Bicentenario Karl Marx 1818-2018Constantino Bértolo: “Marx no propone ni un paraíso, ni una utopía: su horizonte es una esperanza argumentada” "Lo que cuenta Marx es que en realidad todo es exactamente al revés, que somos los trabajadores los que les damos el capital y la vida a los capitalistas"

Miguel Madariaga 05/05/2018

MUNDO OBRERO: Editor, ensayista, crítico, director literario… Es y ha sido todas esas cosas y alguna más, y además Constantino Bértolo es comunista, de los que militan. Y ahora que celebramos el Bicentenario de Marx hay que decir que este veterano columnista de Mundo Obrero es quizá una de las personas que más ha trabajado sobre Marx en este país durante el último año, en el que ha publicado dos interesantes antologías que le permiten hacer un balance sobre su legado.
CONSTANTINO BÉRTOLO:
Lo primero que he aprendido releyendo a Marx es que hay que partir de la situación concreta y esa es precisamente desde la cual tenemos que leerle. Y ese “hoy”, desde mi punto de vista, se caracterizaría por el éxito de las ideologías del capitalismo. Es lo que yo llamo la “ideología de la autoayuda”. Han conseguido que desaparezca de nuestro horizonte la idea de que somos parte de un colectivo, es decir, que olvidemos que sólo “somos” junto a los demás. Con todos sus aparatos de publicidad, con todo ese enorme entramado de producción ideológica han conseguido que pensemos –que hegemónicamente se piense– que la única salvación, la única salida a esta mierda de vida, es una salida personal. Por eso yo la llamo la “ideología de la autoayuda”, es decir: “no te quejes, porque si te quejas no sales bien; mira positivamente, sé emprendedor, procura salir de las circunstancias, aunque sean negativas…” Es esa idea de que la salvación está en la propia voluntad de uno; como si la vida fuera una cuestión de voluntades individuales. Esta es la gran victoria del capitalismo y esto es que yo llamo el éxito de la “ideología de la autoayuda”.

El de Marx es un mensaje que contrasta radicalmente con esta ideología individualista que el capitalismo ha conseguido de forma tan eficaz. Es eso que Marx llamaría más tarde la subsunción. Estamos marcados por eso de que “vivimos gracias a que alguien nos paga a fin de mes”, de que vivimos “gracias” a un empresario. Esa es la lección primera que a uno le dan; la primera que todo el mundo recibe es que el dinero, que es lo que uno necesita para sobrevivir, lo conseguimos “gracias” a que alguien nos da trabajo. Esto es tremendo: alguien “nos da trabajo” y eso va ligado a la frase de que “hay que ganarse la vida”… Y para ganarte la vida dependes de que alguien “te dé trabajo”. Esto es lo que nos hacen ver y, de hecho, así lo vemos y lo vivimos.

M.O.: Y ese es el vinculo esencial con eso que tu llamas “el misterio de Marx”.
C.B.:
Eso es. Marx explica que esa apariencia es mentira, que en realidad todo es exactamente al revés, que somos los trabajadores los que les damos el capital y la vida a los capitalistas. Esto es lo que esconde el fetichismo de la mercancía y este es el legado teórico más fuerte que nos deja Marx. No, nosotros no vivimos porque los empresarios existan, son ellos los que viven porque nosotros trabajamos y, en ese sentido, lo que viene a explicar Marx es que estamos viviendo bajo una formula falseada. Lo más importante es que Marx construye un horizonte distinto, un horizonte que no es ningún paraíso, ni ninguna utopía: su horizonte es una esperanza argumentada.

Es curioso que hoy, desde lugares que incluso se llaman progresistas, haya una vuelta a la religión: “el hombre necesita un horizonte, una ilusión, una esperanza, una trascendencia…” Bueno, vale, Marx no dice que no, pero el tipo de esperanza que propone Marx es la esperanza argumentada, la esperanza conquistada y, por lo tanto, trabajada. Y trabajada colectivamente. Para lograr la esperanza que propone Marx, hay que militar, hay que organizarse para construirla. No es una esperanza que venga de fuera, sino que nace de nuestro propio trabajo. Este sería, para mí, el gran legado de Marx.

M.O.: En la presentación de tu antología señalabas que te volvías a adentrar en la lectura de Marx para intentar entender “lo qué nos pasa”.
C.B.:
Lo que no entiende Marx es cómo podemos seguir soportando que nuestra vida personal dependa de algo ajeno. Los animales se pasan toda la vida al acecho para sobrevivir, para lograr alimentarse, pero nosotros, ya que se supone que somos animales racionales, deberíamos haber resuelto este tema racionalmente, a través de la razón… Lo que no se puede entender es cómo no se ha logrado aún que todo el mundo tenga acceso real –no derecho, el derecho se da por supuesto– a vivir. A vivir, sin estar angustiados en mayor o menor grado; a no tener que estar sobreviviendo; a no tener que estar siempre pendientes de poder llegar a fin de mes… Y eso, si hablamos de países en los que nosotros vivimos, donde se cobra sueldo al mes, pero la especie humana no está viviendo solo en Europa, está viviendo en otros sitios donde de lo que se trata, cada día, es de llegar a fin del día. Lo que es increíble es que todavía en este tiempo, a principios del siglo XXI, sigamos aguantando como tal especie humana que no se haya resuelto algo que, desde el punto de vista lógico y económico, debería estar resuelto y que es el acceso a la garantía de la vida. Yo entiendo que es difícil oír el legado de Marx porque esto que él llama la subsunción, y que a mí me parece una de las claves del marxismo, explica también el misterio de porqué aguantamos tanto. Y lo hacemos porque en la práctica de nuestras vidas cotidianas tenemos muy interiorizado eso de que dependemos del capital. Eso de que es el capital el que nos permite “vivir”, el que “nos da” trabajo, el que “nos permite” satisfacer nuestras necesidades… Es imprescindible salir de esa trampa. Hay que salir de esa experiencia práctica que hemos interiorizado.

M.O.: Cuatro años después de iniciarse la crisis del 2007 vimos eclosionar un fuerte movimiento de revuelta social, el 15-M. En ese contexto publicaste una pequeña antología de textos de Lenin, en cuya introducción reflexionabas sobre dicho movimiento desde una perspectiva leninista…
C.B.:
Suelo decir que ser marxista es muy duro, y parece una obviedad, pero es que el capitalismo ha conseguido que interioricemos que fuera del capital no hay vida posible. Esto es duro, ya que esta interiorización de la ideología del capital es incluso mucho más incontestada que en la época de Marx. En este momento, el capitalismo no está socialmente tan cuestionado, está bastante asimilado por gran parte de la clase trabajadora. Por eso digo que ser marxista es duro, hasta el punto de que, por ejemplo, los descontentos –y yo creo que el 15-M es un magnífico ejemplo de una situación de descontento social– pensaron que la salida era a partir de la indignación en lugar de buscar salidas a la explotación, que es el lugar a partir del cual los marxistas reflexionamos. Es decir, en vez de situar la revuelta en una dinámica económico-política, se situó en una moral-política.

Bueno, ¿donde fueron quedando estas expectativas del 15-M?, lo voy a decir más claro, estas expectativas, al final, ¿qué resultaron ser? Pues, con perdón, en un impulso electoral. ¿En esto se ha quedada el “No nos representan” o aquel “Lo llaman democracia y no lo es”? Lo que habría que preguntarse, entonces y ahora, es si es posible la democracia bajo el capitalismo. Esto es lo que, al final, tenía que haberse cuestionado de verdad. Si alguien se cree que bajo el capitalismo es posible la democracia de verdad, confunden el termino democracia y no entienden cuál es la fuerza brutal del capitalismo.

M.O.: La FIM ha propuesto, junto con otras entidades, un ambicioso año de encuentros para la celebración de este Bicentenario de Marx. Lo que no se entiende bien es que inicie este ciclo de celebración precisamente con un libro, el del británico Gareth Stedman Jones – 'Karl Marx: ilusión y grandeza'– que parece dibujar una discutible versión de Marx…
C.B.:
Bueno, esa es una de las funciones de la FIM: trabajar también seriamente con aquellas obras en las que se cuestiona el marxismo, para poder responder. En eso tiene cabida cualquier actividad en la que se haya abordado de forma seria y rigurosa el marxismo, para que podamos responder al pensamiento hegemónico de nuestros días. Tenemos que afrontar esas obras. Y en ese sentido, este de Stedman Jones es un libro envuelto en eso que se llama rigor académico, que se sitúa en las claves de la escuela histórica de Cambridge. Es un “libro serio” y justamente por eso es también un libro venenoso, y por eso tenemos que deconstruirlo, que desmontarlo.

Stedman Jones alaba por un lado a Marx, pero alaba al Marx al que, por ejemplo, reconoce que el capitalismo es una fuerza innovadora. Es decir, lee la parte del Manifiesto que le interesa y se queda con eso de que “el capitalismo es lo que consigue que esto se mueva”, con la idea de que gracias al capitalismo se desarrolla la tecnología, se logran avances, se desarrollan las fuerzas productivas… E inmediatamente dice que todo el resto de lo que proponía Marx era una ilusión; una ilusión noble, pero vana,… ¿Por qué una ilusión? Porque, curiosamente, no se han cumplido lo que ellos llaman “las profecías de Marx”, como si Marx hubiera sido un profeta. Siempre me ha llamado la atención esa crítica recurrente de que no se han cumplido las perspectivas de Marx en relación con la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y también me pregunto porqué nadie lee lo que el mismo Marx explica sobre las circunstancias que contrarrestan esta tendencia. Por eso Marx explicita que no se trata de una ley, sino de una tendencia, pero ninguno de sus detractores hablan de ellos cuando toca hacer esa crítica fácil a Marx.

M.O.: A veces se utiliza a Marx como argumento de autoridad, y lo curioso es que se le utiliza para una cosa y para la contraria… Recientemente has publicado otro pequeño libro sobre un tema muy actual: una antología sobre los textos de Marx en torno a los nacionalismos…
C.B.:
Sí, es una recopilación publicada bajo un título no muy afortunado –“Karl Marx. Contra los nacionalismos”– y yo creo que el editor, en eso, se equivocó. Pensó que era un título atractivo, pero lo que hizo fue expulsar muchos de los posibles lectores de un libro francamente interesante. Siempre se ha polemizado sobre cuál era la relación del marxismo con los nacionalismos y siempre se cita la frase de Marx que dice en el Manifiesto Comunista que los proletarios no tienen patria, pero es que, inmediatamente detrás hay una frase que dice, que no obstante la clase trabajadora está necesitada, obligada, a actuar sobre lo que se llama una economía nacional. Bueno, esta segunda parte no existe en las citas, ha desaparecido, según el interés de cada quien. Son muy interesantes, por ejemplo, las relaciones que Marx traza con respecto al nacionalismo irlandés. Evidentemente, en un principio Marx pensaba que el nacionalismo interfería sobre los movimientos de liberación de la clase trabajadora, pero vio también que el nacionalismo, en ciertos momentos y contextos, no impedía la creación de una conciencia de clase, de clase revolucionaria, y que podía ser incluso un elemento positivo. Y en el foco de la tradición marxista está también el derecho a la autodeterminación que los comunistas siempre hemos venido defendiendo. En nuestra transición, en los programas de la Junta Democrática, y luego de la Platajunta, llevábamos nueve puntos, dos de los cuales desaparecieron en las negociaciones con Suárez. Los dos puntos que desaparecieron fueron la reivindicación sobre la forma del Estado, monarquía o república que pasase por un referéndum y el derecho de autodeterminación. Ambos desaparecieron del acuerdo, pero no han dejado de reaparecer durante estos 40 años. Han estado siempre por debajo, y cuando han podido han vuelto a aflorar.

Nosotros, como Marx, reivindicamos el derecho a la autodeterminación, eso que ahora llamamos derecho a decidir. Pero no se trata de defenderlo solo teóricamente. Y ahí es cuando empiezan los conflictos. Porque no es solo que Rajoy, Ciudadanos o el PSOE estén contra ese derecho: están sobre todo contra su ejercicio real. Creo que nosotros nunca votaríamos esa independencia, porque rompería la unidad posible de la clase trabajadora española y también, no nos olvidemos, con los años de acumulación del capitalismo catalán o, por ejemplo, con la caja única de la Seguridad Social. Ahora bien, nosotros sí que tenemos que exigir que ese derecho se pueda ejercitar, que sea un derecho real y denunciar que intentar ejercer ese derecho se traduzca en represión y presos políticos. Y, desde luego, no podemos aceptar esos argumentos que justifican la represión basándose en que su acción política “no es legal”. ¿Desde cuando un comunista se conforma con que algo sea legal o no? ¡Aquí, legal solamente es el capitalismo!

Constantino Bertolo ha editado recientemente "Llamando a las puertas de la revolución" (Penguin Clásicos, 2017), una antología de textos de Karl Marx.

Publicado en el Nº 316 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2018

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