Somos muchos los que creemos que el crisol de la Unidad Popular tiene que darse sobre el conflicto concretoALCOA y las prioridades de la izquierda La lucha se da entre una multinacional norteamericana que ha chantajeado al estado desde hace 20 años y unos trabajadores carentes de plan definido ante el persianazo yankee.

Fran de Asís Fernández Olanda. Miembro del Comité Territorial del Partido Comunista de Asturias 24/10/2018

1984 es una fecha controvertida, que el intelectual posmoderno recordará por Orwell, el liberal “freak” porque Apple Macintosh lanza su primera computadora y un niño como yo, hijo de asalariados, recuerda porque desde mi casa de Cádiz se escuchaba el fragor de las batallas de los trabajadores del Astillero de la Bahía de Cádiz contra el ilusionante Gobierno Socialista de Felipe González.

Pero 1984 también sería recordado porque empezamos las vacaciones con un ensayo nuclear de Reagan en el Área de pruebas atómicas de Nevada, (el ensayo N º 1015 desde 1945), o porque el criminal coronel Salvadoreño, Domingo Monterrosa, muere a manos de una romántica bomba inserta en la Radio Venceremos haciendo justicia poética a las mujeres y niños asesinados en la matanza de El Mozote y porque otros “buenos” de allí al lado, “Los sandinistas”, que eran niños morenitos como los del barrio, ganaban las elecciones presidenciales en Nicaragua.

Que diferencia entre aquel año, en el que un nutrido ejército de obreros de la Bahía Gaditana se empoderaba y desalojaba a “los marrones”, pero empoderándose de verdad, no subjetiva y “postverdaderamente”. Las fuerzas del trabajo confrontaban con el Estado por el harakiri del I.N.I.(Instituto Nacional de Industria) y contra la reconversión que Carlos Cano inmortalizó en su canción “¡Guardia no tienes pelotas, que pa pelotas Puerto Real!”

Allí, sobre el Puente de Carranza inutilizado por los trabajadores, me explicaron quiénes eran los buenos, la palabra sabotaje, que mi hermanito no venía en cigüeña y que era eso de “hacer la Revolución”, menuda sobredosis de materialismo burdo.

Hoy, en otras coordenadas espacio-temporales, me veo en la Asturias de fines de Octubre del 2018, ahora como padre y asalariado, y veo que la lucha se da entre una multinacional norteamericana que ha chantajeado al estado desde hace 20 años y unos trabajadores carentes de plan definido ante el persianazo yankee.

¿Pero alguien cree que a los inversores les importa el impacto económico y humano de las familias y comarcas? La directiva de Alcoa solo tiene un objetivo, ellos sí lo tienen claro: recuperar los márgenes de beneficio mediante la reestructuración de sus plantas.

En la EGB aprendí una lección de Espartaco… que en una batalla es necesario un plan, que la batalla se puede perder, pero que sin un plan, estamos perdidos. En mitad de este conflicto, muchos ponen el acento en la especificidad del sector energético español, apelando a que la gran solución es que el Estado siga subvencionando las tarifas energéticas de esta industria. Pero, ¿no sería mejor que con ese dinero (casi 1000 millones de euros) se procediese a la nacionalización total o parcial de un sector estratégico para el desarrollo industrial de un País? ¿No sería una prioridad para la izquierda política y sindical analizar la viabilidad de la nacionalización de las plantas de Avilés y A Coruña? ¿Tenemos instrumentos jurídicos y económicos para ello? ¿No se podría pasar a la ofensiva propositiva y diseñar desde la izquierda un modelo de estado proactivo y con iniciativa frente al interés privado similar al de otros países europeos? ¿Y si para garantizar el futuro de esa inversión a nivel estratégico, el Estado y las autonomías tuviesen como prioridad la conexión con las Universidades Públicas y generasen un nicho atractivo para la empresa privada? Y ¿el desarrollo de “Spin –Off” y empresas auxiliares viables que creasen un polo de desarrollo en una comarca?

Y por otro lado, desde el punto de vista económico, ¿Cuanto gastaría el Estado en pagar los subsidios de desempleo, diversos planes de empleabilidad, el salario social u otras ayudas? ¿Cuánto perderían los ayuntamientos de las comarcas en Impuesto de Actividades Económicas (I.A.E.? ¿Podría ser que la nacionalización fuese más barata?

Quizás el apoyo al gobierno de Pedro Sánchez podría pasar por hacer propuestas dirigidas a crear un Estado fuerte con capacidad de intervención para salir de la crisis, o al menos, incluir una partida para que la SEPI comprase e invirtiese en este sector a nivel táctico.

El aluminio es un material estratégico para la industria del S XXI en España y en Europa (Automoción, industria aeroespacial, etc). Sería buena idea que la izquierda con una vocación verdaderamente transformadora, tuviese como buque insignia de sus propuestas económicas y sociales, la propiedad o participación de la SEPI en sectores estratégicos y en el energético, como EDF en Francia, o en la siderurgia, como la región del Sarre con Arcelor Mittal, etc.

Habrá quien diga que la clase obrera ya no existe, que solo existe una muchedumbre subdividida en una multiplicidad de microidentidades y que nacionalizar la industria pesada es una locura; que ahora se lleva más la deslocalización a países en “Vías de desarrollo” y que la economía nacional debe basarse en la economía del conocimiento por su alto valor añadido.

Para los que creemos en modelos económicos sólidos, capaces de vertebrar estructuras sociales firmes y que tengan a los trabajadores como centralidad, es una prioridad que la izquierda relance un programa económico viable y asumible por la mayoría. No sería para nada descabellado mirar al norte o al occidente ibérico, y ver qué pasa en Bélgica o fijarnos en nuestros hermanos portugueses.

Debemos mirar con humildad e interés a aquellas fuerzas comunistas que avanzan electoral y socialmente y preguntarnos ¿cómo lo hacen?

Creo que es necesario aprovechar esta coyuntura de conflicto para “engrasar” nuestras estructuras y empezar el proceso de sectorialización sobre el conflicto real.

Cuando hablaba hace un mes en la Fiesta del PCE con un camarada Portugués, me decía, “Nosotros tenemos casi 100 años de experiencia de trabajo en las fábricas” o dicho de manera literal: “A Célula de empresa em Portugal é o mais importante organização de base do Partido”.

Somos muchos los que creemos que el crisol de la Unidad Popular tiene que darse sobre el conflicto concreto, y debe cimentarse sobre los lazos entorno a objetivos reales compartidos y sentidos entre trabajadores/as. Esa, en mi opinión, es la “pócima mágica” que puede aglutinar un futuro con la masa crítica necesaria para un nuevo modelo económico capaz de acabar con la crisis. Pero puede ser que la policía del pensamiento-único se encargue de nuestra moderación y nos conduzca a dar vueltas sobre lo mismo: el estrechísimo marco que nos da lo posible y la neolengua de la postverdad deconstruya “lo necesario” y, desgraciadamente nos lleven a donde empezamos, a 1984.

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