La afilada punta del cálamo

Una España “más moderna” Los problemas de los pueblos no se solucionan con el reformismo socialdemócrata. No hay salida para los problemas sociales, económicos y políticos si no se va a las raíces de los mismos, a las causas de la descomposición de un régimen senil

José María Alfaya 18/07/2018

Sin duda, proclamar la recuperación del marxismo-leninismo y el consiguiente abandono de cuatro décadas de eurocomunismo, acordado en el reciente XX Congreso, constituyen un hito trascendental en la historia de nuestra organización.

No es por aguar la fiesta marxista-leninista pero cabe pensar que cuatro décadas de eurocomunismo han dejado huella en la militancia, en la organización, en los principios y en el quehacer político diario y no va a resultar nada fácil desprendernos de tan pegajosa carga. Dicho sea de paso y sin necesidad de engolfarse en argumentos estatutarios sobre mayorías y minorías, ¿cómo se demuestra esa voluntad de cambio?

A lo mejor hay que evitar la utilización de un lenguaje interclasista –gente (oprimidos y opresores), sociedad andaluza (jornaleros y terratenientes), bien común (explotados y explotadores), modelo económico productivo, clases populares-, sin la más mínima referencia a la República, al socialismo, a la lucha de clases, a la izquierda, al sindicalismo y feminismo de clase. Quizás tengamos que aclarar qué entendemos por un “modelo productivo al servicio de las personas”… no deberíamos saltarnos los análisis de Marx y sustituir a la clase obrera por su negación populista "la gente" como pretendido motor de cambio, “la gente” como conglomerado amorfo ajeno a un análisis de clases (definidas en función de su posición en el proceso productivo) y que, por lo tanto, no toma en cuenta las contradicciones y los conflictos entre clases, así como su caudal transformador.

Tampoco deberíamos limitar nuestras propuestas de acción política a lo inmediato, sin explícitas perspectivas de transformación profunda, con menciones "light" a un conjunto de problemas cuando se plantea gestionarlos sin profundizar en sus causas reales, el capitalismo en crisis. Ya sabemos que el discurso posibilista elude cuestionar las bases del sistema, sobre todo las económicas. Por ejemplo y con respecto a la UE, solemos reducir nuestros sueños a una cuestión de más democracia y cooperación, para una "recuperación europea" y un "cambio", al parecer en base al más puro voluntarismo, y sin precisar mediante qué transformaciones estructurales se podrían lograr tales objetivos.

¿Estamos mayoritariamente convencidos de que un Partido asentado en los principios del marxismo-leninismo resulta imprescindible? ¿Queremos proyectar estrategias que unifiquen las luchas obreras y populares para la eficaz defensa de sus intereses inmediatos en el marco de una irrenunciable voluntad de construir el socialismo?

La oposición a este nuevo Gobierno de un PSOE de escasa consistencia política, neoliberal y pro imperialista, con una biografía reciente de confluencia con la derecha corrupta en temas de calado importante, será brutal y bravucona: por tierra, mar y aire. Si no hay una mayoría social movilizada y unida reclamando cambios políticos profundos, la derecha radical se crecerá y precipitará una rápida cita electoral con la caída de un Gobierno inestable que se sostiene, por el momento, mediante un complejo apoyo parlamentario. Sentados en el sofá seremos espectadores de una tragedia: siempre es posible pasar de una situación mala a otra mucho peor.
La clase dominante se apresta a organizar una alternativa de Gobierno, frente al nuevo y débil Ejecutivo del PSOE, para intensificar aún más las agresiones a la clase trabajadora y otras capas populares, como ya están haciendo, por cierto, en Francia. Deberíamos dejar claro que, bajo este Régimen monárquico corrupto, no hay ninguna solución para la mayoría de este país, que no merece quedar huérfana de una alternativa política unificadora.

En cambio, adaptarse a los acontecimientos del día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los intereses cardinales del proletariado y los rasgos fundamentales del régimen capitalista, de la evolución del capitalismo, sacrificar esos intereses cardinales por supuestas ventajas del momento, ésta es la política del oportunismo.

Los problemas de los pueblos no se solucionan con el reformismo socialdemócrata. No hay salida para los problemas sociales, económicos y políticos si no se va a las raíces de los mismos, a las causas de la descomposición de un régimen senil. Esto implica la transformación integral del propio sistema; una revolución democrática, social, popular y plurinacional.

Publicado en el Nº 318 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2018

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