Ni dios ni amo

Israel El sionismo, como el nazismo o el wahabismo, son doctrinas fascistas... enemigo no sólo de Palestina sino de toda la humanidad.

Benito Rabal 11/06/2018

1898.- Teodoro Herzl, el padre del sionismo, declara que Palestina es una tierra sin pueblo a donde debe ir el Pueblo sin tierra. El escritor francés – y judío- Max Nordau le advierte que en Palestina hay árabes y se va a cometer una injusticia. Herzl le responde: "La edificación del Estado Judío no puede hacerse por métodos arcaicos. Supongamos que queremos exterminar los animales salvajes de una región. Es evidente que no iremos con arco y flecha a seguir la pista de las fieras, como se hacía en el siglo XV. Organizaremos una gran cacería colectiva, bien preparada, y mataremos las fieras lanzando entre ellas bombas de alto poder explosivo".

1917.- En las universidades francesas se enseña que los argelinos son más parecidos a los monos que a los hombres y David Ben Gurion -padre también del Estado de Israel- afirma que "en un sentido histórico y moral, Palestina es un país sin habitantes". No ignora que el 90% de los habitantes son árabes; dice simplemente que no existen como seres históricos o morales.

El canciller británico Balfour, autor de la declaración mediante la cual Gran Bretaña sienta el moderno fundamento del Estado de Israel, escribe a Lord Rotschild: "el gobierno de Su Majestad contempla con simpatía las aspiraciones Judías Sionistas sobre el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo Judío, y usará sus mejores esfuerzos para facilitar el cumplimiento de ese objetivo”.

1919.- Balfour añade: "el sionismo, bueno o malo, es mucho más trascendente que los deseos y prejuicios de los 700.000 árabes que ahora habitan esa antigua tierra. En Palestina no pensamos llenar siquiera la formalidad de consultar los deseos de los actuales habitantes del país".

1921.- La Organización Sionista se pregunta: "¿Quién ha dicho que la colonización de un territorio subdesarrollado debe hacerse con el consentimiento de sus habitantes? Si así fuera, un puñado de pieles rojas reinarían en el espacio ilimitado de América".

La inmigración judía había comenzado a llegar a Palestina y las directrices del sionismo no dejaban confusión alguna. El trabajador árabe, el habitante desde hace más de 2000 años de Palestina, se convirtió primero en competidor del inmigrante, después en enemigo y finalmente en víctima. La Histradut, central sindical judía –socialdemócrata- no les admite en su seno, les boicotea y prohíbe a las empresas judías que compren materiales trabajados por los árabes. David Hacohen, miembro de la Histradut y años después parlamentario israelí, intentaba explicarlo a los socialistas ingleses: "en nuestro país uno adoctrina a las amas de casa para que no compren nada a los árabes, se piquetean las plantaciones de cítricos para que ningún árabe pueda trabajar en ellas, se vuelca petróleo sobre los tomates árabes, se ataca en el mercado a la mujer judía que ha comprado huevos a un árabe, y se los rompe en la canasta…"

1947.- La Asamblea de las Naciones Unidas aprueba el plan por el que Palestina sería dividida en dos Estados, uno judío, Israel, y otro árabe. Palestina nunca llegó a convertirse en Estado.

En ese momento había 1.200.000 palestinos que poseían el 94% de la tierra y 500.000 judíos que tenían el 6%. Pero, curiosamente, la mitad de las tierras de propiedad palestina caían bajo jurisdicción israelí, y en la mayoría de los casos, las aldeas árabes quedaban separadas de las tierras que cultivaban sus habitantes.

El mapa de la partición fue votado bajo la presión de Estados Unidos, tanta que el Secretario de Defensa norteamericano, James Forestal, escribió:

1948.- Los sionistas entran en Deir Yassin, una pequeña aldea árabe a cinco kilómetros al oeste de Jerusalén sin importancia estratégica alguna y masacran a 254 hombres, mujeres y niños. El autor del genocidio, Menajem Begin, aclara sus motivos: .

1944.- Abraham León, judío marxista de 26 años, escribió en Auschwitch en 1944, su último año de vida: "El sionismo, que pretende extraer su origen de un pasado dos veces milenario, es en realidad el producto de la última fase del capitalismo".

Así es como se construyó el Estado Sionista de Israel y así continúa, fiel a su carácter colonial de último estado europeo.

Luchar contra éste y quienes lo apoyan, denunciar su carácter genocida, no es un acto de antisemitismo, sino de antisionismo. El sionismo, como el nazismo o el wahabismo, son doctrinas fascistas. No solo es enemigo del pueblo palestino, sino de toda la humanidad, incluidos los judíos.

Publicado en el Nº 317 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2018

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