Contra el talón de hierro

La justicia en el ojo del huracán Me está dando miedo observar a medios de comunicación, redes sociales, analistas y manifestaciones masivas pidiendo años de prisión, liberaciones, prisiones permanentes o incluso linchamientos de jueces en función de nuestro ideario.

Pascual Serrano 18/07/2018

Durante una estancia en Gaza, en Palestina, una de las cosas que me asombró fue VER a los abogados palestinos litigando antes los jueces y juzgados israelíes. Yo le pregunté a uno de ellos qué utilidad podía tener encomendarse a los jueces y juzgados del país enemigo, cuyo gobierno y ejército les invadía, asesinaba y bombardeaba. El abogado me respondió que, aunque fuese ante las leyes y los jueces de Israel, había que recurrir al sistema judicial porque fuera del sistema judicial lo que había era la jungla, y la jungla era la peor opción para el débil. Creo que fue una lección de estrategia y de sentido común para cuando nos indignemos con la justicia. No olvidemos que fuera de las instituciones solo está la jungla. Y allí los débiles siempre sucumben.

Recordé esa conversación al leer el libro “El secuestro de la justicia. Virtudes y problemas del sistema judicial”, escrito por el magistrado Joaquim Bosch y el periodista Ignacio Escolar. Normalmente los periodistas hablamos, o escribimos, mucho sin saber, y normalmente los jueces saben mucho, pero no quieren escribir ni hablar. Aquí tenemos la suerte de encontrar a un periodista que sabe y a un juez que es valiente y habla y escribe.

Estamos viviendo en España unos momentos en los que la justicia está en el ojo de huracán: Gürtel, La Manada, Urdangarín a prisión, políticos independentistas encarcelados. Un día nos levantamos indignados con los jueces porque meten a un rapero a prisión y al día siguiente nos emocionamos porque condenan a la cárcel al cuñado del rey. Nunca antes la sociedad se había considerado tan legitimada para opinar sobre culpabilidades, sentencias y prisiones. Parece como si todos tuviéramos claro cuál debería ser la sentencia y la pena para los de La Manada, para Valtonyc, para Rato, para Camps, para Urdangarín. Eso tiene su parte buena y su parte preocupante. Buena porque muestra que la justicia es demasiado importante como para dejarla en manos exclusivamente de los jueces, algo así como el periodismo que también es demasiado importante para dejarlo exclusivamente en manos de los periodistas. Pero también preocupante porque puede suponer obviar y despreciar todo un sistema de garantías y procedimientos para dejarnos llevar por nuestras animadversiones y prejuicios, o lo que es peor, por las influencias de los medios de comunicación. No sé a ustedes, pero a mí me está dando miedo observar a medios de comunicación, redes sociales, analistas y manifestaciones masivas pidiendo años de prisión, liberaciones, prisiones permanentes o incluso linchamientos de jueces en función de nuestro ideario, y sin pararse a leer sumarios, sentencias, testimonios, hechos probados y, menos todavía, leyes que, quizás, hay que cambiar en lugar de ir pidiendo sentencias a medida de nuestras ideologías, y del ruido mediático. No deja de resultar preocupante la dispar cobertura y trascendencia mediática -y, por tanto, movilización ciudadana- entre la violación de San Fermín y las de Huelva. ¿Alguien se ha parado a pensar en que los acusados de violar a las jornaleras marroquíes que cosechaban fresas ni siquiera han pasado por prisión y que el medio en que sacó a la luz esos abusos sexuales en Huelva tuvo que ser una revista alemana?

Creo que no es buena idea echar la culpa al sistema judicial y a los jueces. Del mismo modo que muchos insisten en que los jueces y las cárceles no pueden ser el modo de resolver un problema político en Cataluña, tampoco será el modo de resolver el machismo y la corrupción si no cambiamos legislaciones y mentalidades (lo cual también se hace con medidas legislativas y culturales). Por eso algunos libros serenos y sensatos sobre el sistema judicial, sus grandezas y sus miserias, nos pueden ayudar mucho.

Publicado en el Nº 318 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2018

En esta sección

¿Puede una democracia tener un ejército franquista?Salvador Allende, un revolucionario para el siglo XXIEn el reencuentro“Culto a la personalidad”De la matanza en casa del imperio, a la matanza del imperio en Latino América

Del autor/a

¿Puede una democracia tener un ejército franquista?La justicia en el ojo del huracán¿Y si la diversidad fuera un camelo del neoliberalismo?Ahí os quedáis con Rajoy y el BorbónMovilizaciones blandas