El tren de la memoria

Mujer y Resistencia: una historia por escribir Muchas mujeres que no habían ejercido actividades políticas ni militares durante la Guerra en España, encontraron en la Resistencia francesa el momento histórico y las circunstancias para poder incorporarse a la lucha abierta contra el fascismo.

Mariano Asenjo Pajares 18/07/2018

“Los que han querido confinar a la mujer al simple papel de auxiliar de la Resistencia, se equivocaron de guerra.”
André Malraux

Cuando en marzo de 2007 murió a los 94 años Lucie Aubrac, símbolo de la Resistencia francesa frente a la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, tuvimos ocasión de conocer y adentrarnos en los pormenores de una biografía digna de ser mostrada en las escuelas y hasta de servir como hilo conductor para una serie televisiva de carácter histórico.

La leyenda de Aubrac, profesora de Historia, se fraguó en la clandestinidad cuando protagonizó diversas y sonadas operaciones de sabotaje y rescate de compañeros de armas, sobre todo su marido, Raymond Samuel, al que liberó del yugo de los nazis hasta en tres ocasiones. En agosto de 1940 organizó con el periodista Emmanuel d'Astier un pequeño grupo clandestino, ‘La última columna’, y creó un periódico, también clandestino, titulado ‘Libération’. En febrero de 1944, y sabiéndose buscada intensamente por la Gestapo, huyó a Londres con un hijo pequeño y embarazada de la que sería su hija.

Sin duda, la peripecia vital de Lucie Aubrac (como la de Simone Segouin, Charlotte Delbo y otras), es una buena introducción para componer unas notas sobre la presencia y las dificultades que debieron superar las mujeres para desempeñar un papel en la Resistencia. Su presencia ayudó a forzar un gran cambio que se pudo concretar el 29 de abril de 1945, cuando las mujeres francesas votaron por primera vez en las elecciones locales y luego en las nacionales el 21 de octubre. Fue el propio General de Gaulle quien insistió en que "las mujeres son electoras y elegibles en las mismas condiciones que los hombres".

De guerra sabían mucho ya las mujeres españolas cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. El triunfo del levantamiento franquista en España las había empujado al exilio huyendo de los bombardeos. Pese a las manos que les tenderán algunos franceses solidarios, en general, el recibimiento del pueblo francés sería hostil. La mayor parte de las mujeres pasarán estos primeros meses de exilio en albergues y centros de acogida donde las condiciones de vida no serán, sin embargo, mucho mejores que las de los hombres encerrados en los campos de concentración de Argelés, St. Cyprien y Barcarés.

Tal y como ocurre con las mujeres francesas, podemos seguir a través de casos destacados como el de Neus Catalá (por otra parte, en absoluto un caso aislado) la presencia y aportación de las mujeres españolas en la Resistencia francesa. En su libro ‘De la Resistencia y la deportación’, recuerda Neus, “las muchachas de la JSU nos incorporamos de mil y una maneras al combate. No fuimos simples auxiliares, fuimos combatientes. De nuestro sacrificio, de nuestra sangre fría, de nuestra rapidez en detectar el peligro dependía a veces la vida de decenas de guerrilleros”. Y como la propia Neus Catalá, fueron muchas las mujeres que se incorporaron a las filas de la Resistencia tras la ocupación de Francia por los nazis en mayo de 1940. Asumiendo el arriesgadísimo papel de enlaces, en las redes de evasión, transportando correos, municiones, armas o mensajes, dando cobijo a los perseguidos por la Gestapo y la Milicia francesa, confeccionando o distribuyendo prensa clandestina e incluso empuñando armas en batallas tan importantes como la de La Madeleine. Según testimonio de Regina Arrieta, miembro del Partido Comunista de España, y del Socorro Rojo Internacional: “A mí me pareció que mi vida comenzó el día que pasé a formar parte de la Resistencia para luchar contra el ocupante nazi”.

Muchas mujeres que no habían ejercido actividades políticas ni militares durante la Guerra en España, encontraron en la Resistencia francesa el momento histórico y las circunstancias para poder incorporarse a la lucha abierta y de alto riesgo contra el fascismo. La infraestructura de todo tipo fue creada sobre todo por mujeres. Pero mientras el combatiente activo, al ser detenido, todavía podía ultimar defenderse con su arma, la mujer dispuesta con su cesto de la compra lleno de octavillas ilegales quedaba a merced de sus perseguidores. Así, fueron muchas las mujeres que pagaron con su vida por su tarea en la Resistencia, o que padecieron horribles torturas al negarse a la delación de los compañeros, o que fueron enterradas vivas en el infierno de los campos de extermino nazis. Sin embargo, no hubo para ellas apenas reconocimientos ni menciones. Hay una historia que todavía está por escribir.

Publicado en el Nº 318 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2018

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