9 más 1 novelas de verano

Bob Pop 28/09/2018

¿Cuántas novelas te has guardado esperando a ese momento en que te puedes sentar a leer, y leer, y leer? El verano es ese momento. Bob Pop, crítico, escritor y subdirector de Late Motiv nos sugiere esta selección sublime, pensando en que no dejemos de pensar.
‘Martin Eden’,
de JACK LONDON

Pese a la prevención que deberíamos tener ante las novelas de escritores -esas donde el narrador, el protagonista y el lector parecen unirse en una triada estéril de literatos que aspiran a no dejar que el mundo les disturbe más allá de su sagrado escritorio- ‘Martin Eden’ es una maravilla excepcional que nada tiene que ver con ese peligroso género endogámico letraherido. ’Martin Eden’ es otra cosa, protagonizada por un aspirante a escritor, sí, pero un escritor que trata de ascender de su condición de trabajador manual, de marinero exhausto, a la de digno pretendiente de una burguesa para quien se forma, se deforma e ilustra con la ilusión de ser otro para ella y otro para su propio orgullo desclasado. ‘Martin Eden’ es la historia de una ascensión social a través de la educación y el conocimiento que acaba mostrando los peligros de esa vanidad que nos engaña haciéndonos creer que hay un lugar para el bufón dentro de la corte. Y nunca lo hay.

‘Acceso no
autorizado’, de BELÉN GOPEGUI

Mucho antes de que supiéramos de los bots rusos y las artimañas electorales de la extrema derecha a través de Facebook, Gopegui imaginó la historia de una vicepresidenta hackeada que nos revelaba las presiones del poder y del secreto. Y lo hizo de un modo precioso que humaniza sin justificar e ilumina sin aires conspiranoicos. Que hace literatura de la imaginación y las ganas de entender por qué, al final, es tan difícil cumplir con lo que nos prometimos para ser mejores. Para nosotros y para los demás. Y lo difícil que es saber qué es lo mejor ante tanto mal menor que nos consuela. Pocas novelas hablan tan bien acerca de los componentes del poder como esta de Gopegui, que guarda las distancias perfectas, mantiene un impecable equilibrio entre lo que parece saber la autora y todo lo que sabe y calla su protagonista. ‘Acceso no autorizado’, a diferencia de las malas novelas que pretenden cautivarnos con la falsa sensación de estarnos dando códigos para desbloquear la realidad, nos fuerza a preguntarnos qué querríamos saber. Y una vez ha conseguido que nos lo planteemos, nos lanza otra pregunta: “¿Estás seguro de querer guardar los cambios?” Y ahí nos quedamos, con el dedo índice en el aire.

‘Tres días y una vida’,
de PIERRE LEMAITRE

Pero, pero, ¿es que nadie piensa en los niños? Sí, Pierre Lemaitre sí piensa en los niños, y escribe sobre ellos, y sobre la culpa que nos persigue y nos marca desde la infancia. El gran valor de esta novela está en todas las novelas que podría haber sido y optó por no ser. Ni thriller efectista, ni parodia del periodismo televisivo carroñero sensacionalista ni revisión del Dostoievski más moralista. ‘Tres días y una vida’ es un relato de culpa, de clase, de provincianismo y de memoria. Un buen relato mucho más allá de lo sentimental que elige una acertadísima estructura y una preciosa construcción de personajes entre quienes se establecen unas preciosas complicidades, que son las que nos transmiten la sensación de privilegio como lectores. No es lo que nos cuentan, no es lo que el autor escribe que sucede; es la forma como la corriente subterránea de silencios va dando solidez a una historia que adquiere así la solidez de su literatura.

‘El asesino tímido’, de CLARA USÓN
España en Transición como una adolescencia que contemplar desde la crisis de los 40 que vive ahora un país que acaba de intentar superarla comprándose un descapotable fardón e implantándose pelo o tetas. España como historia de actrices del destape muertas, medias palabras y noches completas enfarlopadas. El ejercicio de Clara Usón, que viaja desde la autobiografía hasta la historia sentimental española, es un retrato que empieza reflejándose en escaparates y televisores apagados hasta terminar mostrándose de frente, sin filtros y con una enorme honestidad literaria y emocional. ‘El asesino tímido’ no es una muestra más de esa ‘autoficción’ que desborda suplementos literarios cada vez con menos entusiasmo, sino un loable intento de verdad elaborada a partir de las medias mentiras que le contó un país en construcción a una mujer que se iba escribiendo a fuerza de no dar con otra salida mejor.

‘Buena alumna’, de PAULA PORRONI
Reparar en esa peligrosa combinación de privilegio y precariedad que experimentan los jóvenes cachorros de clases trabajadoras cuyos padres les mandan a estudiar al extranjero para salvarles poco antes del naufragio en el hogar es saber dar con el lugar preciso desde donde contar lo que nos corresponde. Así lo hace Porroni. Y lo hace muy bien: “Estoy frente a la última oportunidad que tengo para crecer y desarrollarme. Antes de que sea irremediablemente tarde. Es decir, el momento en que mi cuerpo se reseque por completo”. Y va más allá, y allá nos lleva. Y nos ayuda a dejar de preguntarnos qué se siente ante el abismo de la posibilidad, de la única oportunidad que nos ofrecen: nos lo cuenta. Y nuestra obligación es leerla, creerla, llegar hasta donde nos quiere conducir.

‘Nefando’,
de MÓNICA OJEDA

Buena novela a voces de ida y vuelta que juega a desmontar un videojuego a través de pantallas que vamos pasando para descubrir que las claves que nos faltan son las mismas que han llevado demasiado lejos a sus jugadores. Novela fragmentaria bien dosificada donde los saltos de tiempo y lugar, de memoria y temores son también saltos de emigración nada virtuales. Lástima que el GAME OVER se nos aparezca demasiado pronto y nos deje con ganas de más.

‘Ornamento’, de JUÁN CÁRDENAS
“Las obras de arte no se ejecutan, se cumplen, como una profecía, no se anticipan a los hechos, son acciones en un sentido puro”. La novela de Cárdenas no juega a inventar sino que ofrece una literatura que podría funcionar como fórmula magistral de manipuladores profesionales de cuerpos emocionales en oferta de felicidad ajena. El terrible mundo postnarco industrial colombiano que reconstruye ‘Ornamento’ no es más ficción que las ideas de control de cuerpos femeninos para el placer macho, que la utilización de la capacidad reproductiva de mujeres en venta para la integración social de burgueses que de verdad creen que la maternidad y la paternidad son un derecho de pago que hay que legislar (en serio). No es más ficción que los deseos hechos realidad gracias al dinero. No son las drogas. Somos siempre nosotros.

‘Yo misma, supongo’,
de NATALIA CARRERO

La escritura que describe la mujer que conforma esta novela de Carrero es la de quien intenta narrarse como forma de autoridad vital, como vehículo para ordenar a través de la literatura todas las historias que vividas solo generan caos. No escritas. Escritas adquieren sentido, hacen que todo haya servido al fin para algo. Las mujeres que escribe Natalia Carrero en sus obras son mujeres que lo han intentado todo para escribir y lo han hecho todo para no escribir. Que se juegan el cuerpo, la familia, la respetabilidad y hasta las ganas de inventarse vidas solo por ver si así no diera tiempo a más, solo a unos pocos trazos, unos apuntes; no tuviera que contarlo todo. Natalia Carrero intenta esquivar la novela pero es incapaz porque es tan buena haciendo novelas buenas, descubriendo lugares desde donde escribir que nunca hubiéramos imaginado que se pueden hallar. Ese es uno de los logros de Natalia: descubrirnos una voz que cuenta historias que nunca habríamos imaginado que se pueden explicar tan bien desde allí. Y ese lugar es el de la voz única de una mujer propia. Dentro y fuera de su habitación.

‘Un mundo huérfano’,
de GIUSEPPE CAPUTO

Realismo mágico maricón y pobre. Eso es lo que nos ofrece Caputo en esta excelente novela que tiene algo de ‘El lugar sin límites’ de José Donoso (otra recomendación para este verano que añadir a esta lista arbitraria), algo de la rabia testimonial de Fernando Vallejo y mucho de la potente escritura de Caputo, que hace de la miseria un punto de vista sin filtros que suavicen la inmundicia. Ni siquiera las luces estraboscópicas de la pista de baile de una disco gay de pueblo inverosímil son capaces de dar algo de brillo o color a esta estampa nocturna de plazos de entrega a lo inevitable y un amor entre padre e hijo que no sirve de nada porque no hay nada para comer, para abrigarse ni protegerse de la lluvia que se cuela por el techo de cartones mal ensamblados. ‘Un mundo huérfano’ es un instante que dura muchas noches, algunos días, todas las desesperanzas y las ganas de volver a empezar a leerla para que cambien las cosas; un golpe de suerte, no sé, un milagro, un descubrimiento. Es la imposible historia en mi cabeza de un padre y un hijo que un día reciben lo que se merecen: una buena vida como recompensa por tanto amor bueno mal hecho. Aunque eso no está en la novela, sino en el libro que creo en mi cabeza para salvarme del de Caputo tras terminar de leerlo, después de haber entrevisto un mundo en tinieblas que nos ha devorado para acabar escupiéndonos; solo los huesos triturados y las plumas, como regurgitados tras haber servido de cena a un búho real.

‘Tuyo es el mañana’, de PABLO MARTÍN SÁNCHEZ
“Hoy vas a nacer. No deberías, pero lo vas a hacer. No deberías porque el infierno está ahí afuera. Hay manifestaciones día sí y día también. La gente habla de elecciones. De atentados. De amnistías.“ De 1977 y de nosotros hoy. De ellos y de nosotros.
Vayan a leer a Pablo Martín Sánchez y dejen de leerme a mí aquí. Vayan y lean a Jack London, a Belén Gopegui, a Pierre Lemaitre, a Clara Usón, a Paula Porroni, a Mónica Ojeda, a Juan Cárdenas, a Natalia Carrero, a Giuseppe Caputo. Por favor. Feliz verano lector.

Publicado en el Nº 318 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2018

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