Coordinador General de IU en AndalucíaAntonio Maíllo: “Con Susana Díaz en Madrid, Rajoy seguiría en La Moncloa” Las contradicciones territoriales sin un componente social son la preparación de la vuelta al pacto de las oligarquías castellana y sureña con las burguesías catalana y vasca, la confederación como sueño de ambas burguesías.

J.M. Mariscal Cifuentes 19/07/2018

En medio de una agenda frenética y muy pegada al suelo, Antonio Maíllo, coordinador general de IU en Andalucía, se sienta con Mundo Obrero para explicar el acuerdo que ha dado lugar al nacimiento de una esperanza para Andalucía. Pero también para España y la humanidad, como reza el himno andaluz. ‘Adelante Andalucía’ es el nombre de esa esperanza. Una vez refrendado de forma masiva con un 86% por las bases de IU el acuerdo, charlamos con Maíllo sobre la situación política y los retos inmediatos que afronta.

MUNDO OBRERO: Como máximo dirigente de IU en Andalucía tu agenda lleva meses palpando la realidad y el conflicto. ¿Cómo está la Andalucía real?
ANTONIO MAÍLLO:
El contacto con esos conflictos a través de encuentros, de escucha y de diálogo, te permite detectar una Andalucía que responde al modelo de economía extractiva, profundamente dependiente de la Administración Pública y con una desarticulación social que se traduce en un paro estructural que no cambia de tendencia, en una profunda brecha de desigualdad de género y en la instalación de la precariedad en la vida de la gente, todo esto frente a un discurso oficial triunfalista que no se compadece con la realidad. Esa Andalucía que dicen que sale de la crisis pero que choca con las contradicciones sociales: el desguace del empleo, la incorporación de generaciones al mundo del trabajo que asumen con preocupante normalidad la temporalidad y la precariedad, la profunda brecha de género, que sitúa al 60% de las mujeres de menos de 30 años en situación de desempleo y la pobreza derivada de un paro y de unas ayudas que no llegan a sectores populares, que han pasado de la pobreza a la exclusión social durante la crisis. El reto que tenemos desde IU es traducir eso en términos políticos, un papel histórico en construir alternativa.

M.O.: ¿Cómo ves desde Andalucía el cambio en la coyuntura que supone el gobierno de Pedro Sánchez?
A.M.:
Desde mi punto de vista, el gobierno Sánchez no supone el fin de la volatilidad política en España. La nueva situación política, derivada de la moción de censura, sitúa la gestión del periodo post-crisis otra vez en el PSOE como vector de regeneración del régimen. Pensamos que esto forma parte de una etapa más de esa volatilidad. El conflicto catalán fue utilizado por el bipartidismo para intentar recomponerse en torno a un bloque hegemónico cohesionado frente al independentismo. Ahora el régimen intentará atraer al PSOE a una nueva fórmula de cohesión, en la que se produzca una alianza entre un poder económico, que necesita una estabilidad política con una suerte de cambio lampedusiano, con las capas progresistas a través del Partido Socialista. Las contradicciones sociales emergerán sin embargo y esa es la pista que el bloque de cambio con aspiraciones de contrapoder debe construir. Por eso me preocupa que algunos compañeros de bloque de cambio quieran asumir un papel subsidiario en este proceso.

"Las contradicciones sociales emergerán y esa es la pista que el bloque de cambio debe construir"


M.O.: ¿Un papel subsidiario con respecto al PSOE?
A.M.:
Sí, y lo decimos desde la lectura andaluza de participación en un gobierno. En el espacio del que nosotros formamos parte, la experiencia andaluza nos tiene que servir para identificar los límites del cambio a los que llegaría el Partido Socialista y me preocupa que haya gente que no haya entendido esa experiencia como una experiencia nutritiva para lo que tenemos que construir a nivel estatal. Lo que enseña la experiencia de cogobierno con el PSOE es que el PSOE no es agente de cambio. Alguien podría alegar que el PSOE de Pedro Sánchez no es el mismo que el de Susana Díaz. Lo veremos. Pero dialécticamente, creo que el espacio del que nosotros formamos parte debe constituirse como un bloque impugnatorio, que supere los límites políticos, más allá de lo simbólico, que tiene el Partido Socialista. Calviño como ministra de Economía es el mejor ejemplo. Tenemos un gobierno en el que por primera vez la Comisión Europea no tiene que preguntarle al Presidente quién es el interlocutor, porque tienen un miembro de la Comisión Europea dentro del gobierno. Esas contradicciones van a emerger. Igual que cuando se pensaba que el conflicto catalán situaba lo territorial en el eje de contradicción del sistema, surge el 8M, estableciendo de nuevo en la sociedad el debate sobre una contradicción social. Porque surge un feminismo no de corte liberal, sino un feminismo de clase que impugna el modelo. Dicho esto, debo añadir que no hay que menospreciar el valor simbólico del gobierno de Pedro Sánchez, y hay que tener cuidado para que la buena respuesta coyuntural no se convierta en una envolvente que suponga un blanqueamiento de las reivindicaciones de clase. No hay que, por un lado, caer en el posmodernismo que pueda creer que la revolución ya está hecha porque tenemos el gobierno con más mujeres del mundo o que crea que de repente este país se ha levantado laico ateo y feminista; ni por otro, en el izquierdismo melancólico de creer que esto no supone ningún cambio. Esto es cambio en la medida en que la gente lo percibe como tal, la desconexión emocional de estos procesos de cambio me parece un error, tenemos que formar parte y ser protagonistas de esa conexión emocional de los símbolos de cambio, pero para ir más allá y para liderar desde Unidos Podemos el eje del debate político en los próximos meses, y ahí se verá si hay un bloque de cambio, si hay capacidad alternativa. Yo no aspiro a que Pablo Iglesias o Alberto [Garzón] sean vicepresidentes.

M.O.: ¿Y cómo crees que afecta eso a la situación política en Andalucía?
A.M.:
En Andalucía tenemos un espacio mucho mayor que en el resto del país, el espacio simbólico del PSOE aquí es más limitado. Cuidado, es más poderoso en términos de clientelismo institucional pero es más débil en términos de cambio. Susana Díaz no representa el bloque de cambio, ni en política real ni en política simbólica, sino que representa la experiencia fallida dentro del PSOE de una reconstrucción del bipartidismo. Ella es la que permite que Rajoy gobierne y la que, si hubiera estado en Madrid, no habría habido moción de censura, por dos razones: por falta de voluntad de la propia Susana Díaz y porque si la hubiese presentado, no habría habido ese pacto “republicano” para echar a Rajoy. Conocemos la fortaleza institucional que tiene el PSOE andaluz, pero también su debilidad, de dirigentes que no tienen proyecto político y, precisamente porque nos hemos conocido, nos sabemos más fuertes a la hora de afrontar políticas de cambio que son perfectamente realistas. Es realista hacer una banca pública, no hay polo financiero sostenible sin una banca pública, pero el Partido Socialista pacta con la banca privada esa posibilidad. Es realista hacer una Ley de Memoria que satisfaga las reivindicaciones de verdad, justicia y reparación. Es posible abordar una ley de Agricultura que compatibilice el desarrollo del modelo productivo con la promoción de las cooperativas de segundo grado, el aprovechamiento público de las tierras públicas propiedad del gobierno es posible, pero tienen una alianza con las grandes propietarios, a los que les tranquilizan asegurando que no va a haber competencia del tejido de la economía social que disponga de esa creación de riqueza y de arraigo. Es que tenemos capacidad para diseñar esa nueva Andalucía porque somos mejores que ellos, pero tenemos que romper ese velo simbólico de que el único llamado a gobernar en Andalucía es el Partido Socialista.

"La experiencia andaluza nos debe servir para identificar los límites del cambio a los que llegaría el Partido Socialista"


M.O.: Andalucía va a ser la primera cita de un ciclo electoral que nos va a llevar a cambiar en dos años la conformación de todas las instituciones. Desde Izquierda Unida planteamos la ruptura democrática y la necesaria unidad popular para avanzar en ese proyecto. ¿Qué papel debe jugar Andalucía en este proceso?
A.M.:
Andalucía pasa por el momento más débil de autogobierno de su historia, por la disolución del espacio andaluz, no como un espacio identitario excluyente, sino como un espacio contribuyente a una España Federal, a un nuevo país, en una suerte de alianza republicana. El objetivo es situar otra vez a Andalucía dentro del bloque de cambio, tras el protagonismo perdido. El conflicto catalán sitúa el debate político en una suerte de puente aéreo entre Madrid y Barcelona de tal forma que todo lo que está al sur de Madrid desaparece. Andalucía debe formar parte de los problemas para las agendas de las élites españolas. Desde Andalucía apostar en términos sociales por un nuevo modelo político, frente a una Europa que nos ahoga. En términos de vertebración territorial, una España que no se puede construir sin Andalucía, o dicho de otra forma, donde el motor andaluz puede ser un motor de unidad con el resto de territorios. El mejor andalucismo está en el discurso social, el andalucismo es de izquierdas, emerge desde la contradicción social, que es la que puede hacer que este país cambie realmente. Las contradicciones territoriales sin un componente social supondrán la vuelta al pacto de las oligarquías castellana y sureña con las burguesías catalana y vasca, la Confederación como sueño de ambas burguesías. La identidad de la Andalucía que emerge son la desigualdad, el feminismo de clase, la precariedad y la falta de esperanza vital de la gente, eso es lo que puede poner en aprietos el rediseño de la gestión post crisis.

M.O.: En la consulta realizada a las bases y simpatizantes de IU se ha producido un amplio respaldo al acuerdo alcanzado con Podemos, un acuerdo abierto a la incorporación permanente de otros protagonistas. ¿Pasión por la unidad?
A.M.:
En el proceso de unidad que estamos construyendo hemos llegado a un nivel de coincidencia en lo básico. La unidad será desde el conflicto, siendo conflicto. Con los sectores movilizados y con la ciudadanía con ganas de cambio. La pasión por la unidad forma parte de nuestra esencia como comunistas. A cualquier comunista de cualquier pueblo hablarle de la unidad no es novedoso, porque la gente se hace comunista en los espacios de unidad de la clase trabajadora. Desde esa identidad se nos ha hecho muy fácil explicar el acuerdo. Hasta el punto de que compañeros que eran reacios y que se creyeron las tesis apocalípticas, han leído y constatado un acuerdo como un acuerdo de iguales, que cumple el mandato que nos dieron las asambleas locales y lo han votado favorablemente. Hay gente que no votó a la dirección actual de Izquierda Unida en Andalucía en octubre y que sin embargo se ha incorporado al apoyo a este acuerdo, algo que me alegra, porque demuestra que hay unas posiciones que son dialécticas, y por tanto políticas, no son posiciones prejuiciosas o de compartimentos estancos que no fluyen.

"Tenemos que formar parte y ser protagonistas de esa conexión emocional con los vientos de cambio pero ir más allá"


M.O.: ¿Y cómo se construye, en lo concreto, ese espacio de unidad para el cambio, en y desde Andalucía?
A.M.:
La construcción de este bloque de cambio tiene que ser desde una mentalidad de gobierno para el cambio y eso no va a depender de lo bien que hagamos las cosas desde arriba Teresa Rodríguez y yo. Sería la primera comunidad en la que nos incorporaríamos a los territorios del cambio. El programa es la base de un proyecto político en torno al cual vale la pena un bloque histórico, cuya traducción en un programa electoral es un acto de movilización, de reflexión colectiva, en este caso impugnatorio, y de acumulación de fuerzas. La elaboración programática incorpora a sectores que se hacen cómplices con el proyecto de bloque histórico en torno a la definición de qué queremos hacer. El programa es el acto de movilización mayor en este proceso. Una vez que resolvamos los aspectos político-administrativos, las ratificaciones del acuerdo, la referencialidad de las candidaturas, etc. situamos el 1 de septiembre como el inicio de curso con tres meses de movilización, pueblo a pueblo, ciudad a ciudad, sector a sector, para hablar, no solo de diagnosis de la realidad que ya la tenemos muy elaborada, sino, y sobre todo, de programa. ‘Adelante Andalucía’ es una interpelación a los sectores sociales para que se adhieran a este espacio en el que decimos que Andalucía es el eje en torno al que gira esta impugnación para el cambio, desde la contradicción social que se da en un territorio. ‘Adelante’ porque lo que nos importa es a dónde queremos ir, y decirle a la gente que independientemente de donde hayan estado en el pasado, aspiramos a un proyecto de país. ‘Programa’ significa qué es lo vamos a hacer y qué es lo que nos une. Si queremos un gobierno que ignora la explotación del sector turístico o va a condicionar las ayudas públicas a las condiciones laborales; si hay una vertebración y desarrollo del ámbito rural en Andalucía, con un gobierno que ponga a disposición de los pueblos y de cooperativas la explotación de tierras públicas, a la conformación de un desarrollo productivo en el territorio o si queremos un gobierno que se dedica a vender las tierras públicas privatizándolas desmantelando el espíritu cooperativo; si hay un gobierno que tiene voluntad de cambio a través de leyes de participación radical democrática; si estamos dispuesto eliminar el carácter de economía extractiva de Andalucía o si hay un capital político intelectual de ingenieros, técnicos, trabajadores públicos, pequeños propietarios que se conjuran para crear un bloque de cambio. En el último cuatrimestre del año se conformará el éxito del impulso popular a este proceso.

M.O.: ¿Cuáles serían las primeras medidas de un gobierno del cambio en Andalucía?
A.M.:
La creación por decreto-ley urgente, con todos los fondos públicos reembolsables y no reembolsables, de una banca pública necesaria para financiar el sector productivo andaluz; el blindaje por ley de la inversión en sanidad, educación y servicios sociales en el siete, el cinco y el dos por ciento respectivamente del PIB y una ley de igualdad y contra la violencia de género, con acompañamiento presupuestario, que afecte a todos los aspectos de gestión de la administración pública y del tejido social y económico, y por lo tanto de un proceso de empoderamiento y de revolución feminista que penetra en el gobierno.

"La identidad de la Andalucía que emerge son la desigualdad, el feminismo de clase, la precariedad y la falta de esperanza vital de la gente"


M.O.: “Adelante Andalucía” incorpora las elecciones municipales en su horizonte
A.M.:
Es que en Izquierda Unida y en el PCA sabemos muy bien que sin ayuntamientos no hay cambio. La legitimidad y la acumulación de fuerzas que nos da, la credibilidad de que somos capaces de dirigir Andalucía, nos la da el haber gobernado y demostrado que se pueden hacer políticas diferenciadas, y si no hay esa voluntad y esa mentalidad de cambio, este no se produce. Estoy convencido de que hay un espacio mayoritario con voluntad de cambio de izquierdas. El reto que tenemos es convertir ese espacio mayoritario en una mentalidad mayoritaria que se extienda y se contagie. Si nos instalamos en una lectura de cuotas de poder, que aumente el número de parlamentarios, concejales y de liberados no cambiaremos las condiciones materiales de la gente, y yo estoy en cambiar las condiciones materiales de la gente, en ser instrumento que desborde y por tanto tenemos una reto fundamental, disputar el espacio político electoral que ahora mismo tiene el Partido Socialista en Andalucía para incorporarlo a este bloque de cambio y por tanto no caer en la caricatura que pueda hacer el Partido Socialista con respecto a lo que nosotros representamos.

"La gente se hace comunista en los espacios de unidad de la clase trabajadora"


M.O.: ¿Cómo evitar que la apuesta municipalista caiga en la institucionalización o el localismo?
A.M.:
Si vas a Portugal o a Francia te encuentras con los mismos problemas de tensión en la institucionalización de la actividad o de gestión localista. Pero te aseguro que en estos momentos se dan, como nunca antes en IU Andalucía las mejores condiciones de movilización de nuestros gobiernos locales, y tenemos ochenta. En estos momentos sentimos que la identificación de los gobiernos municipales con el proyecto político de Izquierda Unida nunca ha estado tan cohesionado, y no solo por cuestión de proyecto político, sino por las condiciones objetivas, el empoderamiento ideológico de alcaldes y alcaldesas que transcienden la gestión municipal con pedagogía política y movilización acumulando fuerzas en sectores que eran reacios a la Izquierda Unida gobernante y que se han dado cuenta que somos instrumento de cambio, también en el ámbito de su pueblo o ciudad. Alcaldes y alcaldesas, concejales y concejalas participan de la vida organizativa cotidiana de IU, algo que no siempre hemos vivido. Las alcaldías no solamente se implican en el proyecto político ideológico sino que participan activamente en la conformación estratégica y organizativa de lo que es el proyecto político de izquierda Unida y la apuesta por la unidad popular.

"El programa es el eje en torno al cual vale la pena un bloque histórico"


M.O.: ¿En todo este proceso, qué papel juega el PCA e IU?
A.M.:
En Andalucía tenemos un espacio diferenciado que es una Izquierda Unida arraigada y un Partido Comunista de Andalucía ideológicamente resistente a la liquidez que caracteriza este momento. Cuando hablo de volatilidad lo digo en términos coyunturales, pero también lo digo en términos ideológicos, por tanto hay que hacer mucha pedagogía y didáctica política y ahí tenemos un papel fundamental. Pero más allá de eso, el PCA tiene el papel triple de pegamento, como espacio de reflexión y de pensamiento sólido en el análisis de coyuntura; de cohesión dentro de Izquierda Unida y como factor de unidad con sectores y espacios externos que tienen simpatía por la estrategia que hemos desarrollado, con trabajo cohesionado. Por tanto no toca experimentar espacios que debiliten esa unidad, en estos momentos no toca eso. La experiencia italiana es muy oportuna para reconocer que los instrumentos políticos no pueden ser disueltos sin más porque habrá consecuencias ideológicas para reconstruir un nuevo sujeto de transformación. Es el momento de ese pegamento horizontal que haga que prevalezca la Política sobre cualquier otra consideración. Hay quienes tienen la tentación de convertir los espacios de cambio en un espacio radial, esto es, un núcleo en torno al que están los satélites: se equivocan. La alternativa no está hoy en espacios radiales, está en espacios de red, por tanto diversos pero horizontales, y el traslado simbólico de esos espacios a uno nuevo se hace si la gente se siente protagonista de aquello de lo que forma parte, si lo siente suyo. El Partido Comunista de España tiene una labor esencial: desde la cohesión organizada del espacio realmente existente de confluencia actual que es Izquierda Unida, volcar todo ese patrimonio a nuevos espacios, donde se incorporen nuevos actores organizados para construir un instrumento político que sea motor de cambio; tanto el Partido Comunista en una escala, como Izquierda Unida en otra, debe contribuir a ese cambio con todo nuestro trabajo y energía, que es mucha e imprescindible.

Publicado en el Nº 318 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2018

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