Economista y politólogoSamir Amin: “El proyecto de la UE es, desde sus inicios, un proyecto americano” “El capitalismo de hoy está más cerca de un sistema totalitario que cualquier modelo capitalista que hayamos conocido”.

J.M. Mariscal Cifuentes 01/06/2018

En el bicentenario del nacimiento de Karl Marx, la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM) está desarrollando un amplio programa de actividades. Entre éstas, destaca la celebración el pasado 25 de abril, en el campus de Somosaguas de la Universidad Complutense, de un seminario que contó con la presencia de uno de los grandes del marxismo y de las ciencias sociales, Samir Amin. Nacido en Egipto en 1931, su trayectoria intelectual y militante ha alumbrado el marxismo contemporáneo desde la crítica al eurocentrismo y el occidentalismo, explicando los mecanismos que han propiciado el empobrecimiento de las economías periféricas y aportando soluciones para superar la polarización que el capitalismo global y el imperialismo han provocado y provocan. La teoría de la desconexión y su estudio del subdesarrollo están ya para siempre insertos entre las grandes aportaciones al marxismo. Comunista y fumador de tabacos cubanos desde hace 70 años, egipcio y francés, residente en Dakar, irónico y sagaz, hace gala de su gran sentido del humor en el breve encuentro que tuvimos la oportunidad de tener con él, recién aterrizado en Madrid y momentos antes de impartir su conferencia en un salón atestado de estudiantes. Para Mundo Obrero es un inmenso honor tener la oportunidad de entrevistarlo y agradecemos a Eddy Sánchez, director de la FIM, haber facilitado que este encuentro se produjese.


“Si la izquierda radical, y en particular los comunistas, no elaboramos una estrategia para romper y reconstruir Europa sobre otras bases, será la ultraderecha quien lo haga”



MUNDO OBRERO: El concepto “desconexión” es una de tus grandes aportaciones teóricas, ¿cómo se puede aplicar a la realidad del capitalismo neoliberal del siglo XXI, tan distinta del momento en que lo formulaste?
SAMIR AMIN:
En primer lugar quisiera agradecer a Mundo Obrero su interés por entrevistarme, estoy muy contento de conceder una entrevista al periódico del Partido Comunista de España. Soy comunista desde hace mucho tiempo, exactamente 70 años; he pertenecido al Partido Comunista de distintos lugares y sigo siendo comunista. Antes de responder a tu pregunta conviene analizar someramente cuáles son las características del capitalismo imperialista de hoy. El capitalismo imperialista ha cambiando con el tiempo, permanece el capitalismo y permanece el imperialismo, pero han cambiado, y por lo tanto las condiciones para luchar contra ellos no son exactamente las mismas de un periodo a otro. Comenzaría diciendo que el sistema capitalista ha creado y se ha basado en la polarización, desde sus principios, y esto debería de ser conocido por el pueblo español mejor que ningún otro. Demos una fecha, 1492, cuando, de manera simultánea se da la llamada Reconquista y el principio de la Conquista de América, que no debería ser llamada descubrimiento, ya que ya había gente allá, que fue conquistada. Se ha construido desde entonces un sistema que se caracteriza por la dominación de los centros imperialistas sobre las periferias, que eran conquistadas y amoldadas a los intereses de la acumulación capitalista en los centros imperialistas. Y esa ha sido y continúa siendo la cuestión, independientemente del hecho de que los pueblos de la periferia hayan podido, a partir de cierto momento, reconquistar la independencia política, sin haber podido cambiar drásticamente el sistema social ni su relación con el sistema global. El sistema se ha movido a una nueva fase del capital monopolista. Digo una nueva fase porque el capital monopolista no es algo nuevo, empezó al final del siglo XIX, fue analizado por Lenin y fue caracterizado como la etapa final del capitalismo al comienzo de la I Guerra Mundial. El capital monopolista entró en una nueva fase, que yo fijo en los años 70 del pasado siglo, y a la que le debemos dar un nombre. Algunos lo llaman imperialismo tardío, pero no me gusta la palabra tardía. Yo prefiero caracterizarlo como generalización del capital monopolista, generalización porque ha alcanzado tal grado de control de la acumulación de capital, y digo control, no sólo propiedad, que es centralizado en un puñado de compañías que ha sometido y subordinado todo tipo de actividad económica. La plusvalía que es producida en cualquier actividad económica revierte en el capital monopolista. Esto es algo nuevo. Y esto opera a todos los niveles, desde el nivel nacional al nivel global internacional. Frente a esta situación hay dos teorías de la transición relacionadas, en cierta medida, con el marxismo, o con lo que planteaba Marx, teniendo en cuenta que Marx vivió hace mucho tiempo y no conoció lo que ahora sucede. Una es que el Socialismo no puede llegar antes de que el capitalismo logre su total expansión global, lo que llevo a que en distintas partes del mundo el tipo de desarrollo tratase de imitar al desarrollo del centro capitalista. Esta manera de pensar estuvo representada por la tradición de la II Internacional, la socialdemocracia y ahora por el social-liberalismo. Creo que es una idea equivocada, y a los hechos me remito, lo que sí se ha probado es que de una fase a otra la polarización se ha profundizado, de formas diferentes, pero se ha profundizado y continúa haciéndolo. Y así no hay manera de recuperar terreno dentro del sistema capitalista global, respetando las reglas capitalistas básicas: beneficio, mercado, competitividad, etc. Tienes que empezar a moverte fuera de esas premisas, al menos tienes que empezar a pensar cómo hacerlo. Este es el punto en el que aparece un segundo planteamiento: el concepto de desconexión. La desconexión no es salirse del sistema y cortar todas las relaciones comerciales y políticas, irse a la Luna, es un principio estratégico que consiste en que un país débil, un país de la periferia, en vez de ajustarse a las necesidades de la acumulación en el centro, intenta, insisto, intenta, que sea el centro el que se adapte a tus propias necesidades internas, subordinar las leyes del capitalismo a las necesidades nacionales y populares de cada país, y poder cambiar gradualmente la correlación de fuerzas. Al fin y al cabo esto no es algo nuevo, es algo que los soviéticos trataron de hacer tras la Revolución de Octubre, tras la guerra de intervención extranjera, tras la llamada guerra fría, que no comenzó tras la II Guerra Mundial, sino exactamente en 1920 y continuó con guerras calientes hasta el final de la Unión Soviética. Ellos intentaron persuadir al imperialismo para que aceptara su existencia, lo que se vino en llamar coexistencia, que es una palabra bonita, que significa eso, que se acepte tu propia existencia. A partir de ahí, existe un mínimo margen para poder cambiar el orden social y económico interno. Y lo mismo sucede hoy con China y ha sucedido no sólo con Cuba, Vietnam y otros países que se reclaman socialistas o pertenecientes a la tradición marxista, sino con un buen número de países en Asia, África y más tarde en América Latina, que han intentado moverse hacia un cierto grado de desconexión o en una visión nacional-popular, que no es socialismo, pero es un paso necesario hacia el socialismo, porque deben crear las condiciones para la movilización del pueblo, para el logro de un cambio social en sentido progresista, que a su vez crea las condiciones para seguir avanzando. En vez de hablar de revolución, yo hablo de avances revolucionarios que creen las condiciones para avances revolucionarios futuros. Y esto supone una batalla continua de movilización.

“Desarrollar una estrategia de carácter nacional-popular es un paso previo y necesario para poder avanzar hacia el socialismo”



M.O.: ¿Crees que ese planteamiento es aplicable en la Unión Europea? España es un país dependiente, deudor y periférico en la UE. En el XX Congreso del PCE hemos acordado un planteamiento que asume que la UE no es reformable y que hay que romper con la UE y con el Euro.
S.A.:
Estoy completamente de acuerdo con vuestra visión y con vuestra apreciación de lo que supone la Unión Europea, y te diré por qué. Tras la II Guerra Mundial, Europa fue dividida, no en Yalta, sino en Postdam, que fue cuando Estados Unidos dijo que tenía la bomba nuclear, mucho antes de que la Unión Soviética la tuviese. Allí la Unión Soviética consiguió lo mínimo que había demandado, que un número determinado de países de Europa del Este estuviese en una situación que impidiera que fuesen utilizados por el imperialismo occidental para impulsar una nueva guerra antisoviética. Europa Occidental en ese momento está ya bajo el control de Estados Unidos y no podemos olvidar la creación de la OTAN en 1949, antes de la propia creación de la Comunidad Económica Europea en 1956. En ese momento los Estados Unidos son ya los líderes del nuevo campo imperialista y consideraban a España y Portugal como amigos y aliados, a pesar de ser dictaduras fascistas. Alcanzan un acuerdo con Franco para instalar bases militares en España y no olvidemos tampoco que Salazar fue uno de los fundadores de la OTAN. No parece que la OTAN fuese la vanguardia de la democracia, cuando se dice que asoció a países democráticos y te encuentras a Salazar, a los coroneles griegos o a los generales turcos. El proyecto europeo es un proyecto americano desde el primer momento. Cuando en 1956 el Tratado de Roma crea una unión limitada a un mercado común, los partidos comunistas en aquel momento particularmente el francés y el italiano, lo criticaron de forma correcta como un instrumento del capital subordinado a los Estados Unidos, pero no tuvieron nada mejor que proponer, ya que el modelo de Europa del Este no resultaba atractivo. Giscard dÉstaing, ponente de la llamada Constitución Europea, dijo algo realmente interesante, que la Comunidad Europea había hecho ilegal el socialismo, porque había sido construida bajo el principio sacrosanto del derecho a la propiedad privada, de tal manera que cualquier propuesta política de nacionalización es considerada ilegal, así como en los Estados Unidos el derecho a la propiedad privada es considerado como el más importante derecho humano, la propiedad privada es más importante que la salud, la educación o el alimento. Este fundamento constitucional de Europa se ha fortalecido año tras año, con los tratados de Maastricht y de Lisboa y con la creación del Euro. Todo ello ha constituido una vía que hace irreformable este sistema y aquellos bienintencionados que piensan que otra Europa es posible reformando los tratados están equivocados, es imposible. Y este es el desafío real que todos los países europeos tienen que afrontar. Algunos países pueden pensar que tiene sus ventajas pertenecer a la UE, pero quien de verdad ha obtenido ventajas es Alemania. Podemos decir en un sentido amplio que Europa es una Europa alemana, en particular con respecto a lo que yo denomino las semicolonias de Europa del Este.

M.O.: De hecho las ampliaciones de la UE a Europa del Este han sido el portal de entrada a la OTAN de estos países.
S.A.:
Efectivamente, pero eso tampoco es nuevo. Recordemos que cuando Franco murió y la llamada democracia fue introducida en España y fue posteriormente admitida en Europa, una de las condiciones fue que, de manera simultánea, España debía entrar en la OTAN, tenía que aceptar la subordinación a los Estados Unidos para ser miembro de la Unión Europea.

M.O.: Entonces, ¿la idea de unos Estados Unidos de Europa, de una entidad supranacional que compitiese con los EEUU?
S.A.:
Demagogia y falsedad. Está bastante claro. Lo importante es que este modelo de Europa es por sí mismo, no solamente inaceptable, sino que supone la subordinación de las gentes trabajadoras a la dictadura del capital, en los servicios públicos, en la salud y la educación, la privatización y la mercantilización de absolutamente todo. Un sistema que ha sido construido para hacer imposible su reforma y que ha provocado un incremento brutal de la desigualdad en los últimos 50 años, dentro de cada país y a nivel global, creando un mercado para la inversión de capital.

M.O. Fijado el problema, ¿cuáles son las salidas? ¿Qué hacer?
S.A.:
La primera contradicción que Marx analizó es que el capitalismo tiende a movilizar el conjunto de las capacidades colectivas en función de las demandas del mercado. Esto es lo que provoca no una crisis capitalista, sino una crisis del capitalismo, que es algo distinto, lo que significa que no puedes superar las crisis del capitalismo si no sales del capitalismo en crisis, gradualmente por supuesto. Nada sucede en veinticuatro horas, en ningún sitio, en ningún momento histórico, incluso la Revolución de Octubre no se resolvió en un día, sino que abrió un periodo histórico. Si nosotros, la izquierda radical, y en particular los comunistas, no pensamos y elaboramos una estrategia para romper y reconstruir Europa sobre otras bases será la ultraderecha quien lo haga, y lo hará a su manera, sometiendo aún más el trabajo a la dictadura del capital nacional.

“La cuestión catalana está dificultando la construcción de alianzas, el reto real no es que Cataluña sea un país independiente, el desafío es cambiar las políticas económicas y sociales de España”



M.O.: Nada nuevo, tampoco.
S.A.:
Nada nuevo, pero se repite de una manera distinta, más sutil, es decir, el nuevo fascismo no va a ser una réplica del fascismo de entreguerras, se implanta obligando al pueblo, a la gente trabajadora, a aceptar vivir cada vez peor. El capitalismo de hoy está más cerca de un sistema totalitario que cualquier modelo capitalista que hayamos conocido, tiene una ideología, una solución, TINA [Acrónimo de There Is No Alternative, no hay alternativa] y la gente está siendo “formateada” para ello, la revuelta de la confusión. Volvamos de nuevo a Marx, que señaló que nosotros, los comunistas, somos aquellos que entendemos las razones para rechazar el sistema y debemos ayudar a los trabajadores y al pueblo a entender y a ser más conscientes y, con ellos, dar una alternativa.

M.O.: Y entiendes que esta alternativa debe de ser de carácter nacional-popular y esto es un punto fundamental para orientar las alianzas pero, ¿hay un capital nacional que confronta con un capital más global, internacionalizado?
S.A.:
No. No creo que haya dos grupos de capital, uno nacional y otro global. Creo que el capital dominante es global. En España, por ejemplo los bancos españoles, Banco de Santander y otros, son un ejemplo. Su interés radica en dominar los mercados locales, relativamente más pequeños. Y claro que eso tiene implicaciones a la hora de establecer alianzas de clase, alianzas sociales en un sentido progresivo. Salir de esta Europa y comenzar a construir otro modelo que no puede estar limitado a las clases trabajadoras, que puede incluir a un buen número de sectores en los servicios, en el llamado auto-empleo y creo que el programa no debe de ser un programa nacionalista agresivo contra el vecino. Si tú comienzas, y nosotros también, podemos establecer acuerdos y compromisos, no solamente a nivel económico, sino también político. Para comenzar a construir otra Europa no me parece descabellado comenzar a pensar en tres países: Grecia, Portugal y España.

M.O.: ¿Italia y Francia?
S.A.:
No, creo que Italia no, podría ser, quizá, pero pienso sobre todo en esos tres países. Grecia, el problema de SYRIZA ha sido pensar que Europa es reformable y esto le ha llevado a hacer concesiones y finalmente abdicar. Algo similar podría pasar en España, pero un diálogo entre Podemos, el Partido Comunista, Izquierda Unida, los sindicatos etc. no sé muy bien a dónde se puede llegar, lo que sí sé es que es necesaria una estrategia alternativa. Por desgracia la cuestión catalana creo que está dificultando la construcción de alianzas, el reto real no es que Cataluña sea un país independiente, el desafío es cambiar las políticas económicas y sociales de España, de todo el país incluyendo Cataluña. En Portugal, el Partido Comunista está apoyando puntualmente las acciones del gobierno que rompen con las políticas de la Unión Europea y en Francia el movimiento social de carácter económico también podría propiciar la aparición de condiciones similares, ojalá. En todo caso, creo que tenemos que empezar, aunque sea en un país pequeño, porque cuando alguien comienza, puede empezar a convencer a otros. Y no se puede esperar a que la opinión pública cambie en Europa, porque eso no va a ocurrir.

Publicado en el Nº 317 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2018

En esta sección

Radicalización profunda versus restauración neoliberalLos velos que esconden las guerrasVenezuela, gana Maduro, gana el puebloSamir Amin: “El proyecto de la UE es, desde sus inicios, un proyecto americano”El PCE apoya el diálogo nacional por la justicia y la paz en Nicaragua

Del autor/a

Samir Amin: “El proyecto de la UE es, desde sus inicios, un proyecto americano”Clara Alonso: “Los pies en la tierra de nuestros cargos públicos tienen que estar en la tierra embarrada del conflicto”Enrique Santiago Romero: “La unidad popular no es una opción, es una obligación”“El sujeto hoy del cambio es muy plural, y alguien tiene que organizarlo: yo creo que somos nosotros”Balance y perspectivas del movimiento republicano