El tren de la memoria

Farmacéutica y roja... en Granada El 23 de septiembre del 36... sacaron a Milagro Almenara Pérez de su farmacia. Tenía 36 años. El 2 de noviembre de 1936 fue fusilada en Víznar junto a Rosario Fregenal Píñar, otra mujer de marcado carácter republicano, liberal y feminista.

Mariano Asenjo Pajares 07/05/2018

“En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida”
Federico García Lorca

Soltera y con 38 años, Brígida Almenara, servía de criada en casa de unos señores pudientes en la granadina comarca de Alhama. En la primavera del año 1900 se confirmó lo que ella temía: estaba embarazada. Ningún otro rastro se tiene hasta que a finales de septiembre de aquel año apareció, a punto de dar a luz, en una pensión de Santander. Es de suponer que el autor de la preñez se sacó unos duros y una maleta a cambio de proteger y silenciar su nombre.

Alguien se encargó también de personarse en el registro civil de Santander para inscribir a una niña. Declaró que la madre se llamaba Brígida Almenara Pérez, natural de Arenas del Rey (Granada) y “residente temporal en Santander”. Quedó consignado, asimismo, que el fruto salido de aquel vientre correspondía al de una madre soltera, aunque muy creyente. Por eso pidió que a su niña la registrasen con los siguientes nombres: Milagro Petronila Advienta Feliciana de la Santísima Trinidad Almenara Pérez.

Con estos escasos datos comienza la historia de Milagro Almenara Pérez, cuya biografía parece salida de una pluma a medias entre Galdós y Unamuno. Farmacéutica de brillante expediente, su vida y su muerte ofrecen episodios paralelos en espacio y tiempo con Federico García Lorca. Despreciada por su origen, merced a su talento y esfuerzo cursó brillantes estudios universitarios y se codeó con la intelectualidad más vanguardista del momento. Todo ello, finalmente, junto a una actitud progresista y feminista avanzada a su tiempo, completó un expediente “delictivo” que en aquella Granada donde “se agita la peor burguesía de España”, según descripción del propio García Lorca, acabaría por costarle la vida.

Sin más datos que los aportados por los expedientes de estudios de la joven y por su actividad política, suponemos que alguien aconsejaba a su madre (y probablemente la ayudara económicamente) para que la niña pudiese acceder a los estudios. Con 16 años obtuvo el título de Bachiller. Nada menos que 24 matrículas de honor de 30 asignaturas cursadas acumuló Milagro Almenara. Entre el escaso alumnado había un compañero que hacía muchos novillos y mostraba poco interés por los estudios: un tal Federico García Lorca.

En 1916 y con dieciséis años cumplidos se matriculó en la Facultad de Farmacia. Era la única mujer en su curso. Y nuevo encuentro con García Lorca, pues sus dos facultadas coincidían en el edificio del Colegio de San Pablo. Milagro demostró que, en un mundo universitario dominado por hombres y de muchas formas hostil para las mujeres, se podía sobrevivir y hasta sobresalir. ¡Y de qué forma! Sacó el número uno de la promoción 1916-21 y, posteriormente, superó de forma brillante el examen de grado sobre “Rubiáceas y valerianáceas”. En febrero de 1922, le fue extendido título con premio extraordinario.

Durante sus años de carrera universitaria también fue atraída por la política y ejerció como delegada de la Juventud Universitaria Femenina (JUF), de tendencia progresista, socialista y feminista. A pesar de su juventud, Milagro era coordinadora de un grupo que tenía relación con el catedrático Fernando de los Ríos, que por 1919 había ganado las elecciones al frente del Partido Socialista y era diputado nacional.

Consiguió abrir la primera farmacia de La Rábita. Pero en el registro figura su baja como colegiada sólo dos años después, en 1928. Se comentaba que había sido perseguida, despreciada y le hicieron boicot a su establecimiento. Pasan años. Vuelve a colegiarse el 8 de julio de 1936 para hacerse cargo de la “Farmacia Compañía-Dr. Pontes-Guardiola”, en Granada. Permaneció abierta, atendida por ella, hasta el 23 de septiembre del 36. Aquel día un piquete de guardias de asalto se presentó con una orden de detención. La sacaron de su farmacia y fue a parar al convento-cárcel de la Cuesta de San Gregorio. Tenía 36 años. En la cárcel coincidió con Rosario Fregenal Píñar, una modista apodada La Fregenala, de 48 años, otra mujer soltera de marcado carácter republicano, liberal y feminista. El 2 de noviembre de 1936 fueron llevadas al frente de Víznar y fusiladas. Muy cerca de la tumba de Federico…

En 1942, lo que quedaba de la “Botica la Compañía-Almenara” fue depositado en el Colegio de Farmacéuticos, que declaró “inexistente” el establecimiento. El tribunal de responsabilidades políticas juzgó su caso el 29 de julio de 1943, acordando la investigación de sus propiedades para incautarse de ellas. La sentencia final de 30 de junio de 1947 ordenó el inmediato cumplimiento de la condena. Alguien escribió debajo: “Se cumplió lo ordenado”.

Publicado en el Nº 316 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2018

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