La izquierda y los sindicatos organizaron una gran marea el 26 de mayoEl ultraliberalismo de Macron moviliza a cientos de miles de personas en las calles de Francia Los funcionarios se movilizan contra el tijeretazo de Macron de acabar con 120.000 funcionarios en los próximos cinco años.

Raúl García Hémonnet 31/05/2018

Se cumple el primer año de presidencia de Emmanuel Macron. La clase obrera francesa responde en la calle con mayor o menor intensidad a unas reformas que pretenden socavar lo que queda de estado social francés. Los trabajadores de los ferrocarriles públicos son la cara más combativa de la resistencia antiliberal.
Hace poco más de un año, el liberal Emmanuel Macron llegaba al poder de la mano de una plataforma-partido denominada 'En Marche' llena de tránsfugas de socialistas y de la derecha republicana.

A partir de ese momento, el Ejecutivo, con el primer ministro Edouard Philippe a la cabeza, puso en marcha una batería de medidas que incluye una importante disminución de los impuestos a las rentas del capital, instaurando una 'tarifa plana' del 30% sobre la gran mayoría de estos ingresos percibidos principalmente por la clase dominante y una rebaja significativa del impuesto de sociedades, que pasará del 33% actual para beneficios empresariales por encima de 500.000 euros al 25% al final del quinquenato de Macron, en 2022, entre otras.

Además de estas medidas fiscales que ahondan en una situación de desigualdad, una de las principales ofensivas sociales del presidente de la República Francesa es el desmantelamiento, también llamado 'liberalización' de los servicios públicos. El capítulo más mediático de esta guerra abierta al sector público francés es el pulso que el Gobierno Macron-Philippe está echando a los trabajadores y trabajadoras de los ferrocarriles públicos franceses (SNCF).

A grandes rasgos, la reforma que pretende el Gobierno de En Marche contempla la “apertura de la empresa pública a la competencia privada” y la “reforma del estatus del trabajador ferroviario”, según explicaba el pasado febrero el primer ministro Édouard Philippe. Esta reforma del estatus, que precariza de manera significativa el empleo en la SNCF, no afecta a los trabajadores actuales del ferrocarril pero sí a los trabajadores no funcionarios actuales y a los contratados una vez aprobada la reforma.

Ante estas medidas y la decisión del Gobierno de no mover ninguna de las líneas sustanciales de la reforma, los principales sindicatos franceses del ferrocarril (CGT, Sud-Rail y CFDT, entre otros) han lanzado una campaña de movilizaciones y huelgas para forzar al Gobierno a retirar su reforma antisocial. Por su parte, el Gobierno quiere aprobar la liberalización lo más rápido posible para evitar un “conflicto social de gran amplitud” que paralice el país. El proyecto de ley llegó al Senado a finales del mes de mayo, con más de 169 enmiendas. El voto de la cámara alta tendrá lugar a principios de junio.

Desde el tres de abril los sindicatos del ferrocarril llevan a cabo una huelga inédita de 48 horas cada cinco días y han programado un total de veintidós jornadas de acción hasta finales del mes de junio. En el momento de escribir estas líneas se publican los resultados de una votación llevada a cabo por los trabajadores de la SNCF. El 94,97% de los votantes (más de un 60% de los llamados a expresarse) ha mostrado su rechazo a la reforma del Gobierno. Desde los sindicatos esperan que este resultado “dé un nuevo impulso a sus movilizaciones y a la lucha”.

Pero los trabajadores del ferrocarril no son los únicos. Los empleados públicos han salido a la calle en numerosas ocasiones a lo largo de este primer año de Gobierno de Macron. Los funcionarios de diferentes áreas de la Administración Pública se han movilizado ante el 'tijeretazo' pretendido por el gobierno Macron: 120.000 trabajadores públicos menos en los próximos 5 años. El 22 de marzo, decenas de miles de personas salieron a las calles de Francia. Las manifestaciones más importantes fueron las de París, con 50.000 personas.

Una gran marea popular

Los partidos de izquierda (esencialmente PCF, Francia Insumisa, Partido de Izquierda y Nuevo Partido Anticapitalista) y movimientos sociales que están acompañando a los sindicatos durante todo este ciclo de movilizaciones llamaron a una “gran marea popular” que se celebró el 26 de mayo. El objetivo es lograr la ansiada 'convergencia de las luchas' que todas las fuerzas de izquierda antiliberal (partidos y movimiento obrero) persiguen para hacer frente a la ofensiva antisocial de Macron.

Partidos, sindicatos y movimientos sociales quieren salir a la calle para reivindicar “la igualdad, la justicia social y la solidaridad” frente a un inmovilismo e intransigencia demostrada por un Gobierno francés que está mostrando importantes similitudes en el discurso con el Gobierno Conservador de Margaret Thatcher que destruyó la sociedad inglesa durante los años 80. La frase tan repetida por Macron y sus ministros “el mundo está cambiando y Francia (La SNCF, la Administración Pública, etc..) debe cambiar con él”, se asemeja de manera peligrosa al “No hay alternativa” de la Dama de Hierro que tanto sufrimiento ha ocasionado a la clase trabajadora mundial.

Publicado en el Nº 317 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2018

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