Mundo multipolar

Los velos que esconden las guerras El secreto o la falsedad se han convertido en una herramienta fundamental para justificar la guerra u ocultar las consecuencias.

Willy Meyer 12/06/2018

Ciudades en llamas, hombres, mujeres, niños y niñas sepultados entre escombros, combatientes destrozados por la metralla, cadáveres apilados, las industrias, comercios, transportes y carreteras, convertidos en objetivos a destruir. Cada guerra, cada maldita guerra, hace girar las agujas del reloj de la historia hacia la barbarie, hacia el abismo.

Y son muchas guerras y muchas víctimas: 3 millones durante las Guerras Napoleónicas, 10 millones en la Primera Guerra Mundial, 54 millones en la Segunda, más de 58.000 estadounidenses y al menos 1 millón de vietnamitas murieron en la guerra de Vietnam, más de 100.000 muertos en la guerra de Yugoeslavia, 1 millón en la guerra de Iraq. Y las más recientes, las producidas en las infames guerras de Libia, Siria y Yemen, describen un cuadro dantesco donde los jinetes de la Apocalipsis galopan sin descanso sembrando el terror y la devastación.

Los señores y señoras de la guerra, capitalistas del complejo engranaje institucional-industrial-financiero, en su vía para asegurarse la acumulación de capital y materias primas, son muy conscientes de que las guerras no son populares, que necesitan de un “tratamiento” especial previo para ganarse así a las gentes de bien, a la inmensa mayoría de la opinión pública renuente siempre al uso de la violencia para dirimir conflictos.

En 1928 Arthur Ponsonby, pacifista inglés, publicó “La falsedad en tiempos de guerra: las mentiras propagandistas de la Primera Guerra Mundial” donde denunciaba, en un decálogo, cómo los países beligerantes aprendieron a mentir para hacer de la guerra una causa justificada:

1.-Nosotros no queremos la guerra.
2.-El enemigo es el único responsable de la guerra.
3.-El enemigo es un ser execrable.
4.-Pretendemos nobles fines.
5.-El enemigo comete atrocidades voluntariamente. Los nuestros son errores involuntarios.
6.-El enemigo utiliza armas no autorizadas.
7.-Nosotros sufrimos pocas pérdidas. Las del enemigo son enormes.
8.-Los artistas e intelectuales apoyan nuestra causa.
9.-Nuestra causa tiene un carácter sagrado, divino, o sublime.
10.-Los que ponen en duda la propaganda de guerra son unos traidores.

Desde entonces, el secreto o la falsedad se han convertido en una herramienta fundamental para justificar la guerra u ocultar las consecuencias de la misma.

En 1971, el periodista norteamericano Daniel Ellsberg, filtró a la prensa los llamados “Papeles del Pentágono”, documentos secretos de las Administraciones Norteamericanas relativos a la Guerra de Vietnam, donde se revelaba que Washington llevó a cabo operaciones militares encubiertas, estuvo detrás del asesinato, en 1963, del presidente de Vietnam del Sur, mandó a miles de soldados a una muerte segura y defendió su campaña de bombardeos aún a sabiendas que no eran efectivos.

El 5 de febrero de 2003, Colin Powell, Secretario de Estado Norteamericano, mostraba al Consejo de Seguridad de las NNUU, pruebas “irrefutables” de la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq y la conexión del régimen iraquí con Al-Qaeda. Aquellas pruebas resultaron ser falsas, elaboradas por sus servicios de inteligencia para justificar la guerra de Iraq. Los argumentos que dio Powell durante esa intervención de 83 minutos -en la que exhibió un frasquito que simulaba tener ántrax y empleó fotografías captadas por satélites, videos, grabaciones de audio y declaraciones de informantes- sirvieron para justificar la invasión a Iraq unas semanas más tarde, pero los inspectores de la ONU nunca encontraron armas de destrucción masiva, ni nuclear, ni biológica, ni química en ese país ni jamás se acreditó la vinculación con Al-Qaeda del régimen iraquí.

El 30 de abril de este año, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, con un formato parecido al utilizado por Colin Powell en el 2003, presentaba documentos y un vídeo que supuestamente mostraban que Irán mantiene un programa armamentístico nuclear secreto y que está engañando al mundo con su aparente cumplimiento del acuerdo de 2015, que limitaba su programa atómico a cambio de levantar las sanciones internacionales y multilaterales. Esas acusaciones se realizaban a la par que la Agencia Internacional de Energía Atómica confirmaba el acatamiento de Irán a sus compromisos establecidos en el llamado Plan Nuclear de Acción Integral Conjunto alcanzado con China, EEUU, Francia, Inglaterra, Rusia y Alemania.

El Presidente Trump, con el terreno allanado por Netanyahu, anunciaba el 8 de mayo la retirada de los EEUU del acuerdo suscrito con Irán y la reanudación unilateral de las sanciones al pueblo iraní. El resto de los países firmantes, al contrario de la opinión de Trump, valoran positivamente el cumplimiento del acuerdo por parte de Irán.

Trump, Netanyahu y Salmán bin Abdulaziz, rey de Arabia Saudí, corren un tupido velo sobre la realidad, otro velo más, para esconder las verdaderas pretensiones de EEUU, Israel y Arabia Saudí en Oriente Próximo, usar todos los medios disponibles, incluida la guerra, para asegurarse el dominio de una zona estratégica rica en gas, agua y petróleo.

Publicado en el Nº 317 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2018

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