#Huelgafeminista8mExisten sobradas y demasiadas razones para una huelga feminista laboral “Las trabajadoras de este país encabezan la explotación del conjunto de la clase obrera”

Anabel Segado 06/03/2018

No hace demasiado tiempo que conseguimos el preciso y certero análisis que adjetiva el sistema en el que sobrevivimos (lo de vivir cada vez nos es más ajeno a un mayor número de trabajadoras, la inmensa mayoría): capitalista y patriarcal, sustentado en la explotación de la clase obrera y en la explotación de la mujer. El 8 de Marzo, día histórico de la mujer trabajadora, día para denunciar la ignominia de la doble explotación.

Si hablamos del acceso a un trabajo remunerado, las mujeres tenemos multiplicado el problema. Nuestra capacidad reproductiva ha sido y es justificación para relegarnos al ámbito de lo privado y de las responsabilidades de reproducción y cuidados, que el sistema no quiere reconocer ni costear.

Si hablamos del tipo de empleo al que se nos facilita el acceso, las condiciones salariales, de jornada, de estructura sindical, de regulación normativa, incluso de no reconocimiento de derechos a prestaciones sanitarias y económicas, nos llevan a la imposibilidad de vivir dignamente y ser independientes económicamente a cada vez un mayor número de mujeres. A no ser incluso reconocidas como tejido productivo. Lo que existe, se regula mal y se desregulariza; Y lo que no existe, no se regula; y lo que no se regula, sufre más encarnizadamente un sistema sustentado en la explotación. Baste como ejemplo la situación de las empleadas del hogar en este país.

La pobreza sigue aumentando en cifras. Y detrás de esas cifras se esconden nombres. Y cada vez más nombres femeninos. La feminización de la pobreza, la precariedad y la injusticia. Las trabajadoras de este país encabezan la explotación del conjunto de la clase obrera.

Los Servicios públicos, imprescindibles para un Estado social y democrático de derecho, viene sufriendo las políticas de privatización y recortes, con afectación especial a sectores como la educación y la sanidad, en toda su extensión, y por tanto al empleo femenino en mayor medida y a necesidades específicas de las mujeres usuarias de dichos servicios. La falta de inversión y los recortes en políticas sociales, de igualdad y de protección a las víctimas de violencias machistas, empeorando las condiciones laborales de las trabajadoras de dichos sectores, multiplican el efecto devastador sobre la vida cotidiana de millones de mujeres, y no sólo de ellas, sino de las generaciones dependientes, de nuestras hijas e hijos, de nuestros mayores. Una espiral que nos afecta como clase trabajadora profesional de esos servicios y como clase trabajadora usuaria de los mismos.

El Sistema público de pensiones, en su regulación actual, no garantiza pensiones dignas a nuestras mujeres mayores, la mayoría de las cuales, después de toda una vida de trabajo sin descanso, se ven abocadas a pensiones no contributivas que las sitúa en los márgenes de la indigencia, y que son cada vez más difícilmente paliadas por las redes sociales o familiares, que recaen también en mujeres, en lugar de en un Estado que debería garantizar la supervivencia en condiciones dignas de todos sus miembros.

Y a la inversa, el número de mujeres que deben afrontar en solitario las necesidades de sus descendientes y/o ascendientes dependientes, con altas tasas de desempleo, temporalidad y precariedad, con salarios tan exiguos que siguen, mes a mes, año tras año, en los márgenes de la pobreza y el riesgo de exclusión social, tanto en tiempos de desempleo como de trabajo remunerado.

Las mujeres migrantes y refugiadas se ven sometidas a condiciones más cercanas a la esclavitud, soportando mayor grado de violencia por la negación de sus derechos más básicos, incluso el de ser humano digno de cuidado y protección.

La desigualdad y la explotación están instauradas en este sistema y de manera “legal”.

Organizaciones internacionales y Tribunales Europeos están advirtiendo y poniendo en entredicho estas políticas implementadas desde hace décadas, que han contribuido a aumentar la desigualdad real y a “legalizar” la discriminación, y cuyas consecuencias se visualizan más claramente en épocas de recesión económica.

Estas son algunas pinceladas resumen de la existencia paupérrima e injusta con la que nos levantamos cada mañana las mujeres por el hecho de serlo. Desde la brecha salarial que hace que nuestros salarios sean más bajos que los de nuestros compañeros hombres, por esa cuestión de género, hasta el mayor riesgo de perder la vida por el mero hecho de ser mujer. Entre medias de una y otra circunstancia, muchas y sobradas razones para una Huelga Feminista. Basta ya! Si nosotras paramos, se para el mundo. Si nosotras nos movilizamos, se mueve el mundo.

Publicado en el Nº 314 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2018

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