El tren de la memoria

Balas y boleros El éxito de Sepúlveda...conspiró para dar forma a la idea preconcebida de que fue un artista del régimen... imagen que parece contradecir a sus ideas republicanas.

Mariano Asenjo Pajares 10/04/2018

“Como han pasado los años, como cambiaron las cosas…” (Bolero)

A veces ocurre que la realidad verificada es más evocadora que la propia encarnadura de las cosas, es decir, de vez en cuando pasa que la verdad destrona a las apariencias y así, cuando lo que resulta nos es propicio o lo vemos con buenos ojos, nos lo tomamos como una pequeña broma de duendes para hacernos más llevadero el oficio de vivir.

Pongamos un ejemplo llamativo de verdad revelada para acercarnos a la historia que nos proponemos contar. Fue a raíz del fallecimiento en octubre de 1999 de Amália Rodrigues, la cantante de fados y actriz portuguesa, identificada como la voz del régimen de la dictadura salazarista, cuando el escritor José Saramago, militante comunista, desveló el apoyo económico de la cantante a los comunistas durante los años de la dictadura. "La realidad es más compleja", señaló Saramago hablando de la identificación con el salazarismo que la cantante portuguesa arrastró hasta su muerte y que se tradujo también en una relación difícil con la izquierda portuguesa. "Es cierto que apareció a los ojos del mundo como que vivía en paz con la situación política de entonces, pero por intermediación de otras personas hizo llegar dinero [al PCP] por años en la clandestinidad".

Este asunto portugués, de amplia repercusión mediática en su momento, nos sirve para introducir el caso de Jorge Sepúlveda, nombre artístico de Luis Sancho Monleón (Valencia, 8 de diciembre de 1917 - Palma de Mallorca, 16 de junio de 1983), que fue un cantante español de boleros y pasodobles. El cénit de su popularidad cabalgó sobre las décadas de los 40 y los 50, y sus dos grandes números fueron: ‘Mirando al mar’ y ‘Santander’. El éxito de Sepúlveda en un momento histórico tan difícil conspiró para dar forma a la idea preconcebida de que fue un artista del régimen. Pero esa es una imagen que parece contradecir a sus ideas republicanas.

La publicación de una reciente biografía del periodista Carlos Arévalo, ‘Jorge Sepúlveda, la voz de la nostalgia’, ha recordado que el artista valenciano pasó por el campo de concentración de Albatera y que también sufrió la censura del franquismo en su canción, ‘Pecado’, a la que se mutiló una frase original que decía, “es más fuerte que el miedo a la muerte y el temor de Dios…”. Jorge Sepúlveda fue sargento del ejército republicano y un disparo de bala en su mano izquierda le dejó para siempre tres dedos completamente inútiles. Por eso ya como cantante siempre manejó el micrófono con la mano izquierda para gesticular durante las canciones con la derecha. Tras la muerte del dictador se integró en la “Asociación de militares republicanos”, y en ella recorrió durante años pasillos y despachos para solucionar problemas de terceras personas (viudas, militares republicanos que no recibían pensión alguna…) de forma completamente altruista.

Al acabar la guerra trabajó un tiempo como contable, después se fue a Zaragoza a probar suerte en la canción y de allí a Madrid, donde inicia su carrera artística en la Sala Casablanca en 1942. Empezó a grabar discos y sus canciones se popularizaron a través de la radio en programas muy escuchados en la época, cuando las orquestas y artistas de moda actuaban en directo. A mediados de la década de 1960, los boleros ya no eran la música preferida de los españoles y parece que su estrella declina. Hasta que, en la década de 1970, TVE pone en antena el programa Mundo Camp, en el que reviven sus viejos éxitos, vuelve a los escenarios y se reeditan sus discos.

A su muerte no hubo funeral, fue incinerado y sepultado en una fosa común -como él había dispuesto-, en el cementerio de Palma, ante la presencia de algunos de sus familiares e íntimos. Más tarde se conoció por boca de su amigo y prestigioso cantante, José Guardiola, que este deseo se debía a que en plena guerra civil le llevaron a las tapias de un cementerio en Valencia frente a una fosa común abierta, junto a otros compañeros, para ser todos fusilados. Por esas cosas del azar las balas no le alcanzaron a él, que tan solo quedó aturdido bajo los cuerpos sin vida de sus compañeros, de modo que escuchó a los soldados: ”No os entretengáis en dar el tiro de gracia, ya está oscuro, mañana cuando ejecutemos a los otros los enterraremos a todos de una vez”…

A esa noche de balas y sangre pudo escapar Jorge Sepúlveda, después halló auxilio en los aires de un bolero.

Publicado en el Nº 315 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo abril 2018

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