Ante la posibilidad de ser derrotados una parte muy importante de la oposición optó por seguir promoviendo la desestabilizaciónVenezuela, gana Maduro, gana el pueblo

Mundo Obrero Redacción 11/06/2018

El domingo 20 de mayo se celebraron elecciones presidenciales en Venezuela. Estos comicios registraron una participación del 46% del electorado y dieron como resultado la victoria del Frente Amplio de la Patria (FAP) y la reelección de su candidato presidencial, Nicolás Maduro, con un total de 6.245.862 votos, obteniendo el 67,84%. Según datos del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela, estos comicios contaron con un Plan de Acompañamiento Internacional, con más de dos mil observadores internacionales. Entre las personalidades participantes se encontraron políticas, académicas, parlamentarias, intelectuales y periodistas de América Latina, El Caribe, Europa (España, Francia, Alemania, etc.), África, América del Norte (Estados Unidos) y Asia (China, Rusia, etc.). También se sumaron observadores de organismos internacionales como la Unión Africana y el Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (CEELA). Todas las misiones coincidieron en reconocer la validez y la transparencia de dicho proceso electoral y apelaron al respeto y aceptación de los resultados obtenidos. Además, todos los partidos políticos y candidaturas contaron con testigos (interventores) en las mesas electorales para poder fiscalizar la limpieza del proceso.

Desde la llegada a la presidencia de Hugo Chávez, se han realizado veinticuatro procesos electorales en Venezuela. Veintidós han sido ganados por el chavismo y dos por la oposición, una reforma constitucional por pocos votos y las elecciones a la Asamblea Nacional en 2015. Ésta última de forma amplia, siendo reconocida la derrota por el presidente Nicolás como lo fue la anterior por Hugo Chávez. El problema para la oposición es que no ha sido capaz de gestionar la importante victoria de 2015 bajo una durísima situación económica que lastraba el apoyo del gobierno, ya que carecen de una visión común, es decir, un proyecto de país.

En primer lugar, prometieron sacar del poder a Maduro en seis meses, algo para lo que la Asamblea Nacional no tiene atribuciones. El propio Tribunal Supremo de Justicia estableció que siguiendo los cauces democráticos, a través de una reforma era posible recortar el período constitucional de mandato para el presidente de la república, pero que no podría al mandato vigente en ese momento al no existir retroactividad de la ley. Después, intentaron el referéndum revocatorio, sin poder presentar las firmas necesarias en plazo ni en cantidad suficiente. Y, posteriormente, las acciones de traición al pueblo y a la patria fundamentalmente a través del apoyo y justificación de la violencia y las peticiones de sanciones económicas. Los actos de violencia conocidos como “las guarimbas” fueron llevados a cabo por grupos entrenados y causaron más de cien fallecidos, algunos de ellos fueron incluso quemados. Todo acompañado de una campaña mediática coordinada a nivel nacional e internacional. En cuanto a la sanciones, es fácil recordar las visitas a España de importantes líderes de la oposición como Borges o Ledezma de gira por Europa pidiendo sanciones económicas. Una campaña de cerco internacional dirigida por EEUU y apoyada fundamentalmente por la Unión Europea, la OEA y el Grupo de Lima, frente a Rusia, China, Irán, los países del ALBA o los de la Unión Africana, que sí reconocen a las instituciones de la República Bolivariana de Venezuela.

Frente a la violencia y el enfrentamiento, la salida democrática de Asamblea Constituyente, que fue electa el 30 de julio de 2017, con la amplia participación del pueblo alcanzando más de ocho millones de votos provocó un cambio en la correlación de fuerzas. Y la oposición perdió lo ganado en 2015 en meses de violencia. Después, en las elecciones a gobernadores en el mes de octubre, el chavismo ganó en 18 estados frente a 5 de la opositora MUD.

Tras los diálogos entre gobierno y oposición celebrados en Santo Domingo con la mediación del expresidente Zapatero, se acordó adelantar las elecciones al 22 de abril en principio, finalmente celebradas el 20 de mayo. Tras llamadas del Secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, la MUD no firmó el acuerdo. Ante la posibilidad de ser derrotados una parte muy importante de la oposición optó por la abstención y seguir promoviendo la desestabilización del país y la intervención extranjera.

Por todo ello entendemos que el gran triunfo de la revolución en Venezuela es tener un poder popular organizado y unas clases trabajadoras que se defienden a sí mismas y que tienen clarísimo quién es el enemigo y quién es el agresor, lo que hay que enfrentar y quién pretende restarles derechos y soberanía.

Esto es resultado de una política en la que no se fragmenta la visión de la vida, no se habla de economía por un lado y de política, garantías sociales y política internacional por otro. Esa fragmentación se aplica desde el poder en Europa y EEUU con sus pueblos para que no ocurra en ellos una visión de conjunto y una comprensión de su realidad, con lo cual se genera desmotivación política y fragmentación de las luchas.

Cuando no se hace eso y se gobierna con políticas favorables al pueblo la gente se forma políticamente y aprende a distinguir.

Las dificultades en Venezuela son enormes. Hay desánimo ya que la situación es difícil de sostener porque las sanciones y agresiones ya estaban anunciadas. Pero aunque la situación pueda ser extrema para millones de personas también está la percepción de que no hay que rendirse porque si gana el imperialismo la situación va a ser mucho peor.

Texto firmado por:
Vanesa Angustias (senadora IU); Miguel Ángel Bustamante (Diputado de IU); Javier Couso (eurodiputado IU); Iñigo Martínez Zatón (responsable de solidaridad internacional de IU); Manu Pineda (Secretario Internacional del PCE).

Publicado en el Nº 317 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2018

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