Esperando a los bárbaros

La gente sabe latín El mercado electoral lo convierte todo en una bulla insufrible, y nadie parece querer perder el tiempo en discursos estratégicos concretos, con propuestas articuladas.

Felipe Alcaraz Masats 12/06/2018

Los pensionistas, de pie en la calle, manifestándose con contundencia, no se conforman con parches, y exigen que el poder adquisitivo de sus pensiones quede establecido en la constitución. Las mujeres saben, y lo han dicho con su voz inaugural de fuerza imparable, como una especie de 15M violeta, que la constitución no las contiene, no contiene su mirada, su universo. Todos sabemos, y así lo exigimos un día sí y otro también, que es necesario, incluso urgente, blindar constitucionalmente los servicios esenciales, frente a la voracidad del sector privado. En la misma dirección apuntan las reivindicaciones territoriales. Todo apunta, en suma, a la necesidad de un nuevo acuerdo de convivencia.

El otro día alguien me dijo desde un derroche de sentido común, y con un cierto tonillo de superioridad: Nadie sabe lo que es un proceso constituyente, y si no sal a la calle y ve preguntando a los que pasan. Y esto, pienso yo, es posible que así sea. Igual debe ocurrir con el concepto de plusvalía: Sal a la calle y la gente puede que te mire como si se hubiera tropezado con un loco hablando en latín.

Yo le contesté: ¿Tan difícil es decir que en la Constitución del 78 no cabemos todos y que es preciso, dado el malestar social, una nueva constitución, que debe redactarse con los sectores explotados y dominados en la calle para volcar el texto hacia los intereses de la mayoría?

¿Tan difícil ha sido explicarle a la gente, a propósito de la plusvalía, que están siendo explotados, y que esa explotación llega en estos momentos al límite, al haber marcado como polo dominado (frente al capital) el de los nómadas y precarios? ¿Tan difícil es explicar que la crisis ha aumentado las tasas del beneficio empresarial y ha reducido los derechos y los salarios de los trabajadores?

Pues bien, a pesar de algo que resulta evidente (al menos para mí), nadie plantea en términos constitucionales el futuro, la necesidad de organizar el futuro desde la izquierda frente a los teólogos y monárquicos de la segunda transición. El mercado electoral lo convierte todo en una bulla insufrible, y nadie parece querer perder el tiempo en discursos estratégicos concretos, con propuestas articuladas.

Pero como en el personaje de Molière, es posible que la gente no sepa que está hablando en prosa, que está pidiendo como agua de mayo un proceso constituyente, pero es así: o proceso constituyente o segunda transición restauradora. No son aceptables los acuerdos de ocasión, para salir del paso. Además, la gente es muy lista y, si me apuras, yo creo que saben hasta latín, aunque muchos políticos no se lo crean.

Publicado en el Nº 317 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2018

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