Responsable de Movimiento Obrero y Vivienda del PCEAnabel Segado: “La lucha nos lleva a la confrontación de clase y tenemos que ser más fuertes” “Cuanto más se precariza y más se daña las condiciones de vida de la gente, más aumenta la respuesta y la organización”

Gema Delgado 26/04/2018

Esta abogada laboralista madrileña, de 45 años, ha sido la elegida por la dirección del XX Congreso del PCE para liderar la organización del Partido en el conflicto social. Trabaja combatiendo la precariedad de la clase trabajadora frente al abuso empresarial y la sobreexplotación, se enfrenta cada día a la lucha capital trabajo en su máxima expresión, y aun así no deja de escandalizarse de la brutalidad empleada. “La gente vive con miedo. Con miedo a todo. A ir al médico y que te den un baja”, cuenta Anabel. “La pobreza y el sometimiento en el trabajo es horroroso”. “Les dicen: trabajas dos horas, te vas y luego vuelves y trabajas otras dos. Y les convocan por Whatsapp. Y lo cuentas como si fuera lo normal. El otro día leí un titular bastante acertado que decía Esclavos con sueldos. Con sueldos de mierda, añadiría yo.”

Ha sido testigo directo de la pérdida de los derechos laborales sufrida durante las últimas dos décadas. Explica lo mucho que ha cambiado el tipo de conflictos desde que empezó a trabajar en el sindicato. Antes eran conflictos colectivos con un comité de empresa dirigiendo lo que iba pasando. Ahora, explica, es la desesperación individual, pero es una desesperación que también lleva al me da igual todo. “El haber perdido tantos derechos nos deja en un nivel de conciencia y un potencial de lucha muy minado. Por eso, lo que hay que hacer es generar estructuras para que el nivel de conciencia y de lucha no se pierda y no tenga que ir cada uno con lo suyo al sálvese quien pueda o a lo bonzo”.

“Hoy estamos en un panorama de esclavitud absoluta, de ilegalidades constantes, de asumir cosas inasumibles… y no pasar nada”. Relata la cotidianidad de trabajadores que tiene un horario reducido pero que echan horas por un tubo: “No veo a nadie con contratos parciales que no trabaje jornadas completas. Es alucinante”. Luego están las falsas clasificaciones profesionales, categorías inferiores de falsos auxiliares que no tienen a nadie a quien auxiliar porque están solos. Tampoco ayudan las inspecciones del Trabajo “lentas y que no se mojan en nada”.

Dice que hay gente muy destrozada sicológicamente por las condiciones laborales imperantes, que hasta prefiere perder el trabajo. Pero también hay gente que cada vez se rebela más porque ya están hartos de aguantar y han perdido hasta el miedo. “Nos vamos acostumbrando a vivir en la precariedad, por purita supervivencia mental, y al final tienen tales trabajos de mierda que tampoco tienen nada que perder”.

MUNDO OBRERO: El gobierno saca pecho diciendo que estamos en una política de crecimiento económico, pero lo cierto es que somos el segundo país europeo, después de Polonia, con mayor nivel de temporalidad. De hecho, más de dos de cada tres contratos temporales duran como mucho un mes. ¿Qué empleo se está creando?
ANABEL SEGADO:
Efectivamente hemos superado en índice de crecimiento a los años previos a la crisis, pero hay que poner en evidencia qué tipo de crecimiento es y, sobre todo, qué tipo de distribución se está dando de esa riqueza.

La situación de las y los trabajadores no ha vuelto, ni va a volver, a las condiciones anteriores a esta última crisis, sino que las recetas que el gobierno planteó como necesarias para salir de la crisis se han quedado estabilizadas de forma estructural. Las políticas llamadas de ajuste económico y laboral han evidenciado que era una vuelta de tuerca más para que el crecimiento siguiera siendo para los mismos, los responsables de la crisis, y no hay ninguna intención de que eso revierta y se distribuya.

Tenemos un empleo en unas condiciones muchísimo más precarias. No sólo de temporalidad, que sigue siendo altísima. Los salarios son también bajísimos. El concepto de mileurista, que antes de la crisis era considerado como una de las situaciones más paupérrimas de la clase obrera con empleo, hoy se ha convertido en su sueño.

“Es fundamental que se consolide y alimente el concepto de sindicalismo como movimiento socio político”


Lo mismo sucede con la falta de derechos laborales. Tenemos unas condiciones de trabajo que responden más a una esclavitud pagada que a unas relaciones laborales en el marco de un estado social y democrático de derecho.

M.O.: Las mujeres son las más perjudicadas en esa temporalidad involuntaria. ¿Qué tipo de trabajos desempeñan las mujeres y en que condiciones los realizan?
A.S.:
Con todo el trabajo que se ha hecho durante la preparación de la Huelga Feminista del 8 de Marzo se han visibilizado los condicionantes en el ámbito laboral que demuestran claramente cómo la discriminación y la desigualdad están instauradas en la estructura misma del actual sistema de relaciones laborales. El problema de esa discriminación empieza desde el mismo inicio al acceso del mercado de trabajo, ya marcado por los roles reproductivos, productivos, económicos, sociales y culturales asignados por el patriarcado a las mujeres, y que ya determina el envío a los empleos más precarizados. Por ejemplo, el sector de las empleadas del hogar, como un porcentaje de trabajadoras sin contratación formal, sin derechos, sin cotización. Y a partir de ahí todos los sectores vinculados a la formación profesional de las mujeres, como los relacionados con los cuidados, la intervención social, la dependencia, sectores que no están para nada protegidos, que se dejan en manos privadas, en empresas desestructuradas con toda una cadena de empresas interpuestas. Esto, unido a las Administraciones Públicas que están recortando cada vez más en esos servicios públicos, que los están externalizando, prescindiendo de las garantías que tiene un empleo público y de calidad.

“Se ha obligado a muchos trabajadores a que se den de alta como autónomos para seguir prestando los mismos servicios a las mismas empresas, pero sin derechos”


De esta forma se impide de manera palmaria la independencia económica y la capacidad de subsistencia que puedan tener las trabajadoras, tanto en su presente como en su futuro, ante cualquier contingencia, desde una enfermedad a las prestaciones de jubilación. Como las cotizaciones son también inferiores, nos encontramos con mujeres que llevan 40 ó 50 años trabajando fuera de su propio hogar y cuidados, muchos de esos años ni siquiera cotizados, y que están en unas situaciones que se asemejan a las del tercer mundo más que a este. Añadir además que las mujeres migrantes están aún más afectadas por estas prácticas debido a las políticas de migración.

M.O.: El empleo se ha fragmentado en figuras cada vez más precarias, con menos derechos, como trabajadores autónomos, que alimentan empresas sin empleados, falsas cooperativas, becarios, prácticas... ¿cómo se puede acabar con el este precariado salvaje?
A.S.:
Habría que empezar con cómo hemos llegado hasta ahí, que ha sido porque las políticas que se han implementado han consistido fundamentalmente en la destrucción de empleo de calidad, que no ha sido reconstruido, y en la generación de empleo con nuevas formas de producción y nuevas estructuras económicas que llevan fundamentalmente a que una inmensa mayoría de trabajadores que han perdido sus empleos se les venda la posibilidad del autoempleo, de “emprender”, que es más bien doble explotación. No hay detrás un empresario formal al que exigirle que aplique la legislación laboral y, por tanto, se ha obligado a muchos trabajadores a que se den de alta como autónomos para seguir prestando los mismos servicios a las mismas empresas en las que antes trabajaban con unas condiciones sujetas a un convenio colectivo y un estatuto de los trabajadores. Ahora directamente se les saca a un marco fuera de la mínima protección social que pueda existir, que les deja en una situación más precaria pero sobre todo absolutamente falsa en el sentido de que el fruto de su trabajo sigue siendo ajeno y el trabajador tiene que asumir el factor riesgo en lugar de hacerlo el empresario, que es a quien correspondería. Es claramente una doble explotación.

Habría dos medidas para acabar con ellos. La primera, la legislativa. No se puede consentir que ese tipo de relaciones laborales queden fuera del marco de protección del ámbito laboral. Y en segundo lugar, el control del cumplimiento de dicha legislación. Las Administraciones Públicas deberían de poner las herramientas existentes, como la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, en el cumplimiento de esa normativa laboral y de esa legislación protectora. Los años demuestran que no sólo no se invierte lo suficiente en esa tarea, sino que además las directrices políticas que se dan a esos organismos y estructuras no son precisamente las de desenmascarar todas esas circunstancias, porque políticamente se ha buscado esa legislación en interés del gran capital y las grandes empresas, que son a su vez las grandes incumplidoras.

“Hay que conseguir un nuevo marco de relaciones laborales que vuelva a pivotar sobre la protección de la parte más débil del conflicto”


Hay que volver a hablar de todo, hay que construir un nuevo Estatuto de las y los Trabajadores. Hay que conseguir un nuevo marco de relaciones laborales que vuelva a pivotar sobre la protección de la parte más débil del conflicto, sobre la asunción de la existencia de dos partes que no negocian como iguales, con el objetivo de defender la vida digna frente a la explotación salvaje.

Hay que deconstruir todo un proceso de reformas laborales destructoras de los derechos más básicos y que tanto costó conseguir; una normativa que no respeta, de facto, ni la Declaración Universal de Derechos Humanos; que permitió la legalidad de las empresas de trabajo temporal y de la cesión de trabajadoras; que permitió la separación de las unidades productivas de una misma empresa; que permitió la externalización de servicios y la gestión en cadena hasta el infinito de empresas para un mismo proceso productivo; el descontrol en el cumplimiento de una normativa laboral, de unos convenios colectivos incumplidos sistemáticamente, fulminando así la protección de la parte digna de protección, que es el trabajador, la clase obrera.

Si esto lo unimos a la dificultad para que estos trabajadores puedan organizarse, porque no es lo mismo cuando uno está en un mismo centro de trabajo con sus compañeras que cuando está en su casa con el ordenador, y que la representación legal de los trabajadores diseñada está en clara disonancia con esta parte de la realidad laboral, pues nos lleva a la situación idónea para que el capital saque el máximo rendimiento posible y que las y los trabajadores tengan mucho más difícil esa capacidad de respuesta y de confrontación necesaria con quien les niega sus derechos y les impone obligaciones miserables.

M.O.: Fruto de ese empleo fragmentado y de la precariedad creciente surgen otro tipo de movilizaciones sin una estructura organizativa ni un activismo estable. ¿Cómo se puede llegar a esos sectores fragmentados laboralmente para fomentar la eficacia de las luchas?
A.S.:
Al final las realidades están ahí y la rebeldía y la insumisión se manifiesta y se organiza. Después de estos años de crisis el conflicto ha ido en aumento. Cuanto más se precariza y cuanto más se daña las condiciones de vida de la gente más aumenta la respuesta y la organización.
Evidentemente, las organizaciones sindicales tradicionales, estructuradas en torno a un concepto de relaciones laborales en el marco de un centro de trabajo, de unos sectores productivos con un empresario enfrente con quien sentarse a negociar, se ha visto diluida. Y eso lleva a nuevas formas de lucha y nuevos problemas a los que enfrentarse, desde el no reconocimiento por parte de esos trabajadores de que las organizaciones sindicales tradicionales puedan ser una herramienta útil a sus intereses, alimentado convenientemente por el propio sistema, hasta el papel desempeñado y los errores que las organizaciones sindicales y políticas han ido cometiendo en estos años, pasando por la gestión de la crisis priorizando la concertación social, cuando parece que es evidente, y lo empezamos a plantear hace 20 años, que el pacto social estaba roto. Eso significa una fractura buscada y alimentada, pero una fractura de esas organizaciones de la clase obrera con la propia clase.

Esto es lo que tenemos que revertir. En eso vamos a poner nuestra energía en los próximos años y así ha quedado mandatado en nuestro XX Congreso. A ver cómo conseguimos que toda esa riqueza, capacidad de respuesta y la evidencia de que existen alternativas para organizarse, desde las propias bases de trabajadores con sus asambleas en determinados sectores, uniendo la lucha entre las empresas matrices y la infinidad de otras con las que trabajan. El reto es conseguir que esos movimientos que se han ido generando vuelvan a conectar y sean una suma necesaria e imprescindible con las organizaciones sindicales ya existentes, con esa herramienta que es absolutamente fundamental de conocimiento, de experiencia, de capacidad de lucha, para conseguir que ese objetivo común, que es mejorar las condiciones de vida de la inmensa mayoría que somos la clase obrera se complementen y se sumen para tener la fortaleza necesaria para ganar este conflicto permanente.

“Se ha legislado en interés del gran capital y las grandes empresas, que son las grandes incumplidoras de la normativa laboral”


Las organizaciones políticas, y en concreto este Partido, tienen ahí un trabajo absolutamente necesario e imprescindible que es elevar el grado de conciencia y de análisis de cuál es la situación, y buscar y construir las alternativas que se precisan. Las circunstancias en las que están determinados trabajadores tienen que ser entendidas por el resto. Permitir la fragmentación de la clase obrera es un error y es remar contra nuestros propios intereses. Y si alguien piensa que el que tiene una serie de derechos lo que tiene son privilegios, o que el que no los tiene es un peligro, significa que no sólo han desestructurado y privatizado la producción sino que habrían logrado dividirnos y desestructurar e individualizar nuestra conciencia e interés colectivo.

Lo mismo que cuando nos intentan confrontar con la clase obrera migrante, como han hecho durante los últimos años de la crisis, alimentando ideas fascistas y xenófobas, intentando anteponer un sentimiento nacional construido desde el odio y el miedo a lo distinto y disputando esa conciencia de clase obrera desde los barrios hasta la geopolítica mundial. Hay que confrontar esa dinámica y para ello es fundamental que las organización sociales y políticas nos hagamos corresponsables en los errores y en los aciertos; que pongamos nuestra estructura y herramientas al servicio de la clase trabajadora más concienciada y más peleona que ha gestionado en el ámbito civil y desde la desestructuración total, movimientos sociales que tienen una fuerza muy importante, un análisis muy correcto de la situación y unos objetivos muy claros. Y que cada vez seamos más, porque la tarea que tenemos por delante es por y para la inmensa mayoría.

M.O.: Los jóvenes tienen pocas, malas y precarias perspectivas de trabajo. ¿Cuál sería el plan de empleo juvenil que se necesitaría para permitirle acceder al mercado laboral estable y con garantías?
A.S.:
Todas las medidas que se han tomado para la supuesta formación profesional de nuestros jóvenes siguen planteando la formación sin derechos, formando parte del engranaje de la explotación estructural. Los convenios colectivos siempre han recogido el abono de las antigüedades, de la experiencia. Siempre han existido fórmulas para que un joven pueda integrarse en el mercado de trabajo en un proceso lógico de aprendizaje y de experiencia. Y para eso están las categorías profesionales, las funciones concretas, el desarrollo de la carrera profesional a la que tenemos derecho. El desempleo estructural del sistema al final llevó a este tipo de fórmulas que parecían una especie de proceso eterno de formación, no sólo con salarios mucho más bajos sino incluso sin salario, con becas formativas, que no son tratadas como salario y, por tanto, no generan protección social alguna. Y los trabajos que se están llevando a cabo tras esta formalidad formativa, son eso, producción, trabajo asalariado encubierto. La mayoría de las contratadas con fórmulas formativas o los becarios no tienen un tutor cotidiano, no hay un seguimiento. Se está encubriendo una forma de explotación para no asumir que estamos antes una relación laboral con personas jóvenes, con una formación teórica y que van a ir adquiriendo la experiencia. El sistema vuelve a inventarse fórmulas para romper un determinado desempleo que al final lo único que hace es entretener, maquillar un problema estructural de relaciones laborales que no se corresponde con una entrada lógica al mercado laboral y con un trabajo que te permita un proyecto vital, negándonos el objetivo precisamente del derecho al trabajo, que es el derecho a una vida digna.

Cuando el contrato concluye o hay un despido, no hay ningún seguimiento. Por eso es tan importante lo que se legisla y se pacta como el control de eso que se ha legislado y pactado. Si no nos encontramos con un montón de jóvenes muy preparados que tienen que emigrar para intentar encontrar un medio para crear su proyecto vital. Y que en este mundo globalizado, vuelven a padecer la explotación en el grado correspondiente al que acceden en el lugar al que llegan.

Lo fundamental sería qué tipo de empleo queremos crear, cómo vamos a repartir la riqueza para repartir ese empleo. Es que parece que viene en el ADN que todos tenemos que trabajar más de 40 horas, que el salario no puede ser más de X. Es decir, que nos acabamos creyendo los parámetros en los que el sistema nos permite movernos en cada momento. Y la cuestión es que tenemos que reformular todo eso, ponerlo en cuestión. Pensar dónde invertimos la riqueza que generamos entre todas, cuáles son los sectores en los que queremos producir, qué modelo social queremos, qué necesidades queremos cubrir con esa riqueza... Y para eso hay que legislar para el interés de la mayoría, y eso es tener trabajos compatibles con la vida, que el Estado asuma las necesidades de la gente. Hay que decidir si se rescatan los bancos o se rescatan las personas. Y tenemos que decidirlo la inmensa mayoría. Si asumimos que los intereses de los bancos privados y de la oligarquía financiera y sus políticos títeres son compatibles con los intereses de las personas, o condición necesaria, seguiremos actuando en contra de los intereses de la mayoría.

Esto es una decisión. Tomar decisiones forma parte de cualquier proceso de conflicto. Es duro, es arriesgado, pero hay que hacerlo. Y el dinero está, pero nos lo están robando a todas. Que nos lo cuenten a la inmensa mayoría que convive con el desempleo, los desahucios, la falta de suministros básicos, la precariedad laboral, vital, la violencia estructural, el miedo. Acabar con todo eso es tomar una decisión ante el conflicto. Y ahí vamos a poner nuestra energía, y a construir espacios donde todas nos sintamos más protegidas, porque la pelea va a necesitar que nos cuidemos entre nosotras.

M.O.: El modelo económico que nos ha tocado en el reparto productivo diseñado en Europa nos deja como un país de servicios y de contratos temporales y precarios ¿Cuál es el modelo económico y productivo que defiende el PCE?
A.S.:
En primer lugar tenemos que plantearnos qué hacer con los sectores absolutamente estratégicos que han sido privatizados y que deberían volver a manos públicas y que son fundamentales para poder establecer un tipo de desarrollo acorde con las necesidades vitales de todas. Estamos hablando de energía, de renovables, de investigación y desarrollo, donde tenemos grandes profesionales que se tienen que ir para poder desarrollarse.

Aquí se ha hecho un país de servicios para el turismo, hostelería, carreteras y construcción. Es un país diseñado para unos servicios de ocio y tiempo libre de determinados nuevos ricos que han ido surgiendo en este proceso de globalización desigual. Y tenemos que ir pensando en un país de servicios para nuestra gente, para la clase obrera. Nosotros necesitamos invertir en educación, en sanidad, salud preventiva, transportes públicos, intervención social, cuidados, energía y renovables, investigación y desarrollo; en definitiva, servicios públicos de calidad.

Necesitamos reubicar para quién vamos a diseñar ese modelo productivo y económico: si para cubrir las necesidades de la inmensa mayoría o para seguir engordando y alimentando los beneficios de un capital que ni siquiera se preocupa en revertir y redistribuir parte de sus beneficios y que sólo lo harán si se les obliga.

M.O.: Los sindicatos se han distanciado de la clase obrera o viceversa. ¿Qué sindicatos necesita hoy la clase obrera para superar ese distanciamiento?
A.S.:
Los sindicatos están es ese proceso de repensarse. Hace falta un análisis crítico y autocrítico, con cierta perspectiva histórica, de lo que ha ocurrido en estos últimos años y decenios. Es fundamental que se consolide y alimente el concepto de sindicalismo como movimiento socio político. El sindicalismo entendido como capacidad de negociación en las empresas, de negociación de grandes convenios colectivos, se demuestra limitado e insuficiente. Y el sistema sigue intentando quitar protagonismo a esas organizaciones sindicales, tanto por la propia desestructuración que se ha producido con esas políticas en la clase obrera, como en las campañas de denostación y las últimas reformas laborales, dejando sin contenido y negando capacidad a la negociación colectiva.

Creo que necesitamos un sindicalismo que sea consciente de que estructurado sólo en torno a la concertación social, la negociación colectiva no va ir nunca en mejora y conquista de derechos si el conflicto social y si la conciencia político y social no está detrás, tensionando. Y eso es evidente en cualquier pacto y negociación. En segundo lugar, creo que nos debemos reforzar en los análisis que hacíamos de que determinadas políticas, concesiones y determinadas supuestas negociaciones o pactos necesarios para el interés común, o como mal menor, han tenido su parte de contribución al estado actual de cosas, que es la desvertebración del propio movimiento, la pérdida paulatina de derechos y lo que es más grave, la pérdida de confianza de los trabajadores en las organizaciones sindicales y políticas que tenían que defender esos intereses.

Creo que el conflicto siempre ha existido. Que en este país costó mucho conseguir una serie de derechos, que la negociación colectiva y los sindicatos son absolutamente imprescindibles, como lo es también la implicación del pueblo y de los trabajadores en las decisiones políticas y en el empoderamiento de la clase obrera. Pero creer que el objetivo es negociar y concluir con la firma de un pacto es absolutamente erróneo, porque el pacto para mejorar la vida de las personas es necesario pero si no tenemos claro que no podemos destensionar y estar alerta a ver qué pasa con lo pactado, a exigir su cumplimiento, tenemos un problema. Ya no hablo sólo del movimiento obrero y de la negociación colectiva en la empresa. Estamos hablando de la Constitución española que fue un pacto en el que evidentemente se renunció, desde la izquierda más organizada y que tanto luchó para poder alcanzar esa sociedad democrática y que se aplicara en este país los derechos humanos negados por el franquismo, y lo que supuso el no seguir tensionando la necesaria construcción tras el pacto para poder aplicarlo de verdad y conseguir que esos derechos se materializaran en toda su extensión. No se puede dejar la gestión de esos derechos a quienes no apostaban por ellos, a quienes estaban al otro lado de ese pacto. Cuando no se cumple lo acordado, tenemos que volver a hablar desde la ruptura y la desconfianza, y no desde la concertación y la presunción de buena fe.

Y estamos en un momento en el que tenemos que hablar de muchas cosas en el ámbito del movimiento obrero, de la legislación laboral, del sindicalismo, y del ámbito político en general. Se ha demostrado que en los últimos 40 años hemos estado en un sistema que denominamos capitalista y patriarcal pero que es evidente que es anti-vida. Es imposible que podamos desarrollar una vida digna. Y nosotros trabajamos y apostamos, y ese es el lema de nuestro Primero de Mayo, “Por un trabajo digno para una vida digna”.

M.O.: En este país hay 2,8 millones de desempleados sin protección social. ¿Cuál sería el plan de protección social para no dejar a nadie en la exclusión social?
A.S.:
La realidad de la exclusión social pone los pelos como escarpias. Quiero recordar la iniciativa legislativa popular que se presentó al Congreso por parte de CCOO y UGT para la renta mínima. Eran políticas de choque frente a la exclusión social con el fin de asegurar a varios millones de personas un mínimo de subsistencia y que paliara la miseria y el hambre. Y con lo ocurrido no puede haber dudas de cuál es el terreno en el que nos movemos y donde está cada uno: PP y Ciudadanos votaron en contra de esa iniciativa fundamental y ciertos diputados del PSOE no se presentaron a la votación.

Con esto quiero decir que es evidente que las organizaciones sindicales y políticas y los movimientos sociales están planteando alternativas serias, trabajadas y con mucho esfuerzo, en una labor que ni siquiera es su obligación y que es la labor legislativa. Pero no quieren ni debatir.

La confrontación es evidente. También ha pasado con las Iniciativas Legislativas Populares presentadas por la Plataforma de Afectados por las Hipotecas en diferentes comunidades. Una ILP de la PAH está en el Congreso para asegurar una mínima virtualidad del derecho a la vivienda y parar los desahucios en este país. El PP ha vetado el debate de la ley, nuevamente con el apoyo de Ciudadanos. Y se está luchando desde los movimientos sociales con los grupos parlamentarios que evidentemente están a favor de todas esas iniciativas y están prestado su apoyo.

Una puede interpretar un discurso con mayor o menor acierto, pero los hechos son incontestables. No es que haya un conflicto, es que la confrontación está servida. O se está en un lado o se está en otro. Pero es que ni siquiera nos están dejando respirar. No quieren aprobar medidas que palíen la situación. No quieren ni que hablemos de ello. Hay una clara apuesta por la confrontación más absoluta, por estirar y ver hasta dónde somos capaces de aguantar. Y ante esto, unidad y sororidad de clase es imprescindible.

Y además están estirando el conflicto hasta el punto que cuando ese descontento y esos movimientos sociales salimos a defender los derechos más básicos, la respuesta es la represión, no es sentarse a ver cuáles son las soluciones sino a utilizar las herramientas del Estado no precisamente para gestionar ese conflicto y buscar soluciones sino para reprimir a los sectores más concienciados y más en lucha.

Ese es el escenario y eso significa que no podemos dar un paso atrás sino lo contrario: que cada vez tenemos que estar más fuertes, ser más y tener claro que la lucha nos va a llevar a la confrontación. Estamos en una clara contradicción capital trabajo, que estamos consiguiendo además poner en evidencia el sistema patriarcal y elevar el grado de conciencia respecto a la necesaria igualdad entre hombres y mujeres, la defensa del sistema público de pensiones que están liderando esas generaciones que ya en su momento lucharon por un pacto constitucional y que ahora son absolutamente conscientes de que hay que seguir peleando porque estamos en un choque de fuerzas. Los derechos se conquistan y hay que defenderlos.

Publicado en el Nº 316 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2018

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