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Los terroristas bombardean Damasco desde el suburbio de Guta Insinúan armas químicas en un intento desesperado de poder justificar una intervención militar de los Países Occidentales

Willy Meyer 23/03/2018

Guta o Ghouta Oriental es un suburbio de Damasco, la capital de Siria, donde los rebeldes, incluidas milicias vinculadas a Al-Qaeda, bombardean la capital desde enclaves como Kafr Batna o Duma situados a tan solo 8 o 12 km del centro histórico de Damasco, el equivalente a un Madrid sometido a ataques artillados desde Cuatro Vientos o desde el aeropuerto de Barajas.

Aproximadamente unos 10.000 hombres armados se escudan en la población civil de Ghouta (430.000 civiles) para realizar sus acciones terroristas y evitar así una respuesta militar contundente por parte de las fuerzas leales al gobierno sirio. Desde este enclave, los grupos de Ahrar al-Sham y Junta de Liberación del Levante (Hayat Tahrir Al-Sham), liderados por el Frente Al-Nusra, vinculados a Al-Qaeda, lanzaron una operación en el mes de diciembre para hacerse con la estratégica base de blindados de Harasta, cercándola con la intención de controlar la zona.

El Ejército sirio consiguió romper el cerco con el “Batallón de Asalto” de la novena división blindada y las fuerzas rebeldes se replegaron de nuevo a Ghouta, donde siguen realizando en la actualidad acciones militares contra la población de Damasco, creando una situación crítica en la propia población de Ghouta desde el punto de vista humanitario y social, al impedir que los civiles abandonen el territorio ocupado bajo su control.

Esta es la táctica inhumana, condenada por el Derecho Internacional, que utilizan las fuerzas rebeldes escudándose en la población civil para proseguir sus acciones armadas contra el gobierno sirio. Esa táctica criminal es silenciada o apoyada (según los casos) por todos los Estados Occidentales que, bajo el liderazgo de la Administración Norteamericana, pretenden cambiar el actual régimen sirio, posicionado en el tablero de Oriente Próximo a favor de Irán y Rusia y confrontado con Israel y Arabia Saudí, los aliados fundamentales de los Estados Unidos y la OTAN. Una vez más, la lucha por la hegemonía de los EEUU en una zona vital como Oriente Próximo, arrastra al resto de los países Occidentales y a la Unión Europea, a vulnerar la Carta de las Naciones Unidas, esto es, el Derecho Internacional (art.2.4 :Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas.)

Teniendo en cuanta el drama de la población de Ghouta sometida a una violencia extrema, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó una resolución el 24 de febrero (nº2401) demandando un alto el fuego de 30 días para permitir la llegada de ayuda humanitaria y la evacuación de heridos y enfermos de Ghouta. La resolución aclaraba que podrían seguir en todo momento las operaciones militares del gobierno sirio contra grupos reconocidos como terroristas por NNUU, como el Estado Islámico o el Frente Al-Nusra, este último utilizado objetivamente por Occidente como ariete para el derrocamiento de Bashar al Assad.

Desde el 27 de febrero, se producía un alto el fuego en Ghouta durante 5 horas, que pretendía permitir el acceso de los servicios de asistencia sanitaria a heridos y enfermos y la evacuación de aquellos que quieren abandonar la zona de guerra. Ese alto el fuego precario ha contado con la resistencia de los grupos rebeldes y terroristas que saben que sin la población civil como escudos, su actual posición tan cercana a Damasco caería como sucedió con la ciudad de Alepo en 2016 tras una dura batalla entre las fuerzas gubernamentales y las rebeldes.

Los políticos y la mayoría de los medios de comunicación occidentales acusan al Gobierno sirio de haber atacado a los civiles durante las últimas operaciones contra los terroristas de Ghouta. Sin embargo, obvian que son los grupos terroristas, auspiciados desde occidente, los causantes de la desestabilización y de crímenes contra la población civil. Esos mismos medios suelen describir las «atrocidades» del Ejército sirio e ignoran las constantes lluvias de minas y proyectiles, cohetes y balas explosivas y ataques suicidas contra civiles sirios en zonas residenciales de Damasco, como Darbar y Durmur, perpetrados por terroristas de las diferentes facciones rebeldes.

En una fase crítica del conflicto, para los EEUU y su Santa Alianza, perder Ghouta significaría un golpe muy serio en su perspectiva de ganar la guerra contra el Gobierno sirio y por tanto, de poder asegurarse un mejor dominio de esa zona geoestratégica vital en su lucha contra Irán y Rusia. Conocedores de esa crítica situación para sus intereses, comienzan a lanzar insinuaciones, no comprobadas, sobre el posible uso de armas químicas por parte de las fuerzas gubernamentales, al objeto, en un intento desesperado, de poder justificar una intervención militar extranjera de los Países Occidentales. La realidad es que Siria procedió a desmantelar su arsenal químico en 2014 (1.300 toneladas) bajo control de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), en una operación “histórica y sin precedentes” según afirmó su Director General, Ahmet Uzumcu en cooperación con las Naciones Unidas.

Publicado en el Nº 314 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo abril 2018

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