Marx y menos

Tonto el último ¿Pero los trabajadores y las trabajadoras no asaltaron los bancos? ¿Cómo soportan la dictadura del capital? ¿Cómo aceptan la precariedad? ¿Cómo aceptan esos contratos de mierda?

Constantino Bértolo 05/03/2018

- Hola Marx

- Hola Menos ¿Qué me cuentas?

- Pues por aquí, dándole vueltas al revoltijo laboral en el que estamos viviendo últimamente.

- Y en qué consiste ese revoltijo ¿algo nuevo?

- No, no, es lo de siempre pero con más lío.

- Vamos, la explotación de siempre.

- Sí, el mismo paisaje laboral pero ahora creciendo en él toda una legión de contratos que los empresarios usan para abonar y cuidar su huerto. No sé en tus tiempos, pero aquí y sobre todo desde las reformas laborales del PSOE y el PP, han proliferado mil y una variantes de formas de contratación: fijos, fijos continuos, fijos discontinuos, indefinidos, a tiempo parcial, de obra, de servicios y etcétera, etcétera. Un endiablado rompecabezas jurídico laboral que crea enorme confusión y la confusión ya se sabe que siempre es buena para los jefes de Recursos Humanos.

- Ya me imagino. Como diría Aristóteles el ser de la explotación es uno pero se dice de muchas maneras.

- No te puedes imaginar. Lo malo es que los árboles no dejan ver el bosque. Tanta variedad dificulta ver lo que en verdad está pasando: que la condición precaria está imponiéndose ya no solo en lo laboral sino en lo ideológico, en la visión del mundo, en las relaciones sociales de todo tipo y carácter. Apenas el 3,4% de los contratos firmados este año son indefinidos y a jornada completa. Nada menos que el 34,5% de los 19,2 millones de contratos que se firmaron entre enero y noviembre de este año pasado fueron contratos a tiempo parcial y además el porcentaje de contratos con duración de 7 o menos días fue en 2016 el 25% de todos los contratos firmados. Lo asombroso es que encima nos están vendiendo la precariedad como algo positivo, como posibilidad de que nuestras vidas sean más autónomas y no dependan tanto de la “vieja condición” de los contratos indefinidos “para toda la vida”. Eso nos venden y lo terrible es que buena parte de la sociedad se lo estamos comprando.

- Claro, a través de los medios de producción de la falsa conciencia los amos del tinglado capitalista tratan siempre de imponer esa visión, pero las condiciones objetivas, la realidad, también dice lo suyo y pondrá de relieve lo que la precariedad tiene de incertidumbre, inseguridad, servidumbre y sometimiento.

- Pues mira, no sé que decirte. Cuando la crisis mostró su cara más dura y los trabajadores y trabajadoras vieron que sus expectativas de vida entraban en situación de riesgo, las famosas condiciones objetivas sí que empezaron a condicionar lo que la gente pensaba o temía. Curiosamente entonces, y aunque por corto tiempo, se volvieron a acordar de ti y de tus escritos. Nació entonces la queja y la indignación entre los más afectados pero tampoco llegó la sangre al río y más bien se empezó a hablar de un capitalismo malo, ebrio, excesivo, que se había pasado de rosca y la sangre se quedó en tinta reformista, con propuestas para reconducirnos hacia un capitalismo bueno, honrado, menos depredador, sin demasiada corrupción ni excesivas desigualdades.

- ¿Un capitalismo bueno? Vaya disparate.

- Algo así, que el capitalismo malo malo no era tanto el productivo como el capitalismo financiero que ese sí era el malo malote que realmente nos chupaba la sangre al 99% de la humanidad.

- ¿Un capitalismo productivo y otro financiero? ¿Como si no fueran las dos caras de una misma moneda?

- Economistas tiene la Santa Madre Iglesia del Capital que propagaron la idea por tierra, mar y aire.

- ¿Y los comunistas qué? ¿Qué decían todos esos que se llenan la boca de marxismos y críticas al marxismo desde dentro y fuera del marxismo?

- Pues de todo. La mayoría hablando que si la teoría del valor por aquí o las entropías por allá. Pero nada o casi nada de acabar con la propiedad privada de los medios de producción y mucho menos nada de mentar la planificación o la bicha de la dictadura del proletariado.

- ¿Pero los trabajadores y las trabajadoras no asaltaron los bancos? ¿Cómo soportan la dictadura del capital? ¿Cómo aceptan la precariedad? ¿Cómo aceptan esos contratos de mierda de siete o menos días de duración y a siete euros la hora? Quiero pensar que “el deseo de revolución” que es lo que transforma a los trabajadores y trabajadoras en proletariado revolucionario estará a punto de cuajar.

- Pues la verdad es que al respecto yo no soy muy optimista. No veo ese deseo de revolución del que hablas. Imaginaba que a lo mejor tú tenías una explicación de por qué no pasa la revolución que debería pasar.

- Tendré que pensarlo. Debe ser cosa de la subsunción del trabajo por el capital. Le daré vueltas y otro día te cuento mi opinión ¿Pero tú qué piensas?

- Yo tengo la impresión de que nos ganaron la guerra fría y la guerra caliente y han creado e impuesto la sensación de que todas las vidas giran alrededor del capital. Muchos trabajadores piensan que es el capital el que les “da trabajo”, que son los empresarios los que “crean y dan” trabajo. Muchos asumen eso, consciente o inconscientemente, como verdad. Entienden que es el capital el que gestiona el vivir, que de él dependen sus vidas. Se nos ha venido convenciendo de que un trabajador no es sino un empresario fracasado y que cuando los empresarios nos dan trabajo hay que estarles agradecidos. Y se acepta esto como verdad.

- Pero los comunistas ¿ya no agitan ni propagan la mentira de esas verdades?

- Bueno, de eso también hablaremos otro día que ahora tengo prisa: he visto un anuncio solicitando un trabajo de hostelería en el futuro hotel de la Plaza de España y no quiero llegar el último. Tonto él último que se dice.

Publicado en el Nº 314 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2018

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