Esperando a los bárbaros

Desaprender Hombres de todos los países, es el momento de desaprender.

Felipe Alcaraz Masats 02/04/2018

Un decálogo para desaprender nos puede ayudar a los hombres, que también deberíamos colgar el delantal en la ventana: el que hemos aprendido a utilizar.

1. No ayudamos en las tareas domésticas, porque no son “propiedad” de las mujeres, no deben ser su territorio más genuino. Es una empresa conjunta.

2. Cuando las mujeres dicen “si nosotras paramos, se desploma el sistema”, no están haciendo un ejercicio “supremacista”, sino que describen una realidad: en gran parte el sistema y las cuentas de resultados de las grandes empresas se montan sobre la gran cantidad de trabajo no pagado que realizan las mujeres.

3. Hay que comprender que el amor romántico, que neutraliza y paraliza, suele desembocar siempre en trabajo no pagado y en subordinación.

4. Un 7 de abril de 1327 se creaba el amor romántico, el amor apropiación. Fue el día en que Petrarca vio por vez primera a Laura en la puerta de la iglesia de Aviñón, la miró tentacularmente y pensó que sería suya, que sería su media naranja y que ya no se separarían jamás. El amor bonito establecía fronteras para las mujeres, que en muchas ocasiones han sido fronteras de cuchillos. Una frontera que impedía que las mujeres pudieran llegar a ser una naranja entera.

5. La brecha salarial demuestra el semipapel asignado a las mujeres. Pero hay otras muchas amputaciones de clase.

6. Alejandra Kollontai ya desarrolló la tesis que conducía a la idea de que el patriarcado no se acabaría con la derrota del capitalismo, que va más allá y que viene de mucho más lejos.

7. El amor no ha existido siempre. No es un tema eterno. Es perfectamente historizable, como materiales e históricos son sus efectos sobre la producción y las asignaciones de la plusvalía.

8. Una mujer no nace; puede llegar a serlo (Ay, Simone). Una mujer en sí puede llegar, a través de la toma de conciencia, a ser una mujer para sí, dejando atrás su papel como ama de casa en cuanto elemento de cohesión y como fábrica de miedo para asumir familiarmente las condiciones de reproducción de la explotación y el dominio. Una mujer para sí, por tanto, es esencialmente anticapitalista y no trabaja en el miedo cohesionador sino en todo lo contrario.

9. Mientras las mujeres amábamos, los hombres gobernaban. Kate Millet.

10. Se refiere Millet al amor dominación. Debe haber también un amor para sí. Y si el amor no debe cohesionarnos en unas relaciones de producción basadas en la explotación, es que el amor entre iguales puede ser todo lo contrario: un motor para cambiar las cosas. Ese amor no sirve para nada, salvo para hacer la revolución. Y hay que desaprender lo que más duele: ese amor no debe desarrollarse en el terreno conquistador labrado por los hombres, sino en el universo creado por el feminismo. Como hombres en sí, decididos a serlo por encima de sentimientos y mujeres, por encima de solidaridad y sororidades, hemos sido derrotados.

Hombres de todos los países, es el momento de desaprender.

Publicado en el Nº 315 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo abril 2018

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