Mundo multipolar

Impulsar un nuevo debate de Estado sobre seguridad y defensa Si no lo remediamos, España aumentará un 80% de su gasto militar. El gasto real ahora es de 18.776 millones de euros.

Willy Meyer 06/03/2018

Han pasado 32 años desde la última vez que la sociedad española tuvo la oportunidad de debatir y refrendar el tipo de Seguridad Nacional que sería la más conveniente para hacer frente a posibles amenazas exteriores. En aquella ocasión, antes de la realización del referéndum de la OTAN (marzo 1986), se produjo un intenso y amplio debate social que implicó a la inmensa mayoría de las organizaciones sociales y políticas sobre el tipo y características de la política de seguridad y defensa que debería tener España. Se organizaron mesas redondas, debates en universidades, en medios de comunicación, actos y manifestaciones públicas donde se explicitaban dos posiciones: la partidaria de permanecer de forma condicionada en la OTAN y la que reclamaba un modelo de seguridad autónomo de cualquier alianza militar. El resultado del referéndum es conocido, ganó el sí a la permanencia en la OTAN con tres condiciones: la retirada progresiva de la fuerza norteamericana de las bases aeronavales, la no nuclearización de nuestro territorio y no formar parte del comité militar de la OTAN. Esas condiciones nunca se cumplieron y por tanto se podría concluir que aquel gran debate (el único de esas características que se produjo en la historia de España), no tuvo en cuenta la opinión mayoritaria de la sociedad.

Desde entonces al día de hoy, se ha configurado un modelo de seguridad consensuado por los distintos gobiernos del PSOE y PP, que nos aboca irremediablemente a subordinar nuestra seguridad y por tanto nuestro sistema de defensa a la seguridad, diseñada por los distintos “conceptos estratégicos” de la OTAN, conceptos establecidos al dictado de los intereses de las diferentes Administraciones de los Estados Unidos.

A la nueva doctrina establecida en 1999, por la que la Alianza Militar puede intervenir en cualquier parte del mundo sin la autorización expresa del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (violación de la Carta de NNUU), se suma la propuesta de responder militarmente a fenómenos, que hasta entonces se entendía deberían ser tratados policialmente en colaboración con los Servicios de Inteligencia, como el crimen organizado o el terrorismo. Y su propuesta de responder militarmente a los fenómenos de la inmigración (art. 13 Declaración Universal de los Derechos Humanos), acredita el grado de degradación de los valores humanos de la Alianza Atlántica.

Pero ahora nos encontramos con un problema añadido. El Presidente Trump presentó en diciembre pasado el nuevo documento de Estrategia Nacional de los EEUU por la que Rusia y China se convierten en enemigos de sus intereses y para responder a ese nuevo escenario aumentará un 10% su gastó militar y un 35% sus efectivos en Europa. Es en ese contexto, donde se exige a los países miembros de la OTAN, que se alcance un 2% del PIB en sus presupuestos de defensa en la próxima década.

España aumentará (si no lo remediamos) un 80% de su gasto militar, siendo su gasto real al día de hoy de 18.776 millones de euros, para “ayudar” a los EEUU en su lucha frente a China y Rusia para no perder su liderazgo de superpotencia.

La última Directiva de Defensa Nacional aprobada por el gobierno del PP (2012) documento que fija, según su criterio, las posibles amenazas, concreta que “España, debido a su situación estratégica, debe consolidar un marco seguro en el Mediterráneo, sin olvidar la importancia que tiene la estabilidad del entorno inmediato, Oriente Medio y el Sahel, y asegurar el control sobre los tráficos ilícitos que tienen su origen en Iberoamérica y el golfo de Guinea”.

Si eso fuera así, ¿Qué hacen nuestros 6 carros de combate Leopard, 14 vehículos blindados, 300 militares y 80 vehículos en Letonia? ¿Y los 5 ó 6 cazabombarderos Eurofighter a desplegar en Lituania? La respuesta es sencilla, colaborar en una política diseñada en Washington, que nada tiene que ver con los intereses de nuestra defensa y seguridad.

Llegados a este punto, y por nuestra propia seguridad, es el momento de impulsar de nuevo un gran debate de Estado con la participación social y académica más amplia posible para dar respuesta a algunas preguntas:

¿Qué amenazas tiene España?

¿Qué respuesta hay que dar a esas amenazas?

¿Qué tipo de fuerza y que gasto deberíamos tener frente a esas amenazas?

¿Qué papel debe jugar España teniendo en cuenta su situación geoestratégica?

¿Debe España formar parte de una Alianza Militar?

¿Debemos contribuir a la desmilitarización de la seguridad y la prohibición y destrucción ecológica de todo el arsenal de armas de destrucción masiva (ABQ)?

¿Qué tipo de contribución para la Seguridad y la Paz Mundial debe hacer España y con qué límites en el marco europeo e internacional?

A la lógica del PP, reacio a garantizar a través de los Presupuestos del Estado la sostenibilidad de las pensiones, pero decidido a incrementar el gasto militar hasta donde nos digan los EEUU, hay que anteponer la lógica real de nuestros intereses sociales, económicos y políticos, a través de ese gran debate, que permita al conjunto de la sociedad pronunciarse por todas y cada una de las preguntas.

La lógica del Presidente Trump no es, no debería ser, la lógica de la sociedad española.

¿Nos emplazamos a impulsar ese debate?

Publicado en el Nº 314 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2018

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