ArquitectoCarlos Hernández Pezzi: "El dinero que dejan los turistas se lo llevan los grandes operadores” En 2016 Airbnb tuvo en España 5,4 millones de clientes pero sólo pagó 55.211 euros en impuestos de sociedades.

Gema Delgado 17/08/2018

Turismo: ¿truco o trato? Políticas públicas y urbanas para el turismo de masasCarlos Hernández PezziCatarata

Además de arquitecto especializado en ciudades, perspectiva de género, sostenibilidad, rehabilitación y cambio climático, Carlos Hernández Pezzi es escritor y articulista y crítico de arquitectura. Fue arquitecto municipal de Málaga y Fuengirola y luego arquitecto provincial de Diputación. Durante 8 años, presidió el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España. Acaba de publicar el ensayo Turismo: ¿truco o trato? en el que analiza los efectos del turismo de masas en las ciudades y la concentración de la industria.

MUNDO OBRERO: Tu libro comienza diciendo que desde 2008 el turismo ya no es lo que era ¿Qué modelo de turismo tenemos hoy y cómo se ha llegado hasta aquí?
CARLOS HERNÁNDEZ:
Ha cambiado sustancialmente y no sólo porque se haya convertido en más masivo y masificado. Antes los operadores eran más locales. Había empresarios turísticos y hoteleros nacionales y regionales. Con todo el proceso que viene a partir de 2008 y la crisis financiera de Lehman Brothers, los inversores internacionales dejan de atender los mercados inmobiliarios y financieros, que ya estaban bastante explotados, y aplican técnicas y cuantías al turismo. Comienza la industria turística 4.0 que es una especie de racionalización de los porcentajes y las contabilidades de lo que antes era el turismo de masas que no estaba tan organizado. Desde entonces se ha producido una concentración de operadores altísima en el negocio turístico y son operadores que están en bolsa, que constituyen fondos de inversión internacionales y que declaran en paraísos fiscales.

Además, hoy quien decide cuáles son los destinos turísticos de moda son las operadoras. Lo han hecho con Málaga, mientras que otras ciudades que han sido destinos turísticos tradicionales, como Granada, ya no lo son tanto porque no tiene tren, tiene un aeropuerto más pequeño, no tiene puerto de mar… y no se puede sacar tanto partido.

M.O.: Aunque se pasa de un turismo más organizado a uno de bajo coste en el que cada uno parece que se lo monta por su cuenta, explicas que estamos ante un fenómeno muy organizado a nivel mundial desde el punto de vista contable.
C.H.:
Eso se ve muy claro, por ejemplo, con el turismo de cruceros, que se plantea como low cost y paquetes únicos que son para familias, grupos o empresas en lo que todo lo que se hace fuera y dentro del barco está pagado al mismo operador, desde el transporte al alojamiento, visitas, museos y diversiones. Es una fuente constante de ingresos. Además, los viajes se pueden contratar directamente con la empresa sin necesidad de agencias ni intermediarios, que están desapareciendo cada vez más.
Otro caso de negocio integral es el de las plataformas de alquiler de pisos turísticos. Mucha gente no sabe que se paga por estar en la plataforma y que las empresas que lo organizan se llevan beneficios muy grandes, como por ejemplo Airbnb, HomeAway, etc.

M.O.: ¿Dónde va el dinero que genera el turismo?
C.H.:
Por ejemplo, en 2016 Airbnb tuvo en España 5,4 millones de clientes pero sólo pagó 55.211 euros en impuestos de sociedades, según publicó Infolibre. La filial española sólo tenía contratadas 21 personas dedicadas al marketing y sólo declaró 136.772 euros de beneficios. Ha crecido en Madrid más que ningún otro sitio en el mundo. Sin embargo, la empresa estadounidense declara en Irlanda.

M.O.: ¿Si el dinero que genera el turismo se va mayoritariamente fuera, qué nos queda a nosotros?
C.H.:
Hace falta un pacto de ciudades y un pacto estatal para que los retornos producidos por ingresos generados por el turismo sean mayores, porque son bajísimos tanto en dinero como en empleo. En Andalucía, por cada millón de euros sólo se crean 13,8 empleos. Son cifras escandalosamente bajas a efectos de rentabilidad social y retorno de la inversión. No es precisamente la gallina de los huevos de oro. Si han dejado tan poco dinero es porque se lo han llevado los grandes operadores y un pequeño grupo de empresarios. Y no se lo han llevado las ciudades, los empleos de los ciudadanos, la mejora de los salarios en hostelería, etc. Hace falta una batería de medidas para redistribuir el turismo espacialmente en la ciudad, repartir socialmente los beneficios, evitar el desarrollo ilimitado de los operadores principales y devolver a la ciudad su cohesión social.

M.O.: ¿Qué empleo está generando este turismo?
C.H.:
Un empleo precario, de 22 euros al día y una explotación en la que se trabaja con contratos de días de horas o de semanas. Con empleos de bajo sueldo pero de gran carga laboral. Por 600 euros se puede estar trabajando más de 8, 10 ó 12 horas al día. O donde se trabaja como falsos autónomos. Es un trabajo muy explotado y que está extendiéndose sin que haya una contestación social a la explotación de los camareros.
Y luego ya en los apartamentos turísticos irregulares o ilegales emplean mano de obra para limpieza sin ningún tipo de garantía social.

M.O.: ¿Cuál es la huella ecológica que deja este turismo masificado?
C.H.:
Los efectos del impacto del turismo masivo en contaminación ambiental en cuanto a residuos, limpieza, uso de la energía, y emisión de gases de efecto invernadero son altísimos y aunque está estudiado no se dice. Y no hablamos sólo de los cruceros, que son los que se llevan la palma por la altísima cantidad de población y residuos que mueven.

M.O.: ¿Cuál sería al alternativa y la solución?
C.H.:
Empieza por tomar conciencia de que aunque el turismo tiene cosas muy buenas también las tiene muy malas. Sería necesario una transformación cultural y política por la cual el turismo tendrá que tener una regulación, más aún si se está planteando como la industria predominante o la única que hay en España.

Luego habría que ver qué impuestos, tasas, controles, evaluaciones de los riesgos hay que hacer sobre el turismo porque la Organización Mundial del Turismo habla de que podemos llegar a 100 millones de turistas anuales. El año pasado tuvimos casi 82 millones.

Y además hay que hacer una apuesta por otro modelo productivo que combine el turismo con otras cosas porque si no nos vamos a quedar exclusivamente como país receptor de visitantes. Tenemos que fomentar espacios de crear agricultura, industria y producción, aunque sea cultural y de servicios, porque si no, cuando el turismo cambie de orientación o de destino nos quedaremos a dos velas.

Publicado en el Nº 318 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2018

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