Brasil, intento de Golpe Judicial contra Lula La acusación contra Lula la hizo un empresario corrupto a cambio de una rebaja de condena. Hasta en el New York Times se cuestionan las acusaciones.

Jorge Grela 15/03/2018

En octubre de este año hay elecciones presidenciales y al Congreso en este gran país, grande por extensión y geopolítica regional e incluso mundial.

El Poder real, ése que no se presenta a consulta democrática alguna, desde hace años viene trabajando para revertir en Brasil y toda América Latina los avances sociales. Señala el politólogo Atilio Borón que el Imperio (léase EE.UU) quisiera volver a 1958, es decir antes del triunfo de la Revolución Cubana. Y no repara en medios para sus objetivos.

El ex sindicalista y ex presidente de Brasil entre 2003 y 2010, Luis Ignacio Lula Da Silva, es el político más apreciado. Sus políticas sociales lograron reducir la pobreza en más del 50%, la pobreza extrema en un 65% y el salario real aumentó un 75% bajo su mandato. Claro que cuando la riqueza se reparte, las oligarquías locales y las multinacionales no ganan lo que quisieran. Y la política y a los políticos no pueden ser dirigidos desde Washington.

Durante décadas funcionó la Escuela de las Américas, donde el Pentágono instruía a militares latinoamericanos para ser sus representantes en los gobiernos dictatoriales, fuertes en la represión social y dóciles ejecutores de las órdenes yanquis. Ante los avances organizativos de los movimientos sociales y su traslado a gobiernos de centroizquierda, el siglo XXI trajo una modificación táctica de las políticas de dominación para mantener el objetivo estratégico. Es el vaciamiento de las democracias, que algunos analistas denominan ya como “democraduras”. Apoyándose no sólo en el poder financiero, sino también en el mediático y el judicial. Cabalgando en errores y titubeos, buscan retomar el control total.

La presidenta Dilma Roussef fue destituida por una Cámara Legislativa inundada de comprobados corruptos. Lula es acusado sin pruebas de haber aceptado sobornos por parte de una trama empresarial que "compraba" voluntades de la estatal Petrobras. Hasta el New York Times reconocía el pasado 23 de enero que las supuestas evidencias "están por debajo de los estándares que se tomarían en serio en el sistema judicial estadounidense". El caso concreto es que se le acusa de recibir un piso en pago de favores económicos. No se pudo probar que Lula (o algún familiar suyo) fuese el nuevo titular del piso en cuestión. No se encontró documento alguno que avalara esa tesis. Tampoco que el expresidente siquiera haya estado en esa propiedad. Todo se basa en la declaración de un empresario corruptor realizó a cambio de una sustancial rebaja de su condena. Además de la consiguiente campaña mediática contra Lula y el Partido de los Trabajadores (PT). Inclusive en el artículo mencionado del New York Times, el autor Mark Weisbrot recuerda la falta de parcialidad de los jueces que integran la Cámara de Apelaciones que ha "revisado" el caso.

¿Porqué ese ensañamiento? Persigue un doble objetivo. Por una parte quitar de la carrera electoral al dirigente centroizquierdista que actualmente encabeza holgadamente las encuestas. Contratiempo que las multinacionales, el Pentágono y Wall Streat no pueden permitir, no solo por las consecuencias en Brasil, sino por las repercusiones regionales que ello implica. Por otra parte instalan la idea que todos los políticos son corruptos y que no hay alternativa viable al capitalismo (neoliberal o no).

Pero el candidato del PT no se da por vencido. A finales de julio se oficializará su candidatura. Mientras tanto Lula tiene dos instancias más para recurrir, lo cual implica un periodo de al menos un año y medio. En ese lapso Lula puede presentarse, ganar las elecciones y ser investido presidente. En ese caso todo se "congela" durante el tiempo en que mantenga el cargo.

La jugada leguleya sería acelerar abruptamente los tiempos judiciales para condenarlo definitivamente. Aun así sería difícil que se efectúe antes de la proclamación de Lula como candidato. En ese caso, ¿qué consecuencias sociales viviría Brasil? ¿Y si la condena se produce siendo ya candidato? Peor escenario se presenta si gana las elecciones y pretenden encarcelarlo antes de asumir como Primer Mandatario. Y ante las previsibles revueltas sociales en respuesta a la condena (recordemos que sin pruebas), cabría preguntarse qué medidas tomarían para acallarlas. Preocupantes son las alternativas . Sobre todo teniendo en cuenta el rearme del Comando Sur de los EEUU. Una de cuyas principales cabezas civiles es Lilian Ayalde, quien fuera embajadora en Paraguay y Brasil, coincidiendo con los golpes "blandos" que acabaron con las presidencias de Fernando Lugo y Dilma Roussef. No hay casualidades.

Atilio Borón advierte que los empecinamientos terminaron catalizado revoluciones. Más allá de una Justicia obsecuente con el Imperio, Lula y el pueblo brasileño tienen la palabra.

Publicado en el Nº 314 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2018

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