¡Soy comunista y moriré comunista!Rafael Martínez Ruiz cumple 104 años

Alba Doblas Miranda 10/05/2018

El domingo abre lluvioso pero poco a poco va saliendo un sol tímido que caldea el ambiente. A veces cae algo de agua que hace que camaradas y amistades de Rafael vayan agolpándose dentro de la pequeña sede del Naranjo, en Córdoba, y el bullicio sea, a ratos, algarabía.

Rafael sonríe y va saludando con tremenda satisfacción a quien se le acerca. Sus ojos no son ya lo que eran, pero hay bultos a los que reconoce de inmediato y entonces da un salto de la silla y abraza y besa con renovada alegría. Junto a él los y las de siempre: la familia Caballero, Agustín y Magni, siempre pendientes, sus camaradas del núcleo Norte…

A su vera hay una silla que va cambiando de ocupante a medida que avanza la mañana, su adorado José Manuel (camarada Mariscal, como él le dice en cuanto intuye su figura), Ernesto Alba, Antonio Maíllo, Elena Cortés, o yo misma: ¡Secretaria! Me llama a voces en cuanto entro, siéntate aquí un rato… y acompaña el gesto con la mano, indicándome la silla.

Regocijo es la palabra que marca su cara. Un calor íntimo que viene de dentro y va saliendo hacia fuera en los ojillos brillantes y sonrientes, aunque tengan la mirada perdida. De vez en cuando una sombra en el recuerdo de Ana, la compañera perdida inexplicablemente antes que él, que no esperaba que su longevidad llegara a ser traicionera. Pero hoy las sombras son menos porque nos acompañan también la hija, el yerno, la nieta y los bisnietos, venidos de lejos para tan fantástica ocasión. Todos y todas envidiablemente jóvenes, como si hubieran hecho un pacto con el diablo, como Rafael.

Van sucediéndose los relatos, las conversaciones, las anécdotas, con un eje central… El Partido. Rafael habla del Partido con reverencia, con emoción, con respeto. Por eso he querido traer a mis hijos, para que sientan lo mismo que yo siento cuando oigo a Rafael. A ver si en una de esas les cala el alma como a mí me caló y tenemos camaradas nuevos en la UJCE.

Y vamos comiendo las tapas y el arroz al que Rafael, siempre generoso, siempre compartiéndolo todo, nos invita. Llega el momento de las felicitaciones, primero el Secretario General, luego la Secretaria Provincial y luego, para sorpresa del homenajeado, un mensaje grabado de Enrique Santiago. Habla Rafael y se hace un silencio reverencial. 104 años (105 dice su hija) de lucidez comunista en sus palabras. ¡Soy comunista y moriré comunista!

Tras el brindis con palabras del secretario local (aquí no se escapa ningún cargo del Partido, dicen los murmullos), abrimos regalos. La tradicional tarta con la Hoz y el Martillo y una botella de whisky de gran añada que Rafael recibe con ilusión infantil y que le suelta nuevamente la lengua en elogios hacia sus camaradas.

Van partiendo camaradas de fuera y el círculo se va haciendo más íntimo. Se van recogiendo las mesas y los fogones. Se canta un poco. Llegan las despedidas. Hasta el año que viene, dice alguien, Rafael replica, ¡no, que tenemos reunión el jueves!... El Partido, siempre el Partido.

RESEÑA BIOGRÁFICA
Por Rafael Morales Ruiz

Nació en Tánger (Marruecos) con la Primera Guerra Mundial, aunque luego lo bautizaron y registraron en Jerez. Vivió en un mundo obrero y campesino que ya llevaba décadas combatiendo por una sociedad socialista y contra el orden burgués. Sus primeros pasos y sus primeras luces coincidieron con el asalto al Palacio de Invierno, la Revolución Rusa y la formación de la URSS. No tardó mucho en incorporarse al mundo del trabajo y a esa lucha, como tantos hombres y mujeres de aquella época. Su primera militancia, de la que se sigue sintiendo orgulloso, fue en las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), por la zona de Écija (Sevilla). Debe ser de los pocos militantes de esta organización que aún siguen militando, ahora, y desde hace décadas, en el Partido Comunista de España. Vivió alborozado la proclamación de la República y tuvo la mala suerte de que la mili le tocó en Mallorca, isla que rápidamente fue controlada por los golpistas del 18 de julio. Y aunque trató de fugarse a nado hasta un barco francés para pasarse a la República no lo consiguió. Más tarde emigró a Francia, donde militó con entusiasmo en el PCE. Cuando la democracia volvió a España se ofreció a instalarse y actuar donde el Partido decidiera. Lo hizo en Córdoba y todavía acude puntual a la caseta de Feria del Partido, todo un símbolo, donde disciplinadamente cumple donde se le dice. Eso sí, alrededor de los cien años se cambió de agrupación porque no estaba de acuerdo con el secretario político. Genio y Figura. Por lo demás, era y sigue siendo un trabajador. Y quien esto escribe tuvo el honor de entrevistarlo para un reportaje sobre su vida que estamos haciendo un grupo de camaradas de Córdoba. Le pregunté qué era: "yo, podador, obrero, a mi lo que me gusta es trabajar con los árboles". Me regaló un tesoro que guardaba con mimo: sus tijeras de podar. Las tenía limpias y perfectas. Le hicimos, hace poco, en su 104 cumpleaños (¿quizás 105?) un merecido homenaje en la sede del Barrio del Naranjo.

Publicado en el Nº 316 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2018

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