Responsable del Área Institucional del Comité Central del PCEClara Alonso: “Los pies en la tierra de nuestros cargos públicos tienen que estar en la tierra embarrada del conflicto” “La primera tarea de un o una comunista en una institución es contribuir a la construcción del bloque social y político de ruptura”.

J.M. Mariscal Cifuentes 01/06/2018

MUNDO OBRERO: ¿Por qué el PCE tiene ahora un Área Institucional? ¿Qué papel debe jugar tu responsabilidad en la dirección del Partido?
CLARA ALONSO:
En primer lugar tenemos un mandato, el XX Congreso señala la necesidad de coordinar el trabajo de los y las cargos públicos comunistas, no sólo para asegurar que la política del partido alcance la acción institucional de los comunistas, sino desde el entendimiento de que los y las cargos públicos comunistas tienen una tarea fundamental en la consecución de los objetivos estratégicos. Más allá de la respuesta teórica a cuál es el papel de los comunistas en las instituciones, se abre la posibilidad de hacer una reflexión muy interesante sobre el trabajo institucional. Decimos que la institución absorbe, que la institución suele marcar la agenda, por eso es necesario subrayar la idea de que el trabajo institucional se incluye dentro de una visión de lucha mucho más global.

M.O.: ¿Qué importancia concedes a la idea de gestión? Es algo que está muy presente en los debates de los y las cargos públicos.
C.A.:
Solemos recurrir críticamente a la idea de que las tareas institucionales no deben ser un trabajo de mera gestión, caemos en despreciar como burocrática la gestión diaria, pero la gestión es fundamental y es una idea, un relato, que no podemos dejar en manos del régimen. La gestión, la buena gestión de la política pública es lo menos que se demanda a quien aspira a gobernar una ciudad, o un país. Es fundamental conocer y dar a conocer nuestro buen hacer en la gestión pública, no para que nos den el premio al parlamentario del mes, sino para poner de manifiesto la solvencia en la aplicación de nuestras políticas en la cosa pública. Los y las comunistas debemos conocer los límites de la propia institución para desbordarla y, para poder hacer eso, hay que saber cómo se gestionan las políticas públicas. El PCE tiene la obligación de suministrar las herramientas que permitan saltar los propios límites que la institución impone.

M.O.: Entonces, ¿es posible contribuir a la estrategia de ruptura democrática desde la institución? ¿Qué papel tienen los y las comunistas?
C.A.:
La primera tarea de un o una comunista en una institución es contribuir con su trabajo a la construcción del bloque social y político de ruptura. Para ello debemos partir de la idea de que el trabajo institucional se inserta en esta estrategia. Vivimos una permanente tensión que trata de colocar el centro de la toma de decisiones en la calle, en la organización o incluso en los grupos institucionales, y hemos tenido experiencias, no hace mucho tiempo, que, por desgracia, situaban la toma de decisiones en los grupos parlamentarios. Pero el trabajo institucional forma parte del proceso de acumulación de fuerzas. Mi principal tarea, como responsable de esta secretaría, es recuperar la idea de que el trabajo institucional está subordinado y se inserta en el proceso de acumulación de fuerzas general para transformar este país.

M.O.: Pero las comunistas compartimos espacios institucionales con personas que son de IU y ahora también de otras fuerzas políticas.
C.A.:
La otra tarea que un cargo público comunista tiene, en esta fase, es trabajar de manera permanente para consolidar el trabajo compartido con otras fuerzas políticas e impulsar la constitución de los espacios que quedan por construir. Hemos recorrido aun muy poco del camino, hemos logrado alcanzar una especie de confluencia electoral que todavía tiene mucha necesidad de expresarse en otros ámbitos de lucha.

M.O.: ¿Y cómo casa eso con un programa común?
C.A.:
El papel de los cargos públicos comunistas en la elaboración programática es esencial, pero no solo por que tengan una experiencia concreta acumulada en su trabajo, sino porque son ellos y ellas los principales promotores de la idea de programa para la unidad popular y la idea de un programa de confluencia. Siempre ponemos el ejemplo de la unidad popular en la calle, pero también debemos hablar de la necesidad de la unidad popular en la elaboración política. Eso significa coordinarnos con muchos otros cargos públicos, no comunistas, en el trabajo institucional.

M.O.: ¿Y cómo hacemos para tener un pie en la calle y otro en la institución?
C.A.:
De la institución a la calle, de la calle a la institución. Una antigua controversia. Pero la elección entre calle o institución es una falsa dicotomía. Lo que hay que pensar es cómo conseguimos coser, tejer de manera unitaria el trabajo en la calle y el trabajo en la institución. Basta con entender que ambos aspectos son subsidiarios de una única estrategia, la que tenemos como PCE. Es mucho más fácil pensar en el trabajo del día a día cuando tienes claro el objetivo estratégico. Esa falsa dicotomía se rompe cuando empezamos a construir lo común desde el reparto de tareas.

M.O.: Pero siempre decimos que los y las cargos públicos tienen que tener los pies en el suelo, como si estar en la institución nos obligara a ser realistas tras el idealismo de la lucha en la calle.
C.A.:
Pensar en la institución alejada de la calle es una de las herramientas fundamentales del parlamentarismo burgués. Los pies en la tierra que tienen nuestros cargos públicos tienen que estar en la tierra embarrada del conflicto, y no consiste en hacerse la foto en las manifestación que pasan por la puerta del Congreso o del Ayuntamiento, sino en que nuestros y nuestras cargos públicos sean activistas y promotores del conflicto. Eso implica que, no solamente la agenda, sino la acción institucional y, sobre todo, la elaboración política, está determinada por la agenda que marca el conflicto.

M.O.: Bajemos a las calles de las ciudades y los pueblos ¿Qué suponen las próximas elecciones municipales en la estrategia del partido?
C.A.:
Quisiera ir más allá más allá del lugar común que supone que el ayuntamiento y los municipios son el espacio más cercano a la ciudadanía. Los municipios han sufrido, como ninguna otra institución, las políticas de austeridad y los recortes; por la “ley Montoro” se han convertido en espacios con sus políticas públicas limitadas, pero ello les confiere la máxima potencialidad para construir la alternativa. Son el espacio en el que entiendo que se puede construir más imaginario de ruptura y de alternativa política.

M.O.: Si a su vez superamos los localismos.
C.A.:
Si entendemos que el trabajo municipal va mucho más allá de los límites del término municipal, que es un espacio de oportunidad política, en el que contamos a las personas que están desesperadas que hay alternativa, que es necesario desbordar este marco institucional asfixiante y que es necesario combatir este capitalismo voraz y excluyente. Por eso creo que han atacado tanto a las ciudades del cambio. Por eso ha sido tan importante la batalla de Sánchez Mato en términos de país. A Montoro le daba igual cien mil euros arriba o abajo, Montoro lo que quería dejar claro era que no había posibilidad de alternativa a la política neoliberal, que el terreno de juego lo marcan ellos, por ello creo que es crucial construir y consolidar alternativas de gobierno que rompan el marco de hegemonía capitalista.

M.O.: ¿Y qué me dices de la participación ciudadana como herramienta de empoderamiento del pueblo?
C.A.:
Debemos recuperar la idea de participación ciudadana desde lo deliberativo. Se ha manoseado mucho la participación ciudadana en los últimos tiempos. La participación digital, llamémosla así, para entendernos, es una herramienta útil y hay que volcar las tecnologías que faciliten la participación, pero hay que recuperar la idea de una participación ciudadana cualitativa. Si en algún sitio puede hacerse política deliberativa, piel con piel, de mirarse a los ojos y entenderse, es en el ámbito municipal. Siempre ponemos el ejemplo de los presupuestos participativos, pero hay muchos más marcos de participación que se pueden explotar y que se pueden trabajar y tienen que ser un eje central de lo programático: la rendición de cuentas; el control social de los servicios públicos,... deben ser un eje central de nuestra acción política. El proceso mismo de elaboración programática tiene que ser participado, esto no va de que decidamos la línea política en un despacho y luego le pidamos al ciudadano que participe, se trata de que desde el minuto uno tenemos que entender que el proceso programático y la línea política tienen que hacerse de manera participada.

M.O.: ¿Y las listas?
C.A.:
Las listas también, por supuesto. Pero las primarias no consisten únicamente en ponerse delante de un ordenador a votar, las primarias también se hacen en una asamblea abierta de Izquierda Unida. En ese sentido, llevamos haciendo hace mucho tiempo y antes que nadie. Y si hay posibilidad, las primarias deben superar la participación de militantes y simpatizantes, deben ser procesos abiertos a más gente, implicando especialmente al pueblo trabajador, a las víctimas de la crisis. Abrir la toma de decisiones yendo mucho más allá de los márgenes de la organización. Lo ideal es que los procesos participativos desborden a las propias organizaciones políticas, vivimos un momento político de país que lo exige, y si no lo ponemos en marcha no digo que nos equivocaremos, pero nos quedaremos lejos de lo necesario. Debemos ser capaces de combinar la elaboración de la línea política, incluso del programa, con la elaboración de las candidaturas. La secuencia lógica es políticas, programa y candidaturas, porque el proceso es el que te permite también construir referencias y desbordar a las propias organizaciones. Sí algo nos ha enseñado la huelga feminista es que vivimos en un momento político que nos pide ir mucho más allá la lógica interna de los partidos.

M.O.: ¿Qué balance histórico haces del papel del PCE y de IU, de sus concejales y concejalas, en los ayuntamientos?
C.A.:
Nuestros concejales y concejalas son nuestras heroínas, nuestros héroes. Eso sí que es trabajar contra viento y marea. Son los que han dado la cara, porque el modelo está construido de tal manera que los medios ponen la labor institucional en el centro, porque los vecinos y vecinas a quien abordan e interpelan en la calle, con sus problemas cotidianos es a su concejal, a su alcaldesa o alcalde. Han trabajado de manera heroica en momentos políticos tremendamente difíciles para esta organización, para las ideas y planteamientos políticos de esta organización. Porque más allá de la bronca en el pleno, lo más difícil ha sido que tus vecinos y vecinas no te entendieran, o que te vieran como el pesado que da la tabarra o supone un freno para el “desarrollo económico” del pueblo, de la ciudad, que cuando te oponías a la construcción de un campo de golf, a una promoción urbanística especulativa o a la privatización de la empresa de aguas estabas yendo contra el empleo, contra el “desarrollo”. Izquierda Unida ha sido, a lo largo de su historia una referencia ética de lucha contra la corrupción, contra el clientelismo. Este país es, sin duda, un país mejor gracias al trabajo constante, voluntario, consciente y humilde de miles de cargos públicos comunistas.

Publicado en el Nº 317 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2018

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