Marx y menos

Karl Marx va al cine para verse

Constantino Bértolo 11/06/2018

- Hola Marx ¿cómo te encuentras?
-Hola Menos, pues la verdad es que más que encontrarme me desencuentro.
- ¿Y eso? Si acaba de ser tu bicecumple y te han dedicado fastos por doquier.
- Sí, pero la verdad es que se me ha quedado algo de mal cuerpo. No sé, tengo la sensación de que todo a mi alrededor se han convertido en una especie de larga necrológica. Leo libros, reportajes y artículos sobre mí y sobre mi obra y me da miedo estar medio muerto. No quiero ser injusto pero me da la impresión de mucho ruido y pocas nueces. Acaso menos libros y más manifestaciones y huelgas de ese proletariado que dicen que no existe me hubieran hecho sentirme más vivo.
- Ay Marx, no seas negativo. En muchos de esos libros y artículos se celebra precisamente tu modernidad.
-Sí, tienes razón, no debería quejarme. Debe ser que sufro lo que López Navia llama la envidia de autor. No sabes la rabia que me da no poder polemizar directamente contra los que malinterpretan mis intenciones, o contra los que piensan que la contradicción entre el capital y el trabajo ya no es la piedra clave sobre la que se afirma el arco central del capitalismo por muchas nuevas máquinas, servicios, contrafuertes o mercados que se hayan añadido a la construcción. Me fastidia no poder seguir escribiendo en estos tiempos en los que, como nunca, la producción de mercancías no deja de crecer exponencialmente.
- Ya, pero no te sulfures que muchos escriben en tu nombre y de muchos de ellos te sientes orgulloso. Cuando hablas de Lenin, Rosa Luxemburgo, Gramsci o Sacristán te brillan los ojos. Acabas de comprar el último libro de Silvia Federici y sé que estás deseando empezar a leerlo. Me parece que lo que estás es un poco estresado con tanto aniversario. Lo que tienes que hacer es ir al cine a ver la peli El joven Marx que han hecho contigo de protagonista.
- Miedo me da, seguro que me sacan en plan de jovenzuelo pedante que va de progre y de medio bohemio por la vida.
- Hombre, algo de eso no falta porque en verdad y sin duda eras un poco borde e intolerante. Pero la peli va mucho más allá de eso. Está más que bien. Merece la pena verla. Hasta tú aprenderás cosas de ti mismo viéndola.
- Menos, no te pongas estupendo. Lo de borde no sé que significa pero suena fatal y lo de intolerante no solo lo acepto sino que me parece un halago. Nunca he soportado la ignorancia consciente o inconsciente al servicio de los intereses creados. Nunca he aguantado a los que pretenden justificar con falsos silogismos su miedo a dar un paso adelante hacia la revolución.
- Es que lo del compromiso ya no se lleva. Se ha quedado como algo antiguo. Ahora se habla del compromiso con uno mismo.
- Ya, con tal de no ver comprometidos ni su sueldo ni su estatus los fariseos siempre se están inventando juegos de manos semánticos. Pero seguro que en la peli aparezco como un intelectual horrible, gruñón y egoísta.
- No, no, si hasta sales guapo, no tanto como Engels pero bueno... Y no te creas, por una vez no te tratan de dogmático ni de demagogo ni de falso profeta. Claro que todo transcurre bastantes años antes de que escribas El capital.
- Habrá que ir a verla. Lo que me parece estupendo es que salga de joven porque estoy hasta las narices de que siempre me pongan como un viejo de barbas blancas y cara de enfadado en casi todas las estatuas y portadas de libros. No me extraña que la gente joven piense que mis ideas se han quedado viejas. Al fin y al cabo cuando escribía El Capital no había llegado ni a los cincuenta. Me alegra de que al menos alguien recuerde que fui y sigo siendo joven. Con ganas.
- No te quejes Marx, que estás viviendo una segunda juventud. Años atrás era difícil que en una reunión de marxistas la media de edad no peinase canas y lo mismo podría decirse de la militancia en los partidos comunistas. Al menos en Europa. Ahora la cosa está cambiando. Cada vez más jóvenes se acercan a tus obras e ideas. La militancia vuelve a crecer. Hace unos meses en Bilbao hubo unos encuentros sobre Crítica de la Economía Política y puedo asegurarte que en un salón repleto con más de 300 asistentes, sin créditos universitarios de por medio, el ochenta por ciento no sobrepasaban la treintena. Y bien atentos que estaban.
- Pues esa amigo Menos sí que es buena noticia. Porque “los aparatos estéticos del Estado y la Sociedad Civil” habían conseguido que todo lo que tuviera que ver con la militancia política resultase algo nada o muy escasamente atractivo, por no decir cutre, viejuno. Romper con ese imaginario es hoy una tarea de especial y decisiva importancia. No me importaría nada ser el padre o el abuelo o lo que sea de una nueva juventud revolucionaria. Ser hacia adelante.
- No estaría pero que nada mal que así fuera, pero ándate con cuidado; recuerda amigo que para nacer los Jóvenes Hegelianos tuvisteis que matar al padre.
- Mejor que tengan que matarte que convertirse en un cadáver ambulante. Porque si tienen que matarte es señal de que estás vivo. Me voy al cine. Acompáñame.

Publicado en el Nº 317 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2018

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