Realizador y director del documental "Lo posible y lo necesario"Adolfo Dufour: “Hay esperanza porque hay muchos Marcelinos y Josefinas” “Marcelino y Josefina no son sólo importantes por sí mismos sino porque son representativos de toda una generación y de la lucha antifranquista y los sufrimientos que conllevó”.

Gema Delgado 20/07/2018

Unas vías de tren. Las del puesto de guardagujas de La Rasa, donde nació Marcelino, hijo de ferroviario concienciado y militante.

Una maquina de coser. La que utilizaban las hermanas Camacho durante la guerra, cosiendo y cosiendo para subsistir.... la que utilizaban las Josefinas cosiendo pantalones cuando los Marcelinos estaban en la cárcel, costuras con puntadas trazadas con el hilo rojo, feminista y sindicalista de la historia, con el paso acelerado del traqueteo barrenero de la aguja de acero. Una máquina de coser que simboliza la cotidianidad de las familias que tenían a su gente en la cárcel... y a todas las familias de aquellas generaciones.

Unas cuerdas. Las de un chelo, “un instrumento profundo, que no triste; el que más se asemeja a la voz humana” que pone el ritmo narrativo y que acompaña en el escenario a los puntos de bóveda evocados por Carlos Olalla y Gloria Vega y que hacen fluir la historia de Marcelino Camacho en “Lo posible y lo necesario”, una película documental que llegará a los cines en septiembre, en el año del centenario de su nacimiento.

Las vías del tren, la aguja y el hilo de la máquina de coser y las cuerdas del chelo son algunos de los elementos con los que el director Adolfo Dufour ha armado la trama de este documental, la historia de las Josefinas y Marcelinos que no se doblegaron, la historia de la organización obrera en las fábricas, de Comisiones Obreras, del PCE, la historia de la transición menos contada, la que narra las conquistas logradas a pulso y a golpes en los puestos de trabajo, en las cárceles, en las calle, bajo la represión policial y frente a las pistolas del régimen fascista y sus cachorros que dejó más de 1000 muertos en una transición que no fue ni tan pacífica ni tan modélica como nos contaron.

Dufour lo narra de una forma muy honesta y rigurosa, y, además, con un lenguaje muy poético. “Evocar el pasado, en lugar de recrearlo, te permite tener mucha libertad en el lenguaje cinematográfico, usar símbolos, metáforas. La máquina de coser y la radio adquieren una fuerza y simbología de todos los acontecimientos que vive y sufre esa familia. Los faros de un Seat 1500 negro, asociado para toda aquella generación a la brigada político social y los secretas, aparcado por la noche frente aquel piso en Carabanchel mientras Yenia, la hija, recuerda las llamadas anónimas que anunciaban que un día Marcelino no volvería, muestran el terror y la impunidad de las fuerzas de seguridad franquistas y de la transición. Y eso es lo que hace Dufour para unir documentos y testimonios: los de Marcelino y Josefina, los de su hermana Vicenta, los de Julián Ariza, los obreros de la Perkins, su hija Yenia, su hijo Marcel, Paquita, Agustín Moreno, Salce Elvira, Felipe Alcaraz, María Luisa Suárez, Genovés... también de Antonio Gutiérrez y Toxo.

Hace un año Marcel Camacho, hijo de Marcelino y co-guionista, y Joaquín Recio, el productor de la obra, contactaron con Adolfo, le contaron el proyecto del documental, que aún no tenía guion, le propusieron hacer la película y Adolfo enseguida dijo que sí: “Yo conocí muy de joven a Marcelino Camacho y me pareció una de las personas más honestas y luchadoras de este país”. Así es como se puso a trabajar en el guion con Marcel Camacho y Pablo Mínguez... Una de las claves que Adolfo se propuso fue entrevenar presente, pasado y futuro. “Esta no es una película de pasado que mira hacia detrás; es una película de presente. Y está esa evocación del pasado para comprenderlo”.

MUNDO OBRERO: ¿Cómo definirías este documental?
ADOLFO DUFOUR:
Es una película sobre las personas honestas que luchan para transformar la sociedad y lograr que todos los seres humanos podamos vivir mejor y en libertad.

A través de la historia de una familia humilde, como la de Marcelino, que nunca renunció a su clase, y sus vicisitudes, asistimos a todos los conflictos y dificultades que tuvieron que superar las clases no pudientes para que las libertades políticas y democráticas llegaran a ellos y algún día se llegase a establecer una democracia económica.

Habla de historias de personas concretas pero son historias colectivas que les ocurren a muchos más.

“Esta no es una película de pasado que mira hacia detrás; es una película de presente”


M.O.: Un día te escuché que en este país se ocultaron muchas cosas que son historia. Y que eso ha influido en los jóvenes, que no conocen el pasado reciente porque no han tenido acceso a él. ¿El documental de Marcelino es una contribución a recuperar esa memoria histórica menos conocida?
A.D.:
Es fundamental evocar el pasado. Se trata de recuperar esa historia menos conocida, en el sentido positivo, conocer lo que son los antecedentes para comprender el presente y para que el futuro no sea un futuro vacío sin contenido.
Aquí, en un momento determinado, se quiso hacer tabla rasa, como si el pasado y las luchas no hubieran existido y como si a partir de ese punto se empezara un presente absolutamente blanqueado y limpio que no era cierto. Y con el aluvión de información que llega ahora hay cosas que a las generaciones jóvenes les resultan extrañas porque no se les ha dado a conocer. Pero cuando entran en ello les interesa muchísimo y profundizan mucho más de lo que a veces hacemos nosotros mismos.

M.O.: ¿A quién va dirigida esta película?
A.D.:
Se trata de que llegue al máximo número de espectadores. Es una película intergeneracional. Aunque las figuras de Marcelino y Josefina son conocidas, las generaciones nuevas las conocen menos. Y Marcelino y Josefina no son sólo importantes por sí mismos sino porque son representativos de toda una generación y de la lucha antifranquista y los sufrimientos que conllevó. Y de cómo con las libertades democráticas hay que defender también los derechos conquistados porque, como bien se sabe, en cada crisis lo primero que intentan es arrebatarnos los derechos salariales, los derechos de los trabajadores.

Este documental no puede quedarse en el ámbito de la gente concienciada. Tiene que dar el salto. Por eso tiene esas dos vertientes. Por una parte, la entretenida, con los avatares y la vida de Marcelino, con escenarios muy diversos, desde La Rasa, a Orán, los campos de concentración, la lucha antifranquista, las cárceles, la libertad, el Parlamento... Y la presencia tan fuerte de las mujeres, como su hermana Vicenta, su segunda madre, Isabel y Josefina, dan para una película con mucho interés. Pero por la otra vertiente, es una película comprometida porque está contada desde el punto de vista de Marcelino, desde el punto de vista de la emancipación de los trabajadores, de que esta sociedad tiene que ser mucho más libre e igualitaria, mucho más democrática y ese punto de vista es subjetivo y comprometido. Hemos intentado acercarnos lo más posible al punto de vista que tenía Marcelino.

“El jersey de Marcelino se queda ahí para que alguien lo recoja”


M.O.: Es también la construcción de una conciencia de clase, de la lucha organizada.
A.D.:
Es la historia de Marcelino. Me dicen que siempre hago películas de rebeldes. Pues sí. En el tema de la memoria me gusta la rebeldía de las personas en el sentido de que quieren hacer un mundo más justo y mejor. Son personas que no se miran hacia sí mismas sino que proyectan su mirada hacia el otro y luchan por ello. Este tipo de rebeldía es la que tuvieron Marcelino y Josefina. Y es también la rebeldía que tuvieron los fundadores de Comisiones Obreras, que fueron múltiples y de diferentes territorios de España.

M.O.: Carlos Olalla, que evoca a Marcelino, dice que lo que más le gusta es que es un película esperanza.
A.D.:
Sí. Porque Marcelino y Josefina y todos los rebeldes de este mundo han tenido una utopía y a todos les achacan que la utopía es inalcanzable. Bueno pues una utopía es una utopía hasta que van consiguiendo hacer realidad y entonces ya deja de ser utopía. Y por eso es una película de esperanza de que este mundo puede ser mejor y que mientras haya personas comprometidas podrá hacerse. Si te quedas parado y aceptas todo lo que te viene, y aceptas la injusticia social tal y como nos la quieren hacer tragar, pues el mundo sería peor.

Pero hay esperanza porque hay muchos Marcelinos y Josefinas. En su generación y en la actual. Y hay muchos jóvenes moviéndose en muchos ámbitos: en el social, en el cultural, en el político. Hay mucha inquietud y la inquietud es buena. El jersey de Marcelino se queda ahí para que alguien lo recoja.

M.O.: El análisis hoy de los ex-dirigente de CCOO, con la perspectiva de los años, ayuda a entender lo que pasó y cómo evolucionó el sindicato desde el momento en que decide acabar con la presidencia de Marcelino.
A.D.:
Lo que no podíamos hacer era eludir aspectos importantes porque si no, no sería un documental coherente. Tenía que abordarlo todo, y hacerlo con toda la honestidad de la que fuimos capaces.

Por eso hay que agradecer la colaboración de todas las personas relevantes luchadoras del movimiento obrero y de CCOO que compartieron vicisitudes con Marcelino como Nicolás Sartorius, Paulino de la Mota, Agustín Moreno, Salce Elvira... Pero quiero recalcar especialmente la generosidad de aquellas personas que como Julián Ariza, Antonio Gutiérrez e Ignacio Fernández Toxo, tuvieron en un momento determinado algunas diferencias con Marcelino pero que se prestaron con absoluta generosidad a participar en la película y no pusieron ningún tipo de trabas a la hora de abordar los puntos más espinosos. Dicen cosas del presente que son muy importantes para, como dice Ariza, no exagerar las divergencias. Los tres valoraron mucho la amistad que tuvieron con Marcelino.

No se trataba tampoco de ponernos de un lado o de otro. Marcelino tenía su razón y los otros tenían las suyas. Ahí se expresan las opiniones que dieron y que el espectador saque sus propias conclusiones. Y ahí queda sin ninguna acritud y desde el profundo respeto y cariño de todos por Marcelino.

M.O.: Las mujeres ocupan un papel muy importante en el documental y en la vida de Camacho.
A.D.:
Hay unas mujeres muy fuertes y sensibles, como el de Vicenta, que es una mujer luchadora que parte de la miseria más absoluta de La Rasa, luego trabajando de empleada de hogar y siempre luchando por los derechos de la mujer en la línea del poema de Maria Beneito que decía, “abandoné el hogar apagado para dejar de ser humo”. Son mujeres que actúan, luchan, pelean.

Además, el personaje de Josefina. ¿Quién es antes, Marcelino o Josefina? ¿Josefina o Marcelino? Hay un momento en el que dicen “los dos nos hicimos uno”.

Son mujeres con una potencialidad tan tremenda para luchar, en esas condiciones de la dictadura, por los derechos y la libertad de la mujer. Hay un documento que no sale en la película por restricciones de tiempo en el que Vicenta dice que hay que convencer a las mujeres, que estar encerradas entre paredes mata.

“Aquí se quiso hacer tabla rasa, como si el pasado y las luchas no hubieran existido”


M.O.: ¿Cómo fue el proceso de creación para resumir en dos horas la vida de Marcelino y la sociedad en la que le tocó vivir y decidió combatir?
A.D.:
La narración se va construyendo a través de todos los testimonios de las personas que convivieron con él y un pasado que se evoca.

Fue difícil sintetizar. Y otra cosa curiosa es que personas tan relevantes como Marcelino no tienen archivos. Ha habido que seleccionar mucho e ir construyendo el discurso. Han sido horas y horas de una ardua labor de documentación de Aurora para recoger los testimonios más significativos de Marcelino y dotar la película de una narración que no fuera a través de una voz en off sino desde la voz de los personajes. Nos ha venido muy bien las grabaciones a Marcelino y a Vicenta que tenía Marcel.

Cuando empezamos a escribir el guion le pedí a Marcel, Aurora y a Pablo Mínguez que me fuesen proporcionando todos los materiales que tuviesen. Uno de ellos era una obra de teatro de Marcel basada en la autobiografía que ayudó a escribir a su padre. Pensé que esos textos podían incluirse para resaltar los momentos culminantes del documental, aquellos instantes en los que Marcelino tuvo que escoger entre lo posible y lo necesario. Los incorporé al guion pero eso exigía un ejercicio muy difícil de interpretación tanto de Carlos Olalla como de Gloria Vega porque yo no les pedí que fueran Marcelino y Josefina sino que los evocasen... que los significasen pero que no fueran ellos. Esto lleva a una interpretación que requiere, por una parte, distancia respecto a la persona auténtica a la que se representa sin serla, y por otra parte, desde esa distancia transmitir la emoción necesaria. Son unos intérpretes de una calidad impresionante.

M.O.: Con todo lo que ya se sabe de Josefina y de Marcelino, ¿vamos a revelarnos algo nuevo?
A.D.:
Hay muchos aspectos nuevos que van a aparecer en la película. Pero una faceta realmente entrañable es la ironía y el humor con los que muchas veces Marcelino abordó los conflictos y cómo en lugar de sufrirlos los cuenta con una sonrisa y riéndose un poco de lo sucedido. Es una faceta de Marcelino muy alejada de la imagen de los mítines. Otra es cuando Josefina, inquebrantable, proclama que la alegría no se la iban a quitar... y no lo hicieron.

Esta película ha sido posible gracias a un equipo que aúna saber y sensibilidad. Es una película que parte de la iniciativa de la familia y que se ha hecho gracias a la “cooperativa de Cine lo posible y lo necesario” ayudados con crowfunding. Es una película comprometida pero desde la independencia y con absoluta libertad, sin presiones de ningún tipo y que se ha hecho gracias al apoyo de mucha gente.

Publicado en el Nº 318 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2018

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