En defensa del derecho a decidir El acuerdo de presupuestos supone la recuperación del eje izquierda - derecha en el debate político.

J.M. Mariscal Cifuentes 26/10/2018

El mes pasado dedicábamos la portada de Mundo Obrero a los diez años de crisis-estafa anunciando nuestra firme voluntad de seguir en las calles, convocando a las movilizaciones del 24 y 27 de octubre. Desde entonces, se ha firmado un acuerdo para los Presupuestos Generales del Estado entre Unidos Podemos y el Gobierno de España, que como bien dice Enrique Santiago en la entrevista que aparece en este número, supone un punto de inflexión del ciclo de recortes abierto por el propio PSOE de Zapatero allá por mayo de 2010, cuando compareció compungido en las Cortes con los moratones en el cuello producidos por los llamados “mercados” y por la propia Merkel. Veremos si este acuerdo es el punto de partida de un nuevo ciclo en el que no sólo se reviertan los recortes, sino que se conquisten y se consoliden nuevos derechos. Nuestra apuesta por la ruptura democrática permanece intacta y la cuestión de la soberanía popular va emergiendo poco a poco detrás de cada conflicto, de cada lucha, de cada exigencia democrática.

No hay mejor síntoma del buen camino que llevamos que las diatribas que los medios de la oligarquía, la patronal y las derechas han lanzado contra el acuerdo de presupuestos. Este acuerdo ha supuesto la recuperación del eje izquierda-derecha en el debate político español, hasta el punto de introducirse en territorios como Cataluña... o Andalucía. Porque el eje izquierda-derecha no sólo incomoda a la Patronal o al ABC, tan felices con su título VIII, sino al propio PSOE, obligado a pactar con quien considera una amenaza para su propia reproducción como partido del régimen, europeista (como eufemismo de obediente a los dictados del neoliberalismo constitucionalizado de Bruselas y Frankfurt) y atlantista (sin eufemismos, sumiso al imperio ahora regido por Trump). Que se lo digan a Susana Díaz, que se ha encontrado con un acuerdo situado a 180 grados de lo que PSOE y Ciudadanos han practicado en la legislatura ahora finiquitada en el sur del sur de Europa. Se le nota incómoda, y esperemos que se sienta más incómoda todavía en un futuro no muy lejano. En el próximo número del mes de noviembre daremos cumplida cuenta de los avatares de la cita con las urnas del 2 de diciembre que abre un nuevo ciclo electoral en España.

Pero para consolidar el debate público sobre el eje izquierda-derecha no basta con alcanzar acuerdos en las instituciones, hay que seguir desarrollando una estrategia centrada en la construcción de unidad popular desde el conflicto. La movilización y la lucha sin complejos en la calle se antojan imprescindibles para realizar conquistas, que lo son porque se alcanzan tras la batalla, no se otorgan, se ganan. Y como demostramos en este número de Mundo Obrero, somos muchos y muchas los que, de manera organizada, no cejamos en el empeño de lograr conquistas. Porque sabemos que el gobierno está en la Moncloa, pero el poder está en las calles y pertenece al pueblo trabajador.

Sin embargo, el debate izquierda-derecha sigue atravesado por la cuestión de la soberanía. ¿Cómo se relacionan? Al contrario de lo que algunos analistas bienpensantes afirman, la defensa de la soberanía no es un campo abonado para la derecha. La historia dice que la defensa de la soberanía formó parte de la construcción del estado soviético desde el momento de la guerra civil desatada por los blancos en nombre de las potencias imperiales de la época; de las luchas de la resistencia antifascista en España, en Italia, en Francia durante las guerras del pasado siglo; de los movimientos africanos y asiáticos anticoloniales y de liberación nacional, un, dos, tres mil Vietnams; de los movimentos populares que en América Latina disputan el poder después de la década pérdida de los ochenta. ¿derecho a decicir? Por supuesto. Pero reclamar, como hace la derecha supremacista catalana un derecho a decidir obediente a la UE y al euro es una gruesa contradicción. El derecho a decidir consiste en que el pueblo decida qué, cómo y para quién se produce, decidir si el dinero público debe rescatar bancos o garantizar los derechos a una educación y una salud que no pasen por la fortaleza de tu cuenta corriente, decidir que una empresa con beneficios como Alcoa no puede cerrar de sopetón sus fábricas en España dejando a 700 trabajadores en la calle, decidir si queremos fabricar armas y fragatas para Arabia Saudí o paneles solares para una industria sostenible, decidir, en suma, si queremos vivir para trabajar o trabajar para vivir.

Publicado en el Nº 320 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2018

En esta sección

Elisa y sus amig@sLo que nos indignaEl cáncer de los juegos de azarLa otra narrativaEn defensa del derecho a decidir

Del autor/a

En defensa del derecho a decidirSi nos movemos, cambiamos todoCarlos Vázquez: "'Caminando hacia el 27 de octubre' es un hito para la construcción de unidad popular"Enrique Santiago: “El acuerdo sobre los Presupuestos Generales del Estado (PGE) lleva la impronta de los colectivos en lucha y las víctimas de la crisis”Eddy Sánchez: "El congreso 'Pensar con Marx hoy' da munición para la práctica