistas insertas en un modelo alternativo de nuevo Estado proletario. La definición ideológica aprobada en nuestro XX Congreso parte de esa evidencia con naturalidad, ya difícilmente podrá ser descalificada con actitudes propias de un debate finalizado hace casi 30 años, esto es acusándonos de no estar a la altura de los tiempos actuales o haber asumido una definición ideológica que nos retrotrae a anteriores situaciones históricas y políticas. La teoría de la gravedad de Newton o la de la evolución de Darwin fueron formuladas hace más de tres siglos, sin que a nadie se le ocurra descalificarlas por antiguas. La doctrina política, la ideología que nos identifica no es nuestro programa de construcción del socialismo en el Siglo XXI, solo los que miran al dedo que apunta a la luna pueden mantener esa absurda posición. Por el contrario, nuestra ideología es una herramienta de análisis de la realidad de la que se extraen conclusiones para construir estrategias de conquista del poder político adaptadas a la realidad más cotidiana. Por eso es una ideología útil, actualizada y actualizable, por sus herramientas analíticas y por las leyes dialécticas de las que devienen estas últimas. Sin duda no es tan antigua como la filosofía cristiana, como la ideología conservadora, definida por primera vez por Chateaubriand en 1819, o como la ideología liberal formulada por Locke a partir de 1658 o por Kant a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Pero por tratarse de una ideología transformadora, la marxista-leninista, se intenta descalificar como supuestamente no actualizada por los mismos que defienden presupuestos ideológicos seculares y que sucesivamente ha demostrado su ineficacia para acabar con la pobreza, la explotación, la crisis ecológica y la desigualdad.

Los comunistas, partiendo siempre de nuestra visión de la realidad dinámica como nos evidencia la ideología marxista-leninista, tenemos una visión del mundo en constante transformación y por ello continuamente actualizamos nuestros métodos de análisis y herramientas ideológicas,“(…) que se enriquecen y renuevan constantemente e inspiradoras del pensamiento universal crítico, así como de prácticas revolucionarias, antiimperialistas y de liberación de los pueblos, haciendo suyos los principios que han atravesado históricamente a los movimientos comunistas que han contribuido al progreso de la humanidad, en especial la equidad e igualdad de género y la obligación ética de construir un modelo social y político respetuoso de la vida y del planeta”, tal y como se indica en nuestros recientemente aprobados estatutos.

Nuestra definición ideológica por tanto no es un fin en sí mismo, sino una herramienta de análisis de la realidad que nos obliga -por haberlo establecido así nuestro Congreso- a adaptar nuestras estructuras de funcionamiento a dichos presupuestos ideológicos. El cambio más inmediato radica en la asunción del centralismo democrático en el funcionamiento de todos los órganos y organizaciones del PCE, esto es la aplicación por todas nuestras estructuras de los acuerdos políticos adoptados por mayoría en los órganos competentes tras el correspondiente debate democrático interno, así como el necesario debate en los órganos correspondientes de las temáticas propuestas democráticamente por nuestra militancia. Por ello, nuestra definición ideológica nos garantiza, -además de una visión dialéctica del mundo, de la historia y de la sociedad– una mayor cohesión y eficacia política en el funcionamiento interno, lo cual sin duda redundará en mayor consecución de los objetivos y retos políticos que nos tracemos.

Pero la adopción de definición ideológica supone un inmenso reto para el PCE. Su coherente aplicación debe traer como consecuencia el fortalecimiento de nuestro partido abriéndonos a nuestra sociedad y un incremento de nuestra influencia política y prestigio derivado de nuestra eficaz actuación en el conflicto social. Esa va a ser la forma de evaluar posteriormente si hemos acertado al asumir el marxismo-leninismo como definición ideológica, puesto que esta decisión implica evidentes obligaciones para honrar la muy sacrificada historia del movimiento comunista internacional, una historia que nos está prohibido denostar con fracasos. Si no obtenemos los resultados que buscamos, habremos convertido nuestra ideología en una devaluada etiqueta de un supuesto mercado de marketing político. Por ello, no esperamos magia o milagros como consecuencia de la adopción de una determinada definición ideológica del PCE, lo que esperamos es más organización, más trabajo político y más implicación de nuestro Partido con nuestro pueblo, demostrando que somos su herramienta más útil.

Difundir los acuerdos, organizar la lucha

4º.- Se inicia ahora un nuevo periodo de actividad política de nuestro Partido en el que deberemos explicar los acuerdos congresuales a la militancia, a todas las personas con las que trabajamos en nuestras distintas actividades políticas y en general a todos los actores de nuestro pueblo a los que estemos en condiciones de llegar. Debemos esforzarnos en explicar estos acuerdos vinculándolos a las necesidades de la clase trabajadora de toda España, con un lenguaje fácilmente comprensible y priorizando aquellas ideas y propuestas que aporten soluciones concretas a los problemas cotidianos de las personas. Nuestro Comité Central, reunido el pasado 14 de enero, acordó realizar esta tarea de explicación vinculándola tanto a nuestro trabajo de estímulo y organización del conflicto social como a nuestra actividad partidaria, concretamente a los actos de entrega de carnets del Partido que deberemos comenzar a realizar desde el mes de enero de este año.

Muchos éxitos a todas y todos los camaradas en el trabajo que nos toca emprender. Hagamos que nuestro pueblo se sienta orgulloso de tener al Partido Comunista de España.

Publicado en el Nº 312-313 de la edición impresa de Mundo Obrero enero 2018

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