Contra el talón de hierro

¿Puede una democracia tener un ejército franquista?

Pascual Serrano 28/09/2018

Hace unos días descubrí una curiosidad, creo que bastante desconocida entre nosotros, en el escudo y el lema del Ala 11 del Ejército del Aire español, con base en Morón de la Frontera y donde operan los cazas Eurofighter Typhoon que dependen del Mando Aéreo General. El lema es “Vista, suerte y al toro” y el escudo lo forman tres pájaros que vuelan en formación: un halcón, una avutarda y un mirlo. Pues bien, ese casposo lema y ese escudo es el que lucía la Patrulla Azul del bando sublevado franquista, creada en diciembre de 1936 para combatir al ejército de la España democrática y republicana. Los tres pájaros homenajean a los militares fascistas que fundaron esa unidad aérea: García Morato, Bermúdez de Castro y Díez-Benjumea. Algunos de sus integrantes combatirían apoyando al ejército nazi en el frente ruso durante la Segunda Guerra Mundial. Los aviones de esta Patrulla, junto con los de Mussolini de la Aviación Legionaria y los de Hitler de la Legión Cóndor, serían los encargados no solo de combatir a la aviación republicana, sino también de bombardear ciudades y pueblos. Ese lema y los tres pájaros de ese escudo irían asociados desde su creación a miles de bombas que arrasarían vidas y viviendas de españoles cuyo único delito era vivir en zona republicana o defender la legalidad.

En pleno siglo XXI, esta democracia española todavía tiene a los pilotos republicanos y sus símbolos ignorados y enterrados en cunetas mientras nuestras unidades militares siguen volando bajo el símbolo del fascismo y sus criminales.

No es de extrañar que en un ejército que se sigue moviendo bajo esos símbolos aparezcan 181 militares con un insultante manifiesto titulado "Declaración de respeto y desagravio al general Francisco Franco Bahamonde, soldado de España".

Todos ellos con su jugosa pensión de generales, tenientes, coroneles, almirantes y capitanes de fragata. El hecho no tiene nada de excepcional en nuestro ejército. A principios de año, el Gobierno de Mariano Rajoy reconoció al responder a una pregunta parlamentaria que subvencionaba con 5.000 euros y acogía en instalaciones del Ministerio de Defensa a la organización profranquista Asociación de Militares Españoles (AME).

Es precisamente en la página web de esta asociación, conocida por ensalzar la figura de Franco y por posicionarse en contra de la Ley de Memoria Histórica, donde está disponible el manifiesto. La AME, presidida por Leopoldo Muñoz, también edita la revista ‘Militares’, donde la defensa del dictador es muy común, así como del golpe de Estado del 18 de julio.

Como ha señalado el exteniente del Ejército de Tierra y autor de ‘El libro negro del Ejército español’, Luis Gonzalo Segura, “todavía hoy muchos altos mandos militares ensalzan la figura de Franco como valeroso y profesional militar, comen uniformados en Casa Pepe -Restaurante Museo Franquista-, escriben artículos incendiarios contra la memoria histórica, amenazan a los ciudadanos con intentonas golpistas, exhiben orgullosos símbolos fascistas, saborean libros franquistas, rememoran a héroes franquistas, exigen a su comandante de las Fuerzas Armadas -el Rey- usar las armas contra los ciudadanos, escriben cartas amenazadoras a políticos, dirigen y financian fundaciones franquistas, utilizan las redes sociales de forma impune para insultar y amenazar a progresistas, leen proclamas franquistas en los patios de armas, solicitan la ilegalización de partidos políticos democráticos, ensalzan franquistas en las páginas web de los Ejércitos, persiguen y acosan a los representantes asociativos, escriben cartas fascistas a medios de comunicación, exigen la invasión militar de Catalunya o menosprecian públicamente los derechos humanos”.

Ese es el ejército que tenemos. Un ejército que la única guerra que ha ganado ha sido contra su propio pueblo. Nuestro Gobierno y Parlamento deberá decidir en qué bando se quiere situar y a quién quiere combatir, porque pueblo español y actual ejército español son incompatibles.

Publicado en el Nº 319 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2018

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