Clave de sol

Hacia la huelga feminista Además de parar la producción, ahora también se incluye visibilizar, y en la medida de lo posible parar, la reproducción. Y eso también es trabajo, un trabajo invisibilizado, negado, silenciado. El trabajo de las mujeres

Sol Sánchez Maroto 01/03/2018

La huelga es el recurso de presión último, cuando la negociación y el diálogo ya no dan más de sí, que tienen los trabajadores y trabajadoras para luchar y defender sus derechos y cuya finalidad es obviamente parar la producción. Ataca al corazón del sistema, la economía, para conseguir el reconocimiento político de derechos, mejoras y demás demandas. Haciendo huelgas se consiguieron las jornadas de ocho horas, el derecho a vacaciones y casi todas aquellas cosas que definen las líneas –cada vez más difusas en estos tiempos- que separan el trabajo asalariado, siempre más o menos explotador, de la esclavitud.

Cuando se empezó a gestar, el año pasado, la huelga feminista del próximo 8 de marzo, muchos compañeros y alguna compañera arqueaban las cejas y en sus expresiones podía leerse una (más o menos rotunda según los casos) duda, que podría resumirse en la pregunta ¿cómo demonios encaja “huelga” en todo esto?

Pues además de parar la producción, ahora también se incluye visibilizar, y en la medida de lo posible parar, la reproducción. Y eso también es trabajo, un trabajo invisibilizado, negado, silenciado. El trabajo de las mujeres. El que no cuenta y se saca de las cuentas. Esas cuentas que dicen cuáles son los costes y los beneficios, qué es y qué no es rentable. Esas cuentas que nos dicen lo que sube o baja el PIB que nos dice tan poco sobre la realidad. Esas cuentas que son mentira y que escupen a la cara del esfuerzo, de la falta de descanso, y del trabajo múltiple de tantas y tantas generaciones de mujeres…

Efectivamente, y como toda huelga, esta es una huelga ideológica y por supuesto de muy crítica con, a directamente anticapitalista, porque no es “el sistema” en abstracto quien se sostiene a través de la sobreexplotación de las mujeres, el sistema tiene nombre y apellido; sistema capitalista y heretopatriarcal.

Las ideologías son en sentido amplio marcos de pensamiento a través de las que interpretamos el mundo que nos rodea, así un conservador dirá que es mejor mantener el orden actual que exponerse a caer en el caos para corregir desigualdades, un liberal que el mercado tiene una mano invisible que ajusta las cosas si nadie se mete por medio a distorsionarlas obviando las palmarias desigualdades de los diferentes actores y en este caso actrices sociales, un socialdemócrata que hay que corregir políticamente las desigualdades que produce el sistema hasta conseguir una especie de capitalismo de rostro humano. Y una feminista (y evidentemente aquí no ha lugar para quienes piensan que el feminismo es que Christine Lagarde sea la directora gerente del FMI o que hayan puesto este año una mesa de mujeres en el Foro de Davos), al menos esta que escribe, le dirá que todo el sistema capitalista es depredador, genocida y suicida, y que el propio sentido de lo que hoy conocemos como economía debe virar hasta poner la vida misma en su centro reconociendo la interdependencia y ecodependencia que la vida humana -lo más valioso que en realidad tenemos- tiene con los demás y con el medio. Que, por tanto, hemos de sustituir competitividad por cooperación, productivismo y extractivismo por otros tipos de desarrollo que no comprometan cada vez a menos largo plazo nuestra propia supervivencia, y que por supuesto se debe acabar con la explotación de todos y la sobreexplotación de las mujeres que produce tan magros beneficios para tan pocos y conseguir una vida digna de ser vivida para todos y todas. Así que sí Sra. Arrimadas esta huelga no debe gustarle a quienes representan los intereses del capital… porque sin duda no son los nuestros, son de hecho antagónicos.

A quienes les siga rechinando esto de “huelga feminista” una reflexión: En vez de seguir queriendo tirar la casa abajo haciendo equilibrios mientras removemos una a una las tejas del tejado, deberíamos empezar a plantearnos que dinamitar los cimientos sería mucho más efectivo, y no creo que haya mucha duda respecto al papel que juega en el sostenimiento del edificio capitalista el sistema heteropatriarcal.

Publicado en el Nº 314 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2018

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