Parar, para compartir los cuidados El movimiento feminista reivindica que el trabajo doméstico y de cuidados sea asumido como una responsabilidad de todos y todas, de la sociedad y del Estado.

Gema Delgado 05/03/2018

“Estoy cansada de “tirar del carro”, quiero, exijo que se me respete como a un igual”, escribe una mujer que firma como Ana Belén Gonzáles en respuesta a un artículo sobre, la concentración, casi exclusividad del cuidado de la familia por parte de la mujeres. Y se pregunta indignada: “¿Quién ha establecido que sacar a la familia adelante, a nuestra costa, vaya implícito en nuestros genes? ¿Cómo es posible que a estas alturas sigamos padeciendo esta tiranía patriarcal?

Son preguntas que se suman a las reivindicaciones del argumentario de la Huelga Feminista del 8 de Marzo “hacemos huelga porque las mujeres seguimos realizando el trabajo doméstico y de cuidados para cubrir las necesidades básicas. Un trabajo imprescindible para la reproducción social de la vida que se invisibiliza y no se reconoce y que realizamos en contextos de precariedad creciente”. En el ámbito familiar este trabajo se hace de forma gratuita y precarizada y en el mercado laboral “en condiciones de explotación que van desde la precariedad a la trata laboral”.

Ni los hombres ni el Estado están asumiendo su responsabilidad en el cuidado de la vida. Más de diez años después de aprobarse la conocida como Ley de Dependencia, uno de cada tres dependientes, cerca de 350.000 personas en España, no reciben ningún tipo de prestación o servicio. “Hacemos huelga porque los recortes en sanidad, servicios sociales, educación y dependencia se hacen a costa del trabajo y el tiempo de las mujeres... y lleva a que las mujeres tengamos que suplir a los servicios públicos, renunciando a sus proyectos y deseos “minando nuestros tiempos personales, nuestra vida y nuestra salud” además del desarrollo personal y las prestaciones sociales.

Cuando se trata del cuidado de los familiares dependientes, el 85% de la carga recae sobre las mujeres. Y en el caso del cuidado de menores de 3 años es parecido. Según el CIS, en el 82% de los casos lo realiza la madre, en el 7,5% la abuela y los padres en el 4,8%.

Los resultado de esta sobrecarga, con la falta de la corresponsabilidad de los hombres, se refleja en la vida laboral, en la feminización de la pobreza a lo largo de la vida, en salarios menores, en una base de cotización más baja, en su dependencia económica... “Hacemos huelga porque las dobles jornadas de trabajo nos obligan en muchas ocasiones, y contra nuestra voluntad, a jornadas a tiempo parcial, con consecuencias importantes sobre los salarios, las carreras profesionales y nuestras condiciones de vida, y supone mayor precariedad y vital”.

Según el INE, en torno al 95% de las personas que no tienen empleo por cuidar de dependientes son mujeres. Y una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Empleo (INE) hace dos años desveló que un 37,5% de las mujeres no busca empleo porque no puede pagar los servicios para el cuidado de los menores, mientras que eso sólo le sucede al 10% de los hombres.

Otras se ven presionadas a recortar su jornada laboral, o se la recortan. El 75% de la contratación a tiempo parcial en España es ocupada por mujeres y eso hace que perciban salarios inferiores. Y 9 de cada 10 permisos y excedencias por cuidados los piden las mujeres.

La falta de corresponsabilidad de los cuidados también es uno de los factores claves que están detrás de la desigualdad laboral y la brecha salarial de género, primero en salarios, que es el 23%, y luego en unas pensiones contributivas muy inferiores. La misma falta de corresponsabilidad está detrás de ese techo de cristal en que sólo el 10% de los puestos de liderazgo está ocupado por mujeres. De hecho, las mujeres siguen destinando una media diaria de 2 horas y media de trabajo más que los hombres a las tareas del hogar.

El argumentario para esta Huelga Feminista del 8-M recoge detalladamente los motivos y las reivindicaciones. Explica que esta Huelga de cuidados no pretende que paren los cuidados, sino que se visibilice y reconozca el valor y dignidad del trabajo doméstico y de los cuidados, que se realicen en condiciones de corresponsabilidad y sean asumido como una responsabilidad de todos y todas, de la sociedad y del Estado. Se hace huelga para evitar que el modelo económico se base en una división sexual del trabajo. Para que las Administraciones públicas garanticen de forma irrenunciable y prioritaria los servicios públicos y de protección social: sanidad, educación, servicios sociales, ayuda a la dependencia, vivienda social. Para que la maternidad deje de ser un obstáculo para acceder al empleo y la atención a los hijos e hijas sea equitativa. Para que se valoricen los trabajos que generan bien común. Y para que cuando los cuidados salen al mercado se garanticen los derechos de las trabajadoras y puedan desarrollarlos en unas condiciones justas. “Con esta huelga queremos hacer patente que el sistema económico colapsaría sin nuestro trabajo cotidiano de cuidados”.

Publicado en el Nº 314 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2018

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