A quince años del Tamayazo en las elecciones autonómicas del 2003El golpe troyano del PP de la Comunidad de Madrid

Luis Suárez Machota. Abogado y ex diputado de I.U. en la Asamblea de Madrid 04/05/2018

Por mi participación en la Comisión de Investigación de la Asamblea de Madrid en 2003 sobre el trasfuguismo de Tamayo y Sáez, con cierta frecuencia se me pregunta: ¿Qué pasó en 2003 en la Comunidad de Madrid con el asunto del tránsfuga Tamayo? ¿Cuánto les pagaron a estos traidores? Solo la primera pregunta tiene interés político. La segunda es puro morbo: saber si hubo y de cuánto fue la “mordida” o el “mondongo”, como ha popularizado Álvaro Pérez “El Bigotes”.

En las elecciones autonómicas del día 25 de Mayo de 2003, la izquierda obtuvo la confianza mayoritaria de los madrileños: La suma de los 235.428 votos de Izquierda Unida y el 1.218.939 de PSOE, que ascendió a 1.452.275 superó los 1.421.258 votos obtenidos por la derecha, representada por el P.P.

En el voto particular de I.U. en la Comisión de Investigación en el caso de trasfuguismo de Tamayo y Sáez dijimos:
“Dicho resultado electoral no fue sino el reflejo de la voluntad de cambio de política de la ciudadanía, cansada de la derecha del P.P. en el gobierno de la Comunidad de Madrid. La mayoría de los ciudadanos el día 25 de mayo votaron otra política de vivienda, hartos de la locura y la paradoja de que mientras más se construía, más caros eran los precios y menos vivienda de protección oficial se hace, convirtiendo el derecho a la vivienda en inaccesible para más del 70% de la población madrileña, especialmente a la juventud; se pronunciaron por otra educación pública, estancada por las insuficientes dotaciones presupuestarias a la Escuela Pública, mientras se incrementan exponencialmente las subvenciones a la escuela privada”.

La comisión, cuya aun inédita retransmisión por Telemadrid tuvo enormes cuotas de audiencia, contó con el boicot del P.P., que vetó la presencia de diversos altos cargos del Gobierno autonómico de Ruiz Gallardón, poniendo murallas para que el fuego de su implicación no le abrasara.

A pesar de ello, se acreditó que en la traición de los dos diputados del PSOE, Tamayo Y Sáez, estaba implicada una red de intereses inmobiliarios de militantes del P.P. (Cuyas puntas del iceberg eran personajes como Bravo, Vázquez, Verdes…), conectados directamente con altos cargos del P.P., fundamentalmente localizados en el sur-oeste de Madrid (Villaviciosa, Arroyomolinos, Navalcarnero, Móstoles, Alcorcón, Madrid…).

El conocimiento de las conversaciones telefónicas, reuniones, citas entre Tamayo, el diputado traidor con los promotores inmobiliarios y cargos del P.P. en el Gobierno de la Comunidad de Madrid, iniciados desde la misma noche electoral del 25-5-2003, señaló el camino que siguió la conspiración antidemocrática hasta tergiversar la voluntad popular y repetir las elecciones autonómicas. Se perpetró así el golpe contra la democracia en Madrid, cuya autoría recae en el P.P. y en el que contó con muchos cómplices expresos o tácitos, por ejemplo, en la inadmisión del recurso de amparo del grupo parlamentario de IU al Tribunal Constitucional.

Estos golpistas no surgieron ex novo entre el día 25 de mayo (día electoral) y el 2 de julio de 2003, fecha de constitución de la Asamblea de Madrid. No hay golpe sin su periodo de cultivo y ese fue la larga etapa de simbiosis y de sumisión de buena parte de la clase política madrileña pepera a los intereses de los promotores inmobiliarios de la región, que en aquel entonces no se distinguían de los bancarios, identificados mayoritariamente con Caja Madrid (hoy Bankia). Ese maridaje de cargos políticos y grandes negocios inmobiliarios venía ya de más de una década y representaba la continuidad de nuestra tradición histórica de gobiernos de turno al servicio de la oligarquía.

Esa conjunción banca-promotores inmobiliarios y gestores políticos, ante la perspectiva de que un gobierno de izquierdas hiciera peligrar sus negocios en curso, no iba tolerar un cambio de gobierno hacia la izquierda. Estaban en juego sus negocios en la región: en la red de metro por ampliar, en el anunciado plan de Gallardón para soterrar la M-30, en la construcción de hospitales, en los colegios privados-concertados, inquietos porque IU pusiera en cuestión sus conciertos. Los negocios de estos intereses privados encamados con lo público, iban viento en popa y debían continuar por la misma senda del gobierno de Ruiz-Gallardón, (M-45…) y de Aznar (autopistas de peaje del cinturón de Madrid hoy en quiebra). Lo previsto era que sus suculentos negocios recibieran el impulso de confianza que representaban Esperanza Aguirre, Granados, González, etc.

A aquella máquina de la especulación, que en 2003 ya circulaba a “alta velocidad”, había que echarle más madera. La desconfianza a un gobierno en que estuviera I.U. (no había problema con el PSOE), aunque fuera en minoría, como pregonaba Tamayo, fue la señal alarma de los golpistas. Nunca I.U. hasta entonces había estado en un gobierno regional como el de Madrid. I.U. era la incógnita y los negocios en juego no admitían tal experimento político.

Entre todos, banca, promotores, políticos, dieron un golpe de estado, más eficaz incluso que los de los generalotes del diecinueve (por fortuna, no fue sangriento). Los golpistas, que estaban dopados con la financiación ilegal del PP, a través de FUNDESCAM según todas las evidencias, alcanzaron el gobierno autonómico. La gestión del nuevo gobierno autonómico de Aguirre se convirtió en una ciénaga del negocio: la ampliación de la red de metro, de la construcción de las autopistas de peaje, de los hospitales, de Arpegio, del Canal de Isabel II, el reparto de los colegios concertados a instituciones reaccionarias ligadas a reductos sectarios religiosos, (la consejería de educación ha ido pasando por confesionistas),… se repartieron las concesiones de frecuencias de televisión y radio a los suyos (la extrema derecha liberal y mea-pilas), se hundió el prestigio de Telemadrid. La financiación de toda aquella bacanal de la promoción y del crédito fácil a los amiguetes, acabó arruinando Caja Madrid, la institución centenaria, que se ha convertido en el exponente máximo de la financiación de aquella locura especulativa.

Lo que ha pasado en estos 15 años transcurridos en la Comunidad de Madrid, es público y notorio: grandes negocios de la promoción inmobiliaria, la burbuja, la sanidad y la enseñanza a los pies del negocio, la progresiva deslocalización de la industria, la confusión de lo público y lo privado.

Aquel golpe fue la palanca de ese capitalismo garbancero y de un gobierno de la Sra. Aguirre que nos hacía ilegalmente campos de golf en el centro de Madrid o en la explotación agraria más grande del Estado en España, El Encin de Alcalá de Henares, mientras relegaba la investigación y la continuidad de la Industria en la región madrileña, como se ufanaba en repetir la nombrada señora presidenta, cuando el grupo parlamentario de IU le reclamaba una política industrial para la Región Madrileña.

La ruina de España de hoy es inexplicable sin aquel hito simbólico, pero también real por su trascendencia, que fue el golpe PP, que introdujo en 2003 en el corazón del sistema político madrileño aquel virus troyano de Esperanza y Tamayo.

Ahora, buena parte de aquellos golpistas del P.P. y sus amigotes de la patronal y de los negocios, están siendo juzgados por corruptos, pero no por sediciosos y rebeldes a las instituciones democráticas, dos delitos tan en boga para los dirigentes independentistas, pero que ya cometieron políticamente otros frente a la voluntad democrática de los madrileños.

En este decimoquinto aniversario, sería conveniente no olvidarlo.

Publicado en el Nº 315 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo abril 2018

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