Mike Pompeo, como director de la CIA coordinó con Arabia la agresión a Siria... y la ayuda a grupos yihadistas Operaciones sucias de la CIA y diplomacia norteamericana No echaremos de menos a Tillerson, pero Pompeo puede llevar más tensión, más dolor y más amargura a muchos territorios del mundo.

Higinio Polo 14/03/2018

Las horas de Tillerson al frente de la diplomacia norteamericana estaban contadas, y, al parecer, en Washington todo el mundo lo sabía. Las diferencias de criterio del empresario petrolero con Trump eran notorias, y llegaron al punto de que el responsable del Departamento de Estado definiese al presidente norteamericano como un “estúpido”, calificativo que no parece muy alejado de la realidad, a la vista de su proceder, de sus salidas de tono con dirigentes de otros países, de sus insultos a oponentes políticos, de su amenazas a Corea del Norte y a Irán, y de sus bravatas ante la Unión Europea, ante sus aliados de la OTAN, y ante China y Rusia. También eran públicas sus diferencias a la hora de afrontar diversos escenarios de crisis: Trump, ebrio de su propio poder como presidente de los Estados Unidos, ha creído que puede imponer sus criterios, aunque ignore las complejidades de la situación internacional y muestre una grave y peligrosa ignorancia: en su primera conversación telefónica con Putin, tuvo que preguntar a sus asesores, sobre la marcha, qué era el START III.

Tillerson ha sido despedido a través de un tuit, y las personas que Trump ha dispuesto que pasen a ocupar otras funciones no auguran nada bueno. Al frente de la diplomacia norteamericana pone a Mike Pompeo, hasta ahora director de la CIA, viejo miembro del Tea Party, y duro halcón republicano, con intereses petroleros, veterano de la guerra del Golfo en Iraq, un hombre que ha manifestado posiciones racistas y xenófobas, y que tiene criterios tan extremistas y delirantes que incluso le llevaron a calificar a Obama como “comunista”. Pompeo coordinó con Arabia la agresión a Siria, ha intervenido en la organización de las redes terroristas en el interior sirio y en la ayuda a grupos yihadistas que combaten contra el gobierno de Damasco, y, por añadidura, se muestra contrario a cerrar la cárcel de Guantánamo, y ha llegado a burlarse de los prisioneros que mantiene allí su gobierno. Ese inquietante personaje ha acusado también a Rusia de su “agresión” en Ucrania, aunque, como director de la CIA desde 2017, supiese perfectamente que fue el gobierno de Obama quien organizó la logística para el golpe de Estado del Maidán en 2014. Pompeo, además, se ha mostrado contrario al pacto nuclear firmado con Irán en 2015 por las cinco potencias permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania. Pompeo se alineaba así con la agresiva posición de Israel, frente a la postura favorable al acuerdo de los países europeos. Por si faltaran muestras de su agresividad, Pompeo es partidario del acoso a Corea del Norte, llegando, según formuló, hasta el “cambio de régimen”. Ese es el amenazador personaje que, a partir de ahora, va a dirigir la diplomacia norteamericana.

Tras Mike Pompeo, también ha llegado a primera línea Gina Haspel, hasta ahora subdirectora de la CIA, y que pasará a dirigir la agencia de espionaje norteamericana. Haspel no es tampoco un personaje tranquilizador: fue la responsable de una cárcel secreta de la CIA en Thailandia, denominada Cat's Eye (Ojo de Gato), en la peculiar jerga de los letales servicios secretos norteamericanos, y allí supervisó las torturas a los detenidos. Además, Haspel ha dirigido operaciones secretas, ilegales, de comandos asesinos en diferentes zonas del planeta, sobre todo en Oriente Medio y en África; ha supervisado los programas de tortura a los detenidos, hasta el punto de que organismos europeos de defensa de los derechos humanos llegaron a pedir en Alemania que se dictara una orden de detención contra ella. Haspel ha sido acusada de ser una “criminal de guerra” por su trayectoria a lo largo de treinta años de servicios en la CIA. Un siniestro personaje que, ahora, dirigirá la CIA por encargo de Trump.

Los escenarios de crisis en el mundo son muchos, y algunos de una gran complejidad, circunstancia que aumenta los riesgos a la vista de la ignorancia, la improvisación y la jactancia de Trump, propenso a las bravatas y a las declaraciones insultantes y agresivas. El acuerdo nuclear 5+1 con Irán, cuestionado por Trump; la belicosidad mostrada por el Pentágono en sus maniobras militares ante Corea del Norte, frente a la necesidad de que la crisis en la península de Corea se aborde en la mesa de negociaciones, tal y como plantean Pekín y Moscú; las amenazas de nuevas guerras comerciales de Estados Unidos con la Unión Europea, y con China y Rusia; la guerra en Siria, las peligrosas fricciones en Europa Oriental, en el Mar Negro, y en el Mar de la China del Sur, donde el Pentágono prosigue con sus operaciones de acoso y espionaje, las diferencias sobre los escudos antimisiles norteamericanos y sobre el armamento nuclear (el START III vence en 2020), son, todos ellos, asuntos de una enorme importancia para los que Trump no se encuentra preparado, y para los que su decisión de poner a un halcón como Mike Pompeo al frente del Departamento de Estado no augura nada bueno.

No echaremos de menos a Tillerson, pero Pompeo puede llevar más tensión, más dolor y más amargura a muchos territorios del mundo.

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