Cuando las multinacionales depredadoras juegan al monopoly de la globalización neoliberalLos trabajadores de Vestas luchan contra la deslocalización de la fábrica Luchan por sus puestos de trabajo contra un cierre casi imparable que dejaría en la calle a 362 trabajadores y trabajadoras fijos, a 200 empleados eventuales y que afecta a 2.000 familias.

Gema Delgado 03/10/2018

Las multinacionales no tienen patria. La avaricia del capitalismo tampoco tiene límites. Esta vez les ha tocado a los trabajadores de la fábrica de Vestas Wind Systmes en León, una de las siete filiales que la multinacional eólica danesa tiene instaladas en España. La van a deslocalizar para llevarse la producción a otros países donde la mano de obra sea más barata; en este caso a China e India. Desde los cuarteles generales en los que se reúnen los Consejos de Administración se juega al mercado de las deslocalización: dónde sacar el mayor beneficio al menor coste. El imperio de la globalización neoliberal.

La multinacional es líder mundial en la fabricación de aerogeneradores y le va muy bien. Su director ejecutivo y presidente desde septiembre de 2013, aparecía en 2016 en la revista Fortune compitiendo por el número 1 de los hombres y mujeres de negocios del año. En 2017 Vestas tuvo unos beneficios netos de 900 millones de euros. Su facturación fue de 9.953 millones de euros y para este año prevé que asciendan a los 10.000 u 11.000 millones. Pero el capital es voraz. Quieren más. En la cuneta quedan los trabajadores y sus familias, convertidos en números en las oficinas centrales de la trasnacional. Son los daños colaterales de la globalización salvaje.

Los trabajadores y los sindicatos denuncian que no se puede deslocalizar una empresa que da beneficios, pero la empresa se muestra inflexible a las negociaciones. Por eso, después de un largo mes de movilizaciones, desde el 16 de julio los trabajadores se mantienen en huelga indefinida con piquetes diarios y un campamento permanente para que no se lleven la maquinaria. Luchan por sus puestos de trabajo contra un cierre casi imparable que dejaría en la calle a 362 trabajadores y trabajadoras fijos, a 200 empleados eventuales y que afecta a 2.000 familias que trabajan en alguna de las 40 empresas suministradoras y subsidiarias.

Desindustrialización y despoblación

Mari Paz lleva 10 años trabajando en Logística en la planta de Vestas de León. Ahora lucha con el resto de las compañeras y compañeros, desde el campamento, para evitar que saquen las máquinas. Cuenta que ha sido un golpe muy duro para todos y que el cierre no está justificado porque la empresa no tiene pérdidas, que sólo se van a India y China para ganar más dinero. Que la de León era una de las mejores fábricas de Vestas, que ahí se hacían prototipos de cinco modelos diferentes a la vez.

Mari Paz critica que estas empresas vengan a lucrarse con las subvenciones que les dan “y luego nos dejen en la ruina. Ahora nos tratan como si fuéramos basura”. Es un grito por la supervivencia no sólo de su fábrica, de su trabajo... sino del tejido industrial de la provincia. “Con el cierre y la Desindustrialización nos ahogan. León se está despoblando. Nuestros hijos se tienen que ir porque aquí no hay nada”. Ya no creen en promesas como las del carbón que luego quedan en nada. También hay problemas en otras filiales de Vestas en España en las que les quieren recolocar. No se fían ya más. “Las recolocaciones no son verdaderas” asegura Mari Paz con la convicción que les harían cambiar domicilio y todo para quedar en la calle en poco tiempo.

“Está desapareciendo todo. León se nos muere”. Cuenta la trabajadora leonesa que lucha para poder seguir trabajando “por nuestro futuro, para que la empresa siga abierta, para tener salidas, para que venga industria a León, al polígono, que hay mucho terreno... Luchamos para que León no se convierta en un desierto”. Piru, uno de los trabajadores de Vestas recorrió 2.500 km en bici hasta las oficinas de la multinacional en Århus (Dinamarca) para llevar las reivindicaciones de la plantilla a los cuarteles generales de la compañía.

Yolanda Rodríguez, de la dirección del PCE y del Partido Comunista de León, explica que la deslocalización afecta al empleo de 2.000 familias “una sangría para una provincia que vive sin tejido industrial. Por eso el PCE pide la creación de un sector público industrial como garantía de empleo y de fijación de población”. Recuerda que León es la provincia más machacada en los últimos 15 años por la reconversión y sin alternativas en la industria. Una provincia que se dedicó al monocultivo del carbón, que empleaba a 15.000 trabajadores, y a la agricultura reducida al sector primario sin empresas de transformación. El dinero de la reconversión se gastó sin invertir en industria ni en infraestructura ni en crear empleo. La gente menor de 50 años no tiene futuro. De hecho, León es una provincia envejecida y la provincia de Castilla y León que más población ha perdido en los últimos diez años.

El PCE y la UJCE ha estado apoyando la lucha de la plantilla desde el primer día, cuenta Yolanda. Ella es una de las que no ha faltado a los piquetes de las 5 de la mañana. Han estado en las Asambleas, en las manifestaciones y en los cortes de carreteras, poniendo a disposición de sus trabajadores medios humanos y materiales.

Caza-subvenciones

Vestas está en un complejo industrial de Villadangos del Páramo. Su Ayuntamiento cedió parte de los terrenos y la Junta de Castilla y León y el Ministerio de Economía y Hacienda les concedieron unos 16 millones de euros para la construcción de la fábrica. De la Unión Europea recibieron otros 13 millones a través de los Fondos FEDER. Y es justo al finalizar la subvención cuando se van a otro sitio.

Vestas lleva años reestructurando su empresa. A mediados de 2013 cerraron muchas fábricas del Norte de Europa desplazándolas al Sur, son muy depredadores y se desplazan a donde les sale más barata la producción, explica el economista Ramón Boixadera. Cuenta cómo se aprovechan de las desigualdades entre territorios, desembarcan donde tienen ayudas fiscales y económicas y donde reciben subvenciones europeas millonarias por cinco años, un dinero otorgado por la Comisión Europea para ayudar al desarrollo económico de las regiones deprimidas de la Unión Europea. Y cuando acaban las subvenciones se van con la actividad a otra parte, como Vestas en León. Reciben fondos europeos pero luego no hay suficiente control de lo que se hace con ellos. Además, se quieren ir, dejando una deuda con Hacienda que les reclama más de 90 millones por los impuestos de los ejercicios 2006 a 2009, sin incluir los intereses por la demora. No se entiende que el sector público no tenga capacidad para intervenir a la hora de mantener la producción.

“Es, además, una contradicción en la política económica europea que lo que está haciendo es poner parches para favorecer la competencia atroz dentro y fuera de la Unión Europea”, continúa Ramón. Ahora se está reindustrializando el este de Europa porque allí la mano de obra es mucho más barata que en otros países. Y luego se irán a otro sitio. Es una carrera que no tiene fin porque siempre habrá alguien que acabe produciendo más barato. En el círculo de la globalización, para mantener la competitividad siempre tienes que devaluar más”.

Por otra parte, el hecho de que sean empresas de alta tecnología y de transición ecológica no significa que tengan un mayor respeto por las relaciones laborales. A veces, empresas punteras tecnológicamente y de energía limpia esconden condiciones de precarización.

En estos casos es también donde se ve el resultado de las reformas laborales del PSOE y del PP que aumentaron el poder empresarial potenciando su arbitrariedad y falta de control al eliminar las autorizaciones administrativas para llevar a cabo los EREs.

Modelo productivo dependiente

El núcleo de estos problemas viene del modelo productivo que tenga un país. El de España es muy dependiente. Según datos del INE, en 2015, el 40% de las empresas eran extranjeras. Otros datos cifran en el 50% el empleo industrial que está bajo control externo, en algunos sectores como prácticamente la totalidad del negocio de las eólicas.

“Los gobiernos compiten para facilitar ayudas, subvenciones y lo que las multinacionales pidan. Pero la salida a la crisis no viene por competir para traer inversores extranjeros sino por el desarrollo industrial del país. Hace falta una planificación a corto y medio plazo para el desarrollo de la política industrial” explica Ramón Boixadea.

Nacionalización

Enrique Santiago, el Secretario General del PCE también fue al campamento a hablar con los trabajadores y a manifestarles su apoyo y compromiso para llevar su lucha al Parlamento Europeo y al Congreso de los Diputados. Enrique dijo que Vestas marca una línea roja de este capital global y depredador que no sólo quiere tener beneficios sino tener aún más, al coste social que sea. “El abandono de Vestas no puede realizarse a coste cero”. Para el secretario general, las huelgas y movilizaciones de Vestas, Amazon, Ryanair, el textil, las kelly, Coca-Cola, intervención social y Deliveroo, entre otras, ponen de manifiesto que la clase trabajadora es consciente de las consecuencias de la globalización neoliberal y que está dispuesta a organizarse y luchar para la defensa de los derechos laborales ganados tras décadas de luchas de la clase obrera.

En el mismo sentido, el Coordinador Regional de Castilla y León de Izquierda Unida, José Sarrión, e IU de León han manifestado que la única solución para garantizar el empleo y la producción en Vestas es la nacionalización de la empresa y su gestión pública con el apoyo de los trabajadores y trabajadoras, si éstos así lo consideran. “Sería una forma de asegurar el empleo de toda la plantilla y la continuidad de la producción de componentes eólicos que tanta demanda tienen actualmente en todo el mundo pues la apuesta por las energías renovables es una demanda en auge”.

El día de envío a imprenta, están intentando mover las últimas piezas en Bruselas. José Sarrión, procurador en la Junta de Castilla y León se ha desplazado a la capital europea en una delegación formada por representantes sindicales y la consejera de Economía y Hacienda, entre otros, para implicar a las autoridades de Bruselas e impedir que las multinacionales utilicen las ayudas europeas para su propio beneficio.

Publicado en el Nº 319 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2018

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