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Mayo de luna llena Matilde Landa, icono de la lucha de las mujeres contra la dictadura fija su ejemplo, desde hace escasamente un mes, en una calle de la capital.

Asociación Foro por la Memoria Democrática 11/06/2018

Matilde Landa vuelve a Madrid, de donde salió en 1940 condenada por el franquismo para hacerla morir en el penal de Palma, dos años más tarde. Este icono de la lucha de las mujeres contra la dictadura fija su ejemplo, desde hace escasamente un mes, en una calle de la capital, en la zona de Tetuán, espacio vital de otra incuestionable luchadora, Petra Cuevas, que de momento se quedó sin reconocimiento municipal. Sí lo tiene la zamorana Justa Freire, maestra republicana también represaliada.

A consecuencia de los cambios en el callejero capitalino, aprobado en mayo del año pasado, y con un año de retraso pero coincidiendo con el centenario de su nacimiento, se le concede un paseo a Marcelino Camacho cerca de donde vivió más de la mitad de su vida con Josefina y su familia, en el Carabanchel donde también se ubicaba la cárcel en la que cumpliera nueve años de condena junto con otros compañeros sindicalista y comunistas. Escribíamos estas líneas el mismo día que se le rendía un homenaje público por este hecho. Institución Libre de Enseñanza, que suple a la hasta ahora dedicada a los hermanos García Noblejas (hay que reclamar el cambio también para la correspondiente estación de metro de la línea 7) y la de Cooperación, que sustituye a la dedicada al general legionario Millán Astray, son algunas otras de las ya renombradas. Entendemos que en estas próximas semanas se vayan sustituyendo todas y cada una de las 52 acordadas por el Ayuntamiento.

Avanzando en los complementos de lo que debería estar desarrollándose en materia de políticas públicas para el mantenimiento de la memoria, según se recoge en las leyes y normas vigentes a día de hoy, se ha convocado, desde el Centro documental de MH de Salamanca -en lo que se reconvirtió en archivo de la Guerra Civil tras la aprobación de la ley 52/07- un congreso de narrativa con el objeto de actualizar los conocimientos e investigaciones que continúan dispersas -así lo entienden los organizadores- sobre cómo la literatura ha encarado lo acaecido en España entre 1936 y 1939, con el objeto de servir de síntesis de cuál es el relato actual de esos hechos a ochenta años de haberse producido. La duda sobre el alcance de la experiencia está en los contenidos de las ponencias y comunicaciones, los libros y autores referenciados, que traten de la guerra y de sus consecuencias, incluido el exilio, que se seleccionen para dar cuerpo a las conclusiones finales del encuentro, que se celebrará en septiembre próximo.

No debemos pasar por alto, por lo inédito que resulta en la actuación de una Administración autonómica a día de hoy, la apuesta del Gobierno de Aragón por exhumar los cuerpos de víctimas de la dictadura franquista originarios de la región y enterrados en otras comunidades: ya tiene cerrado con los ayuntamientos de El Portell de Morella (Castellón) y Tortosa (Tarragona) la exhumación de los restos de cuatro miembros de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón abatidos en 1944. De momento, la Consejería de Cultura cederá un equipo de arqueólogos para realizar las exhumaciones con la previsión de que los análisis de ADN sean realizados por el Instituto de Medicina Legal de Aragón. Ello, que por desgracia lo debemos calificar de rareza ante una actuación pública de oficio, se transforma en precursora al no tener aún aprobada siquiera la normativa legal correspondiente.

Y terminamos con las denuncias de dos atentados contra la memoria democrática, ni nuevos, ni aislados, sino conscientes, ideológicos y sistemáticamente permitidos: la nueva violación en la fosa común del cementerio de La Barranca, en Lardero (La Rioja), y el del monolito a la Brigadas Internacionales en Vicálvaro (Madrid), como dos ejemplos recientes a los que hemos de sumar las amenazas de muerte realizadas a Manuel Clemente, concejal de Villarrobledo (Albacete), por solicitar la retirada del monolito franquista que aún pervive en esa localidad. ¿A quién corresponde poner límites a estos comportamientos? Mientras que esperamos la respuesta nos vamos tragando el honorífico ducado de Franco.


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Publicado en el Nº 317 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2018

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