El nuevo gobierno de Trump: morir matando La Casa Blanca en crisis ante la pérdida de la hegemonía imperialista

Manuel García Morales 08/05/2018

El pasado mes de abril, el presidente de EEUU, Donald Trump, modificó importantes y claves puestos del gobierno. En el cargo de Secretario de Estado (equivalente a Ministro de Relaciones Exteriores, pero en realidad el segundo miembro de mayor rango del gobierno) nombró a Mike Pompeo, que ejercía hasta entonces como Director General de la CÍA; en el cargo de Asesor de Seguridad Nacional (que conforma junto con el Presidente, el icepresidente, el secretario de estado y el secretario de defensa el núcleo del consejo de seguridad de Estados Unidos) ha nombrado a John Bolton, y en el cargo vacante de Director General de la CÍA ha nombrado a Gina Haspel.

Desde que tomó posesión de su cargo en enero de 2017, el presidente Trump ha cambiado a más del 50% de los altos cargos desde que iniciara su mandato en enero de 2017 con continuas crisis de gobierno, dibujando una línea lógica de continuidad con ellos: perfiles más ultraderechistas, fascistas, machistas, xenófobos, racistas, e imperialistas. Los nuevos cargos no son trumpistas, sino super-trumpistas.

Veamos algunas características de los nuevos nombramientos:

Gina Haspel, es una espía de 61 años muy experimentada en operaciones clandestinas, que forma parte de la CIA desde 1985. Dirigió una prisión secreta en Tailandia, de las que se crearon por todo el mundo después del 11 de septiembre de 2001; en ellas se torturaba a personas secuestradas sin que hubiera ningún control judicial o legal. Medios estadounidenses como el Washington Post denunciaron que en Tailandia se torturaron a todos los detenidos bajo la supervisión de Gina y un excompañero de la CÍA, John Kiriakou, que estuvo dos años en prisión por denunciar dichas torturas, es mucho más duro al decir que la llamaban la “sangrienta Gina” y que no torturaban más por placer que por obtener información de los presos. Cuando la nombraron directora adjunta de la CIA en febrero de 2017, el Centro Europeo para los Derechos Humanos y Constitucionales pidió a los fiscales alemanes una orden de arresto contra ella por su presunta participación en los interrogatorios.

John Bolton, el nuevo asesor de Seguridad Nacional es conocido por sus propuestas de iniciar guerras “preventivas” contra los enemigos de EEUU. Fue promotor de la guerra contra Iraq y es defensor de iniciar una guerra contra zstrong>Irán y >strong>Corea del Norte. Además llegó a acusar públicamente a Cuba de contar con un programa de armas biológicas. Rechaza la existencia de la Corte Penal Internacional y de las Naciones Unidas.

Mike Pompeo , el nuevo Secretario de Estado, defendió abiertamente las actividades de la CIA para generar un “cambio de régimen” en Venezuela; defiende abiertamente el inicio de la guerra directo con Irán y con Corea del Norte y califica a Rusia y China como las principales amenazas para EE. UU. En su ideario, defiende el uso de la tortura, se opone al cierre de la cárcel de Guantánamo, a la regulación de gases de efecto invernadero y al aborto. Como es habitual en los miembros del gobierno y la administración es propietario de empresas ligadas al complejo industrial militar de EE. UU. y el sector energético; entre otras es dueño de la empresa Thayer Aerospace and Private Security, de la compañía petrolera Sentry International y vende plataformas de perforación.

Morir matando

El escoramiento del gobierno imperialista y de la clase dirigente de EEUU hacia posiciones aún más de extrema derecha y militaristas tiene que ver con su decadencia y su pérdida de la hegemonía mundial.

EEUU sigue siendo el centro del bloque imperialista mundial, en primer lugar, por su enorme peso militar, con más de 800 bases militares repartidas por todo el mundo, (mientras que el 2º y 3º puesto lo tienen sus aliados de Reino Unido con 17 y Francia con 11) y el 35% del total mundial de gastos militares (1’44 billones de € gastados en 2017 según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo –SIPRI-), casi el triple que China y casi 10 veces más que Rusia. En segundo lugar, por su peso económico, según los datos del informe Forbes 2016, entre las principales empresas del mundo, figuran 540 de EEUU, seguidas por 200 chinas seguidas por 92 británicas, 61 francesas, 50 alemanas y 25 rusas. EEUU también contribuye con el 40% del total de los intercambios de los mercados financieros del mundo, cuyo monto global puede estar en torno a los 70 billones de dólares.

Sin embargo, EEUU ya no es la primera potencia económica mundial; en 2017, China ha sido la economía mundial con mayor PIB-PPA (Producto Interior Bruto a valores de Paridad de Poder Adquisitivo) con cerca de 23’2 billones de dólares, según datos del Fondo Monetario Internacional, por delante de la Unión Europea en su conjunto con menos de 21 billones de dólares y en tercer lugar EEUU que no llega a los 19’5 billones. Un ejemplo de ello es la guerra comercial declarada recientemente por Donald Trump, imponiendo aranceles de 25% al acero y del 10% al aluminio, procedentes principalmente de China y de la Unión Europea. El proteccionismo no llevará a la recuperación de empleos y fábricas en EEUU porque no tiene en cuenta las causas de la pérdida de capacidad industrial, que se debe fundamentalmente a la deslocalización de multinacionales estadounidenses así como del estancamiento tecnológico de sus empresas frente a las rivales europeas y chinas. En el caso particular del aluminio, difícilmente van a resucitar esa industria que está moribunda desde hace años. Entre 2012 y 2017 el volumen de la producción se desplomó, pasando de poco más de 2 millones de toneladas a sólo 740 mil, sin embargo, las importaciones de aluminio se dispararon de 3.7 a 6.2 millones de toneladas en el mismo periodo siendo China no es de los principales exportadores hacia Estados Unidos; como no se pueden crear fábricas de la noche a la mañana, el efecto inmediato del fuerte encarecimiento del aluminio significará pérdidas de producción y empleo en el sector fabril automotriz y electrodomésticos así como en el de la construcción. En el caso del acero, después de la segunda guerra, el dominio de la industria estadunidense era total, basada en la tecnología de hornos tipo Bessemer; en los años 50, en Europa ser comenzó a experimentar con tecnologías más eficientes (inyección directa de oxígeno) que se superó aún más en los años 70 con los hornos de arco eléctrico; mientras la industria en Estados Unidos sigue utilizando la vieja tecnología. Por otra parte, la hegemonía del dólar como moneda de intercambio internacional, lo que le da a EEUU la hegemonía financiera en el mundo, está en cuestión. Cada vez hay más acuerdos de pago de materias primar en euros y yuanes; el futuro del comercio de la energía no será en petrodólares, dólares que se crean de la nada en las máquinas de imprimir billetes de EEUU, será en yuanes, la divisa convertible en oro.

Por otra parte, a pesar del peso y la capacidad de destrucción de su aparato militar, ya no está clara la hegemonía militar estadounidense. En su discurso anual ante el Parlamento ruso, el pasado 1 de marzo, Putin señaló que “durante todos estos años desde la retirada unilateral de Estados Unidos del Tratado ABM, hemos estado trabajando intensamente en equipos y armas avanzadas, lo que nos ha permitido desarrollar nuevos modelos de armas estratégicas”; entre ellas está el misil balístico RS-28 Sarmat, un logro tecnológico impresionante con un alcance prácticamente ilimitado y con trayectorias que inutilizan cualquier tipo de defensa. Puede ser lanzado desde el Polo Sur y cruzar toda América del Sur, hasta alcanzar el territorio de EEUU. También está el misil Kinzhal (la Daga) un misil aeroespacial altamente maniobrable, con un alcance de 2000 kilómetros; se cree que ningún sistema de defensa antiaérea o de antimisiles en el mundo es capaz hoy y probablemente en largo plazo de detener a un Kinzhal. Rusia parece haber alcanzado una ventaja militar y tecnológica abrumadora en misiles crucero y aero-balísticos, un campo que lideró por décadas Estados Unidos.

Un ejemplo práctico de la pérdida de hegemonía militar de EEUU, está en el ataque combinado con Francia y Reino Unido a Siria el pasado 14 de abril, cuando de los 103 misiles crucero contra distintos objetivos en Siria, el 70% de ellos fueron neutralizados por el sistema de defensa sirio, a pesar de no contar con armamento de última generación. Los misiles “bonitos” de Trump no consiguieron dañar objetivos sirios, aunque si volvieron a dañar gravemente el sistema de derecho internacional al realizar un ataque ilegal e inmoral al margen del Consejo de Seguridad y de los principios de la Carta de Naciones Unidas.

Estados Unidos no acepta un mundo multilateral donde deban resolverse los conflictos a través de la diplomacia y la negociación; quiere seguir siendo la primera potencia del mundo, America first (América lo primero) e imponer los intereses de su clase dominante. A finales de diciembre de 2017, se publicó la nueva National Security Strategy (Estrategia de Seguridad Nacional), donde se cita a Rusia y China como enemigos, y en la presentación de la nueva Estrategia, Trump anunció, que Estados Unidos derrotaría a sus enemigos. Pero el fin del hegemonismo, del unilateralismo y del imperialismo de EEUU está próximo, aunque la bestia puede hacer mucho daño a la Humanidad antes de morir matando; cabe la esperanza que el pueblo de Estados Unidos, que viene realizando grandes movilizaciones (contra las armas de fuego, contra el machismo, en defensa de los inmigrantes…) y que sufre agresiones cada vez más violentas de la oligarquía capitalista estadounidense, como la reciente gran rebaja de impuestos a las grandes empresas, sea capaz de realizar una revolución cívico-democrática que acabe con la dictadura del capitalismo imperialista.

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