La Retranca

La X de la Iglesia El Papa pide perdón, algunos cardenales piden perdón... todos piden perdón, porque todo en la Iglesia católica se soluciona con el arrepentimiento y la penitencia.

Dolores de Redondo 18/07/2018

El cine ha extendido la pretendida idea de que un instante antes de morir repasamos los acontecimientos más significativos de nuestras vidas. A mí me sucede algo parecido cada vez que veo la casilla de la Iglesia católica en la declaración de la renta: en décimas de segundo pasan ante mis ojos todas sus aberraciones y crímenes, mil anécdotas personales y ajenas con el clero, mi amarga experiencia en un colegio de monjas y, sobre todo, el Concordato y el recuerdo de que todo hijo de vecino paga “religiosamente” sus impuestos, excepto los que hacen de la religión un gran negocio. Entonces no puedo evitar un exabrupto y, por supuesto, no marco la x ni de coña.

Y cada año que pasa la lista empeora, porque saltan a la luz nuevos escándalos relacionados con la institución religiosa vaticana. El mismo día que presentaba el IRPF conocía lo sucedido en Holanda en las conocidas como lavanderías de las Magdalenas, un sistema de cuatro asilos regentados por las Hermanas del Buen Pastor, donde miles de niñas y mujeres fueron esclavizadas y maltratadas entre 1860 y 1973. Descarriadas, prostitutas, madres solteras o discapacitadas lavaban, almidonaban, bordaban y confeccionaban prendas de bebé, ropa militar o chalecos de fuerza para las principales instituciones del país como la casa real y los ministerios sin cobrar un solo céntimo y recibiendo todo tipo de abusos. A pesar de las críticas y denuncias recibidas durante años, nunca se había actuado al respecto, considerándolas “propaganda anticatólica”. Cuando la congregación fue disuelta, vendió inmuebles y posesiones en el país por valor de millones de euros, pero se niega a indemnizar a las víctimas que aún viven. Eso sí, el gobierno pidió perdón.

El escándalo de las lavanderías ya había estallado en Irlanda anteriormente, en 2013. Cuatro congregaciones -las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad, las Hermanas de la Piedad, las Hermanas Religiosas de la Caridad y las Hermanas del Buen Pastor- regentaron desde finales del siglo XVIII las denominadas “lavanderías de las Magdalenas” o “escuelas industriales”. Entre 1922 y 1996 llegaron a funcionar seis de estas instituciones, donde miles de mujeres sufrieron abusos, aislamiento, esclavitud y reclusión, en ocasiones de por vida, trabajando todo el año sin descanso para Ministerios, aeropuertos, conventos y seminarios, hoteles o restaurantes: todos gozaban del trabajo esclavizado de aquellas mujeres que debían expiar sus pecados. Las denuncias sobre los hechos siempre fueron ignoradas, pero a raíz de las presiones del Comité contra la Tortura (CAT) de Naciones Unidas se creó una comisión de investigación que encabezaba un devoto senador. Como era previsible, la investigación no encontró evidencias de abuso, aunque el primer ministro pidió perdón. Las órdenes religiosas involucradas disponían en 2012 de activos por 1.900 millones de dólares.

En un país tan profundamente católico como Irlanda, la institución católica está bajo mínimos en credibilidad y sobre máximos en criminalidad. En el año 2000 fue constituida la Comisión sobre Abusos a Menores para aclarar las numerosas denuncias presentadas por abusos sexuales ocurridos durante setenta años en escuelas públicas, orfanatos, centros para enfermos mentales y otras instituciones estatales, regentadas en su mayoría por sacerdotes y monjas. En 2009, el primado de la Iglesia Católica irlandesa, Sean Brady, pidió disculpas y dijo sentirse "avergonzado" por los miles de casos de abusos sexuales, físicos y psíquicos cometidos. Pero durante décadas fueron desatendidas las denuncias, y en muchos casos se culpaba y castigaba al niño o la niña porque se consideraba que estaban corrompidos sexualmente. Unos hechos brillantemente reflejados en la película Las hermanas de la Magdalena, de Peter Mullan o en el documental Conventos de vergüenza, de Christopher Weber.

El Papa pide perdón, algunos cardenales piden perdón, los primeros ministros piden perdón... todos piden perdón, porque todo en la Iglesia católica se soluciona con el arrepentimiento y la penitencia, que expurgan los pecados. El abuso, la explotación, la violación y el crimen en general pueden cometerse tranquilamente por la semana porque el domingo en la misa la confesión y la comunión conceden la indulgencia hasta el domingo siguiente. No hace falta viajar demasiado en el tiempo. Solo desde la creación del Estado Vaticano por los Pactos de Letrán firmados el 11 de febrero de 1929 entre Benito Mussolini y la jerarquía católica, esta se ha visto envuelta en los más diversos escándalos, que van desde la relación con el crimen organizado a los más diversos delitos sexuales, pasando por el apoyo a la represión política y a los crímenes de Estado.

Si ya asusta que hayan cometido tan graves desmanes, más asusta que lo hayan hecho con total impunidad durante siglos. Hoy nadie pone en duda que los casos de pederastia y pedofilia están generalizados en la Iglesia católica de todo el mundo y, sin embargo, era impensable hacer esa afirmación hasta hace muy poquito tiempo. Eso nos lleva a otra reflexión profundamente preocupante: ¿cuántos escándalos faltan por salir a la luz? Por ejemplo, la investigación y la denuncia por el robo de bebés está solo en su fase embrionaria. La Iglesia en España, además de no pagar impuestos, administra miles de millones en patrimonio y ha hecho de la educación, la caridad y las necesidades ajenas un lucrativo negocio: colegios, institutos, universidades, asilos, hospitales, centros de educación especial, de acogida, ONG´s... No marco la x ni de coña.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 318 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2018

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