Contra el talón de hierro

Ahí os quedáis con Rajoy y el Borbón Es absurdo plantear que los catalanes se levantan contra el régimen del 78 y luchan por la república mientras los de Burgos o Albacete son cómplices de la Monarquía.

Pascual Serrano 09/05/2018

Ante cada tropelía del gobierno del PP, un caso de corrupción, atropello a las libertades o simplemente un nuevo capítulo de plutocracia o cacicada casposa, aparece uno de los argumentos más repetidos entre los sectores independentistas: “¿veis como no se puede seguir en España?”, “no estamos dispuestos a continuar más tiempo bajo ese gobierno corrupto del PP”, “ahí os quedáis con esa monarquía medieval y con Rajoy”. Lo hemos oído y escuchado no solamente entre el independentismo catalán, sino también desde cualquier sector crítico con el gobierno y procedente de cualquier territorio. No es mi idea pronunciarme en estos primeros párrafos sobre el independentismo, sino solamente sobre estos razonamientos que, considero, representan la antítesis de las luchas de liberación y del pensamiento de la izquierda.

La historia de la humanidad por mejorar sus sociedades, cambiar los sistemas políticos o acabar con dictaduras y despotismos se ha construido con pueblos y personas que se enfrentaron a regímenes injustos y a gobernantes sátrapas y tiranos. La opción nunca fue buscar a sus vecinos con el objetivo de irse y crear un país distinto. Las colonias luchaban por independizarse no tanto porque no les gustaran los gobernantes de la metrópoli, como porque consideraban que el estatus de los habitantes de las colonias era injusto y desigual respecto a los habitantes de la metrópoli. Ni el habitante de Burgos durante la dictadura franquista, ni el de Cienfuegos durante el régimen de Batista, o ni el de San Petersburgo bajo el imperio del Zar, optaron por luchar para crear un nuevo país con el objeto de abandonar el sistema autócrata que sufrían. De ahí que esos argumentos que ahora se reproducen tanto, intentando justificar hispanofobias y vocaciones independentistas, ante cada tropelía del gobierno Rajoy solo son coartadas para buscar una salida tan ingenua como insolidaria ante la injusticia de nuestros gobernantes.

El otro razonamiento preocupante desde la izquierda, ahora sí centrado en los sectores independentistas catalanes, es la tercera de las citas que he señalado antes. Esos que, a quienes no comparten su independentismo y no viven en Cataluña, les dicen que ellos se van y que el no independentista mesetero ahí se queda con Rajoy a los Borbones. No son reacciones de independentistas aislados, son respuestas que he observado en líderes como Antonio Baños y Gabriel Rufián. Estamos ante un comportamiento diametralmente opuesto al que se espera del activismo de la izquierda. Nunca los huelguistas o líderes del movimiento obrero espetaron lo mismo a los esquiroles o a los obreros que en su empresa no su sumaban a una huelga. Nunca los mineros de una mina que iban a la huelga exigiendo mayores condiciones de seguridad o una mejor asistencia sanitaria para su familia les dijeron a los de otra mina que decidían no ir a la huelga que ahí se quedaban corriendo mayor peligro y sin asistencia sanitaria. Volviendo a los símiles anteriores de Cuba y Rusia, los alzados en Sierra Maestra o en San Petersburgo no dijeron a los ciudadanos de La Habana o de Moscú que ahí se quedaban bajo el yugo del déspota, tenían claro que formaban parte del mismo objetivo de liberación. Tampoco les acusaban de ser conservadores y reaccionarios porque ellos habían proclamado la revolución antes, como están hoy diciendo los catalanes a los castellanos. Como si se pudiera agrupar el ímpetu republicano o rebelde por gentilicios. Hay perfiles de todo tipo en cada territorio, es absurdo plantear que los catalanes se levantan contra el régimen del 78 y luchan por la República mientras los de Burgos o Albacete son cómplices de la Monarquía. Habrá cómplices con la monarquía y luchadores por la república en todos lados, nunca los grupos honestos de izquierda restregaban a otras regiones que fuesen menos combativos que ellos.

Resulta paradójico que a la izquierda no independentista nos acusen de dividir a la izquierda al expresar nuestras discrepancias con el procés, cuando la mayor división es irse a países distintos. Lo que no dejaremos de hacer es señalar cada comportamiento y activismo que abandone los principios de solidaridad que deben caracterizar a la izquierda en sus luchas. Los que como única respuesta recurren a calificarnos de “izquierda tricornio” muestran la pobreza de quienes creen que el mundo se divide entre independentistas y tricornios.

Publicado en el Nº 316 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2018

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