Mundo multipolar

El síndrome Occhetto recorre la izquierda europea El suicidio del Partido Comunista Italiano como el de la Unión Soviética y el de los “Países del Socialismo real”, está en el origen de la debacle del conjunto de la izquierda.

Willy Meyer 08/05/2018

Instrúyanse, porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia; Conmuévanse, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo; Organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza
Antonio Gramsci, L'Ordine Nuovo, año I, nº 1, 1° de mayo de 1919

La extrema derecha, nostálgica del fascismo, ha regresado con fuerza a Italia en las elecciones legislativas de marzo de 2018. El partido de Matteo Salvini, la Liga Norte, ha sido el partido más votado de la coalición de centro derecha que agrupaba a Forza Italia de Silvio Berlusconi, a los Hermanos de Italia de Meloni y Nosotros con Italia de Fitto.

La coalición consiguió la mayoría simple (en el Congreso y Senado) y el Movimiento 5 Estrellas, liderado por Luigi di Maio, fue el partido más votado a pesar de presentarse prácticamente sin programa y con propuestas claramente contradictorias. Al igual que en Austria, se abren paso en Italia coaliciones de gobierno que permiten la llegada al poder de partidos de corte fascista, al igual que en los años 30 del pasado siglo.

El gran derrotado, el Partido Demócrata de Matteo Renzi, pierde cerca de 223 diputados y logra solo 53 senadores. La izquierda alternativa, de raíz comunista, alcanzó un resultado testimonial.

Estos datos ponen de relieve el avance indiscutible de la extrema derecha europea que, elección tras elección, consolida más influencia en la mayoría de los países europeos y, en algunos casos, entra a formar parte del Gobierno. De la misma manera, certifica el hundimiento de las alternativas socialdemócratas atrapadas en políticas neoliberales, con la máxima expresión en la renovada Gran Coalición de Alemania entre la CDU y el SPD. La izquierda alternativa no acaba de encontrar una vía propia, que le permita referenciarse ante los millones de personas trabajadoras europeas, como una garantía frente al desmantelamiento brutal de las conquistas sociales alcanzadas tras feroces luchas del Movimiento Obrero y Popular tras la II Guerra Mundial.

¿Qué está pasando en la izquierda europea?

Sin duda, esta situación excepcional para las ideas de la mejor tradición de la izquierda europea de Marx a Gramsci, viene motivada por diferentes y profundas razones políticas, culturales, sociales e ideológicas.

Pero sin lugar a dudas, el suicidio del Partido Comunista Italiano como el de la Unión Soviética y el de los “Países del Socialismo real”, está en el origen de la debacle del conjunto de la izquierda y la pérdida sistemática del poder de las personas trabajadoras para avanzar hacia una democracia económica que, no solamente garantice las conquistas sociales, sino que las profundice y desarrolle en la perspectiva socialista de un verdadero autogobierno de la clase trabajadora.

Tres días después de la caída del Muro de Berlín, el 23 de noviembre de 1989, el entonces Secretario General del PCI, Achille Occhetto anunció la voluntad de la dirección del PCI de iniciar un proceso de acercamiento a la socialdemocracia europea. En ese contexto declaraba: “El PCI se siente hijo de la Revolución francesa” (precisando que de la de 1789, pero excluyendo a los infaustos jacobinos) y no, como se ha dicho siempre, heredero de la Revolución de Octubre”.

Poco después, en un discurso, atacaba a Togliatti definiéndolo como “cómplice inocente de Stalin”. Y por último también a Berlinguer: “una tercera vía no existe, nosotros no pensamos inventar otro mundo. Ésta es la sociedad en la que vivimos y es en esta sociedad donde queremos trabajar para cambiarla”. A su juicio, la lucha de clases dejaba de tener un papel protagonista “porque las principales contradicciones de nuestra época tienen que ver con el conjunto de la humanidad”. En síntesis, Occhetto consideraba “superada” la vía democrática hacia el socialismo, y el socialismo como formación social diferente y antagonista del capitalismo.

Esas renuncias a la mejor historia del PCI, al pensamiento de Gramsci y Togliatti culminó en el XX Congreso del PCI ( febrero de 1991) con la disolución del PCI y la creación del Partido Democrático de la Izquierda y su entrada en la Internacional Socialista. Como bien dijo en su día Rossana Rossanda, “a Antonio Gramsci no se le puede llevar a la Internacional Socialista -ni al cambio de nombre del Partido- el PDS lo coloca en los archivos de la historia”.

La liquidación del partido comunista europeo más fuerte e influyente (llegó a tener 2.252.446 afiliados, 227 diputados, 116 senadores y 27 parlamentarios europeos), obedeció a un síndrome que nos sigue persiguiendo a la izquierda en general y muy particularmente a la izquierda alternativa, el síndrome perturbador de la falta de energía, capacidad y firmeza para defender, sin complejos, el ideario emancipador del socialismo y del comunismo. Las mejores ideas de Marx, Gramsci y Lenin, no solamente no están muertas sino que siguen siendo imprescindibles para plantar cara al capitalismo salvaje de Europa.

La succión por la ideología del Estado Liberal, la “instalación” en la vía reformista y por tanto, exclusivamente institucionalista del “modus operandi” de los partidos, la falta de raíces sólidas en el movimiento obrero organizado, en los movimientos sociales, en definitiva, el corazón donde se libra la lucha de clases, ha dejado al día de hoy, en una situación difícil a todas las organizaciones políticas europeas, que dicen querer superar el Capitalismo.

El síndrome Occhetto se puede combatir, se debe combatir con partidos que participen activamente en la guerra de posiciones de la lucha de clases, con un ideario claramente alternativo al Capitalismo, con voluntad de disputar la hegemonía a los partidarios de la Democracia Liberal, trenzando alianzas con todos los sectores sociales atenazados por las políticas neoliberales, rearmándose ideológicamente y dando prioridad a la batalla social entre explotados y explotadores.

Gramsci vive.

Publicado en el Nº 316 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2018

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